Es abrumadora la multitud de millennials y centennials aspirantes a influencers y periodistas musicales. Hacen contenidos en las redes sociales y publican textos e imágenes generados con inteligencia artificial. Reels de un minuto, la voz y los visuales editados a una velocidad turbo-tacha, en los que te ametrallan con datos la reseña de un disco, grupo, artista, festival, hasta un género. Hechos para Instagram, Facebook y TikTok, con exceso de información y errores monumentales. Entre ellos hay quienes se lanzan al periodismo musical independiente o los que ya trabajan en un medio. Me preguntan qué opino acerca de los generadores de contenido y los periodistas que escriben para un algoritmo. No tengo mucho qué decir, pero sí recomendar Heterodoxias sonoras de México. Este libro puede evitar la actitud de servilismo ante la mafia del espectáculo, la de tomar el dictado y trabajar gratis para ellos a cambio de una acreditación, empeñando lo único que tienen: su palabra. Incluso perder la vida como Berenice Giles y Miguel Rojas. Y el desconocimiento general de la materia, la falta de investigación, redacción y verificación. Se entiende por la edad, no abren un libro ni de broma, salvo que sea de un influencer y ahora creen que la inteligencia artificial les hace el trabajo sin esfuerzo. Se ignora la historia básica, la cultura y el universo de la música. Al parecer todo está en línea, menos la experiencia, el estilo y el criterio.
HETERODOXIAS SONORAS DE MÉXICO (Gato Blanco / BUAP) fue orquestado por Ricardo Cartas y David Cortés. Conectaron a dieciséis colaboradores para subirse al rock mexicano y otros géneros desde distintas perspectivas, disciplinas y corrientes: la presencia fundamental femenina, el Tianguis del Chopo, el rock en el cine, los fanzines, los rupestres, la escena oscura, las mujeres y el punk, las morras diyeis y el techno bailable, las pioneras del rap nacional, las lenguas originarias en los géneros contemporáneos, los festivales musicales, el periodismo frente al contenido, la improvisación musical, el heavy metal y la literatura. En particular me latieron elde Federico Rubli Kaiser, “¿Cuándo y cómo el rock and roll perdió el roll?”; el de la diyei y productora Chispillatronik, “Lloramos como niñas, hablamos como mujeres”; el ensayo crítico de Alejandro González Castillo, “Del papel revolución a la revolución digital”; el análisis de Alejandro Cárdenas, “Superfestivales musicales y espacios públicos”; y la antología del Chopo que hace Toño Pantoja, “El espacio de la autogestión del rock”. Al final, la tripulación de Heterodoxias traza un mapa musical / cultural, ilustrado por Israel Briones, de las escenas y los movimientos artísticos, los medios —impresos, electrónicos, digitales—, los espectáculos, el entretenimiento, la creación y las distintas manifestaciones que han surgido y evolucionado con la música en México desde los 60 hasta hoy. Un candidato a libro de texto gratuito en secundaria, el compendio que le será muy útil a los futuros periodistas e influencers musicales.

El Cultural No. 556

