LA CA NCIÓN #6

Los Ramones en Torreón

Los Ramones en Torreón
Los Ramones en Torreón Foto: Cortesía del autor

Ya no quería teclear sobre los Ramones porque parezco disco rayado. Pero la Rolling Stone gringa acaba de nombrar su disco homónimo el número uno en la lista The 100 Greatest Punk Albums of All Times. Por supuesto, la lista está mal. Suele suceder con estos recuentos. Porque no son todos los que están, faltan muchos, sobran un montón y los merecedores se encuentran mal ubicados. Siempre pasa por la subjetividad, en gustos se rompen madres. Por ejemplo, no sé qué hacen aquí Turnstile, Blink 182, Idles y L7. Sin embargo, pese a lo que cada quien opine, le atinaron al número uno. Además, confío en el criterio y la palabra del responsable, David Fricke. Aquí no hay falla ni discusión. Porque Ramones fue el disco que cambió al rock en los 70, una revolución honesta y divertida en 29 minutos producida por Craig Leon con seis mil dólares. El resultado los convirtió en el grupo americano más influyente cuya onda expansiva todavía empuja a las bandas emergentes. Antes de que pegaran The Damned (# 90 en la lista), los Sex Pistols (# 7) y The Clash (# 4) con su rock politicón, los Ramones ya habían invadido Inglaterra en 1976 para lanzar su mensaje con olor a pegamento: Hey Ho! Let’s Go!

LO CURIOSO ES QUE LA NOTICIA RAMONUDA me agarró en Torreón, ciudad que huele a carnita asada desde quete bajas del avión, donde tuve un encuentro cercano con este disco. Fui para conversar sobre biciletras y ciclismo a 38 grados bajo el sol con la doctora Lucila Navarrete Turrent en la FIL de Coahuila. Y de paso a comprobar la calidad de la carne y la frialdad de la cerveza en la ciudad que venció al desierto. Eran montañas de carne en gorditas, lonches, burritos, tacos, tortillones, cortes monumentales al carbón y ríos de cerveza helada. Pero lo más chingón es la calidad de los torreonenses. Al entrar en aquel edificio del centro alcancé a escuchar lo que sonaba en el cuarto piso: Ramones sacudía el departamento de Carlos con minimalismo puro y duro. En cuanto metí al refrigerador el doce de cervezas que armé tan solo a dos minutos de la ley seca dominguera, pasé a la tornamesa para darle otra vuelta al vinil antes de revisar la funda de esta edición. Arte por delante y por atrás: en la portada,la icónica fotografía de Roberta Bayley afuera del CBGB con el logotipo RAMONES en Franklin Gothic Heavy, hecho por su director de arte, el artista Arturo Vega; en la contra, el cinturón de Vega con la hebilla del escudo militar que creó para ellos.

El disco cumplió 50 años en abril. Aunque fue un fracaso de ventas, los seguidores siempre supimos de su innovación, dimensión y relevancia interior / exterior. Las canciones ásperas, veloces y melódicas que contiene, con sus letras escritas en algún lenguaje de cómic subterráneo, han inspirado a dos generaciones de chavos. Descubrirlos es una de las mejores cosas que te pueden ocurrir en la adolescencia, tanto como pedalear una bicicleta. Porque te acompañan todala vida, siempre están contigo para alivianarte. Justo por eso los Ramones son la energía que mueve mi bicicleta.


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