Nadie se habría sentido más orgulloso de que se le hubiera otorgado el Nobel de literatura a Bob Dylan que Allen Ginsberg.
De haber estado vivo, es muy probable que el bardo de Duluth le hubiera pedido que recibiera el galardón en su nombre.
Después de Walt Whitman y William Carlos Williams, el poeta estadunidense más influyente ha sido Ginsberg. Y su legado se puede identificar a través de las composiciones de Bob Dylan.

La función de Toño Rotuno
Desde la creación del rock, el pop inició un viaje hacia la poesía. Y a su vez la poesía inició un viaje hacia el pop. Pero en el principio de lo beatnik fue el jazz.
MIEMBRO FUNDACIONAL de la Generación Beat, hijo de Nueva York, homosexual y de raíces judías, Ginsberg sostuvo una intensa relación con la música. Lo mismo que Jack Kerouac y William Burroughs. Sin embargo, fue el primero en coquetear de manera franca con una carrera fuera de la literatura.
La admiración que Ginsberg suscitó en Dylan está ampliamente documentada. Y la historia habría sido distinta si se hubiera cumplido el capricho del poeta de Duluth de poner una foto suya junto a Allen en la portada de Blonde on Blonde. Por desgracia, la discográfica no lo permitió. Pero era un gesto de reconocimiento inestimable. Por aquel entonces Dylan aceptó que, gracias a la influencia de la literatura beat, en particular la poesía de Ginsberg y el espíritu carreteril de Kerouac, él había hecho posible su propia mitología.
LA POESÍA DE GINSBERG Y LA DE DYLAN SE ENTRECRUZAN. EL BEAT FUE ARRASTRADO POR EL CANTO DE SIRENA FOLK DE DYLAN
La prosodia bob de Kerouac quedó registrada en innumerables grabaciones leyendo su obra con acompañamiento musical. Pero quizá sea Poetry for the beat Generation, junto al jazzista Steve Allen, el documento sonoro más importante producido por beat alguno antes del final de los cincuentas. Como lo hizo en tantas ocasiones su ídolo Charly Parker, Jack se plantó en un club, y nada menos que el Village Vanguard, para recitar sus poemas ante una audiencia. Un gesto que no pasaría desapercibido para los otros beat. Quienes con el tiempo harían lo propio en otros géneros, Allen con el rock y Burroughs con el spoken word, el punk y hasta el rap.
El cambio que supuso la llegada de la contracultura en los sesentas fue abrazado por Ginsberg con la misma plenitud que Kerouac había reverenciado al jazz en la década anterior. Además de registrar su voz poética con piano y sax, Ginsberg hizo discos apoyado en el armonio. Al que regresó en varias ocasiones en su búsqueda por un sonido para sus inclinaciones budistas.
Ginsberg, al igual que Kerouac, inició en el blues. Ese blues palpitante de los músicos de rag, y de los jazzistas cool como Gerry Mulligan. Para después pegar el salto a la experimentación propia de los sesentas. En Songs of Innocence and Experience le puso música a la obra de William Blake teniendo como secuaz a nada menos que Don Cherry, uno de los trompetistas más avant gard de la era. El disco fue producido por Barry Miles, un autor británico experto en cultura beat y con un doctorado en Bob Dylan.
Pero quizá no haya testimonio más importante de la mayor poesía de Ginsberg que Howl. U.S.A del Kronos Quartet. Lanzado en 1996, un año antes del fallecimiento de Ginsberg, contiene el poema íntegro leído por su autor y acompañado por el cuarteto de cuerdas. Ginsberg ya había transitado los caminos del folk, del pop, del rock, del jazz, pero fue entonces que la música seria puso su empeño en su labor poética. La música clásica contemporánea también le rindió homenaje al poeta. Como lo haría Dylantres décadas antes.
Existe un momento identificable en que la poesía de Ginsberg y la de Dylan se entrecruzan. El beat fue arrastrado por el canto de sirena folk de Dylan. Como muchos pensadores y artistas de la época. Pero cuando el joven Zimmerman trasmutó de espécimen acústico a eléctrico trajo consigo también una revolución poética. Y quién estaba detrás de dicho cambio: Allen Ginsberg. El mismo Dylan lo aceptó en su momento. Y aunque con el tiempo la relación entre ambos se desgastó. Sin Aullido y sin Kadish la lírica de Dylan en Bringing It All Back Home, Highway 61 y Blonde on Blonde no sería la misma.
CUANDO DICHA REVOLUCIÓN SE PRODUJO, Dylan enmascaró su proceso compositivo de la manera más arbitraria posible: la asociación de imágenes y el juego del lenguaje, en el que era insuperable. Sin embargo, tales habilidades surgieron del estudio obsesivo de la respiración y el verso puesto en marcha por Ginsberg en Aullido. Una de sus frases más célebres, “el fantasma de la electricidad aulló en los huesos de su rostro”, suena a puro Ginsberg. “Santa la súper natural extra brillante inteligente bondad del alma”, había proclamado el poeta la década anterior, y nadie interpretó mejor el mensaje que otro judío, Robert Zimmerman, poeta, trovador y estrella de rock.
Dylan intentó devolverle el favor a Ginsberg. Y ambos hicieron varias grabaciones juntos. Para mala fortuna de Ginsberg, el disco nunca salió a la venta. Continúa enlatado. Quizá algún día la serie oficial de los bootlegs de Dylan saque algo del material. Sería un documento invaluable. La conjunción de dos universos poéticos irrepetibles. Hasta el momento, el único que puede presumir haber grabado un disco mano a mano con un Nobel de literatura es Johnny Cash.
La amistad entre Dylan y Ginsberg se fracturó, entre otros motivos, por la acusación hacia Ginsberg de sus intentos desesperados por convertirse en una estrella pop. Algo que estaba en el ADN de la generación beat. Sería finalmente Burroughs, al ser reverenciado por el movimiento punk quien se convertiría en una figura de culto para la escena musical undergound global.
Además del homenaje del Kronos Quartet, el momento musical cumbre del trabajo de Ginsberg fue gracias a Patti Smith, quien le hizo un tributo en su álbum Peace and Noise. Lanzado meses después de la muerte de Ginsberg, contiene el poema “Footnote to Howl” recitado por Patti y musicalizado por su banda. Nadie nunca ha capturado la esencia de Ginsberg de manera tan rotunda como Patti Smith. La encargada de recoger el Nobel de Dylan en 2016. Y aunque esto es pura especulación, es altamente probable que durante la ceremonia haya pensado más en Ginsberg que en cualquier otro poeta vivo o muerto.

Nélida Piñón. Hay que garantizar la ilusión

