Observador profesional, sociólogo y ciclista, transeúnte avispado, Hugo José Suárez tiene una inusual capacidad de asombro y hace gala, también, de un sensato realismo ante las calamidades que encuentra o, peor aún, que llega a padecer. Sociología crónica recoge una docena y media de relatos entrelazados por la decisión del autor para narrar y, así, explicar sus hallazgos.
El autor de este libro, con ojos y oídos siempre atentos, encuentra la modesta —y a veces molesta— trascendencia de lo cotidiano. Llevado por su “pasión por mirar y comprender” como dice él mismo, observa y narra para identificar “los signos de la calle”.
ANIMADO POR LA CURIOSIDAD, Suárez relata lo mismo una animada fiesta en Xalapa que el fantástico y surrealista Jardín James Edward en Xili-tla, San Luis Potosí (al que compara con la célebre casa de Claude Monet en Giverny, en Francia). De visita en Chicago, se planta frente a The Bean (El Frijol) la desafiante escultura de Anish Kapoor, también denominada La Puerta de las Nubes, y hace de ella una entusiasta descripción que lo involucra, reflejado en sus pulidas paredes. Pero en estas páginas el tema central es la Ciudad de México en donde vive y transita, sufre el intenso tráfico en el Periférico, las imprevisibles distancias que se recorren en esta metrópoli, el agobio que ocasionan los frecuentes bloqueos callejeros, pero también goza del tianguis que se instala cada semana cerca de su casa: “Mis ojos se llenan de imágenes, percibo muchos olores frescos y escucho frases que son lanzadas al aire en el acento mexicano más arraigado”.
En los momentos luminosos que contempla y experimenta, el cronista ofrece retratos de una ciudad intensa, diversa y entrañablemente habitable. Pero le tocan otros, de violencia y miedo.
La mejor de las crónicas de este libro es la del episodio más difícil que vivió Suárez cuando en 2017, en Morelos, fue secuestrado durante varias horas. Leí ese texto cuando se publicó hace algunos años en un sitio en línea y ahora volví a experimentar la indignación que suscitan la alevosía de los miserables delincuentes y la negligente incompetencia de las autoridades judiciales. Después de esta relectura, la crónica me parece todavía mejor.
Durante el secuestro que sufrió, lamentaba: “pienso en la policía de este pinche país, siento rabia, me estremezco”. Más tarde encuentra un ministerio público abarrotado de víctimas golpeadas, heridas y, en medio del barullo, considera: “Parece un túnel, México a oscuras”.
Este es un libro de crónicas. La crónica relata lo que ha ocurrido pero no sin matices, sino a partir de la intencional mirada del cronista. Su mérito radica en revelarnos los rasgos sobresalientes, o sobrecogedores, de la realidad que presencia.
Álvaro Ruiz Abreu, especialista en el género, sostiene: “La crónica es práctica cotidiana, trabajo literario, aspiración de muchos escritores que encuentran en ella la posibilidad de expresar lo que observan en la ciudad donde viven”. 1
“Crónica” se deriva del griego chrónos, que significa tiempo. La crónica registra el desarrollo cronológico de un hecho, o de una situación, pero en ella la manera de narrar tiene tanta relevancia como aquello que se narra.
EL TÍTULO DEL LIBRO SUGIERE OTRA PROVOCACIÓN. EL ADJETIVO ‘CRÓNICA’, ADEMÁS DE LA CONNOTACIÓN LITERARIA O NARRATIVA, SE PUEDE REFERIR A UNA DOLENCIA QUE VIENE DE TIEMPO ATRÁS
Por eso Carlos Monsiváis, cronista como pocos, consideró que se trata de una “reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde el empeño formal domina sobre las urgencias informativas”. 2
Entre el rigor para describir el hecho y la libertad para contarlo, la creación literaria es un puente generoso y útil. Hugo José Suárez escribe crónicas con vocación sociológica. Para ello, señala, tienen que cum-plirse tres condiciones: “la exigencia de observación, la necesidad de explicación, el placer de la narración”.
En el hermoso discurso que presentó al ingresar a la Academia Boliviana de la Lengua y que comienza recordando al niño que era cuando asesinaron a su padre, Suárez anticipa que desde pequeño aprendió “a usar las letras de la mano de las emociones”. Evidentemente, los de este libro son textos distintos y distantes de la rigidez habitual en la investigación académica. ¿Son sociología? Al llamarle Sociología crónica a esta recopilación de textos, Suárez subraya la búsqueda estilística y analítica que lo ha llevado a considerar que la crónica es un recurso de la sociología.
Pero el título del libro sugiere otra provocación. El adjetivo “crónica”, además de la connotación literaria o narrativa, se puede referir a una dolencia que viene de tiempo atrás, una enfermedad que no desaparece de manera fácil. Tenemos, de acuerdo con esa connotación, una sociología achacosa desde hace largo rato. El trabajo académico en ciencias sociales a menudo es ingrato, requiere mucho esfuerzo y no siempre obtiene la retroalimentación social ni el reconocimiento que sus autores quisieran tener. Pero frente a la sociología confinada a los papers y las disquisiciones de autoconsumo en los recintos académicos, los relatos de este libro, que amalgaman descripción y análisis, son revitalizadores.
NOTAS
1 Álvaro Ruiz Abreu (compilador), Así habla la crónica, UAM Xochimilco, 2007, pp. 11-12. 2 Carlos Monsiváis, A ustedes les consta. Antología de la crónica en México, Era, 1980, p. 13. Subrayado en el original.
El Cultural No. 556
