REDES NEURALES

Un caso de parafrenia

André Breton logró que se reeditaran algunas de las obras de Oskar Panizza. Foto: Fränkischer Tag

Al iniciar el siglo XX, un célebre neuropsiquiatra, Emil Kraepelin, elaboró una clasificación de las psicosis. Postuló dos grandes categorías: la demencia precoz, un trastorno que afectaba el pensamiento y las capacidades cognoscitivas, y la psicosis maniaco-depresiva, caracterizada por una alteración en la regulación del estado de ánimo. Algunos casos atípicos provocaron cambios en la clasificación, y aparecieron diagnósticos nuevos como la parafrenia. Uno de los casos atípicos corresponde a un médico y escritor con una influencia cultural inesperada. Ésta es la historia de Oskar Panizza.

El doctor Panizza realizaba su entrenamiento en psiquiatría en un prestigiado hospital de Munich. Mientras participaba en los estudios de neuropatología de Bernhard von Gudden, sintió que su propio cerebro era “cortado en rebanadas” y “observado al microscopio”. El advenimiento de la psicosis lo apartó de la medicina. Cuando renunció a su trabajo, estaba a cargo de 170 pacientes en el Asilo de Alta Baviera.

TRAS LA RENUNCIA ESTABA DEPRIMIDO y temía “volverse loco”. Su hermana había tenido dos intentos de suicidio, un tío padecía un delirio religioso crónico en el Asilo de Würzburg, y otro tío se suicidó con un arma de fuego. Oskar Panizza quiso dedicarse a la literatura, con el apoyo económico de su madre. A partir de 1885, publicó volúmenes de poesía, y obras como los Cuentos crepusculares, y Diario de un perro, en el espíritu de Edgar Allan Poe, con elementos fantásticos y expresionistas.

LA CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS MENTALES DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA AMERICANA HA ELIMINADO A LA PARAFRENIA COMO UNA CATEGORÍA DIAGNÓSTICA

Entre 1893 y 1894 publicó dos sátiras de la mitología cristiana, tituladas La inmaculada concepción de los papas, y El concilio del amor. Eran obras calificadas como “grotescas”, donde los personajes se llamaban Dios, Jesucristo y María. Fue acusado penalmente de pornografía y blasfemia. Su abogado alegó que era un caso de enfermedad mental, pero el argumento fue desestimado. “Declaro que soy ateo”, afirmó Oskar. Fue condenado a un año en prisión.

Tras cumplir su sentencia, renunció a la nacionalidad alemana y trabajó en Suiza como escritor y editor. En sus obras ridiculizó a la Iglesia, criticó las convenciones morales de la sociedad y los tabúes sexuales, y combatió al Estado autoritario de la era Guillermina. Se opuso al estudio de la psique humana mediante los métodos de las ciencias naturales: criticó la psicofísica de Fechner, la psicología fisiológica de Wundt, y la neurofisiología. En el plano metafísico, concebía al mundo como una alucinación perpetua: los seres humanos eran máquinas y marionetas, y el libre albedrío era una ilusión. Oskar Panizza fue deportado desde Suiza

En 1899, su escrito Parisjana contenía poemas dirigidos contra el emperador Guillermo II. Decía que el emperador lo perseguía, y decidió “combatirlo mediante las armas de la poesía”. Una orden internacional se emitió en su contra por cargos “de lesa majestad.” Oskar Panizza quedó en la ruina. En 1901, de regresó en Alemania, fue arrestado y sometido a una hospitalización psiquiátrica. Egresó unas semanas después, pero no recuperó plenamente sus capacidades mentales.

EN 1903 ESCRIBIÓ LA OBRA titulada Imperjalja, que expresa un delirio sistematizado: según el libro había una guerra secreta contra Guillermo II. Panizza era el centro de este conflicto. Las golondrinas desplegaban patrones de vuelo en su contra, y sus episodios de náusea y dolor abdominal se debían a un envenenamiento. El canto de las aves era en realidad el silbido de agentes imperiales. La mente maestra en esta lucha era el Kaiser Otto Bismarck, quien había fabricado incontables escándalos, como el de Jack el Destripador. Oskar experimentó lo que conocemos como el delirio de Capgras, así como alucinaciones visuales, auditivas, olfatorias y cenestésicas. Él mismo se diagnosticó un estado de disociación de la personalidad. Se internó de manera voluntaria en un hospital psiquiátrico de Munich, donde Kraepelin era jefe de las áreas clínicas.

Según Kraepelin, los sujetos con demencia precoz evolucionaban hacia el deterioro intelectual. Pero algunos pacientes con psicosis crónica eran capaces de mantener un funcionamiento adecuado de funciones cognitivas básicas como la memoria y el aprendizaje. En tales casos se diagnosticaba la paranoia, pero este trastorno consistía en un patrón crónico de ideas delirantes bien estructuradas de aspecto “realista”, como creer en la infidelidad de la pareja. Kraepelin observó que Oskar Panizza había desarrollado múltiples ideas delirantes sumamente extravagantes y poco realistas, aunque no cursaba con deterioro intelectual. Experimentaba alucinaciones acústicas, olfatorias y cenestésicas, algo infrecuente en la paranoia. Los pacientes como Oskar estaban mal representados en la clasificación psiquiátrica. Según el psiquiatra Jürgen L. Müller, Oskar Panizza se convirtió en “la personificación de las insuficiencias del sistema kraepeliniano”.

EN 1916, KRAEPELIN MODIFICÓ su clasificación para incluir una nueva categoría entre las psicosis crónicas. Ofreció una conferencia acerca de la parafrenia sistemática, y tomó el caso de Oskar Panizza como ejemplo. Incluyó a la parafrenia en la octava edición de su libro de texto, en 1921. Pero el día de hoy, la clasificación de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana ha eliminado a la parafrenia como una categoría diagnóstica. Esto nos obliga a pensar en la naturaleza transitoria de los conceptos médicos: los cambios suceden cuando hay un progreso científico, pero también como resultado de movimientos sociales y transformaciones en la cultura. Por ejemplo, la eliminación de la homosexualidad en el manual diagnóstico de la Asociación Psiquiátrica Americana se debió al avance de los derechos humanos en materia de sexo y género. ¿Eso significa que las categorías generales de la psicopatología no tienen validez alguna? Aunque las categorías evolucionan, nos permiten hacer investigación científica colectiva acerca de las causas, el pronóstico y el tratamiento de los trastornos.

En 1904, Oskar Panizza intentó suicidarse y fue arrestado por andar semidesnudo en la calle. Por insistencia de su madre fue declarado incapaz legalmente. Permaneció incapacitado y mantenido por su familia los últimos quince años de su vida. Su último poema se titulaba Un poeta que vivió en vano. Y una obra final, inacabada, se tituló El nacimiento de Dios, un ciclo mitológico en el sentido del curso del sol y la luna.

Murió en 1921, como consecuencia de un infarto cerebral. Sus libros fueron prohibidos, pero años después, Sigmund Freud consideró que El consejo del amor era “una obra de teatro sumamente revolucionaria”. Su obra fue revalorada por André Breton, padre del surrealismo, y sus libros fueron reeditados, traducidos, y llevados a proyectos de teatro y cine. Según Walter Benjamin, Panizza fue un “pintor herético de santos”. El caso sigue abierto para el análisis de las fronteras estéticas, morales y psiquiátricas.

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