En un encontronazo sobre periodismo narrativo me aplicaron la clásica triple Nelson de autores favoritos. Esto depende del día y el humor, soy un licuado de lo que leo, pero el sabor varía. Por puro arco reflejo respondí que José Agustín, Jack Kerouac y Hunter S. Thompson. Por qué, inquirieron. La respuesta me cayó del cielo, ensarté a mis santos en una concisa y maciza: porque los tres hicieron música con las palabras, catalizaron el proceso con drogas y cambiaron la literatura y el periodismo para siempre.
JOSÉ AGUSTÍN ME ABRIÓ LAS PUERTAS de la percepción, el conocimiento y la contracultura. Quedé electrocutado desde la primera vez que leí La Nueva Música Clásica a los quince años. En el prólogo, “El que avisa no traiciona”, el Maestro narra el surgimiento de este libro experimental y advierte que tiene sus propias leyes porque se encuentra “lo más cerca posible del rock: rock escrito”. Esta idea se quedó tatuada en mi mente: ensayo + autobiografía + literatura. A continuación, nuestra Satánica Majestad procedió a rocanrolizar el lenguaje. Además de acelerar las letras mexicanas y llevarlas donde nadie, también le prendió fuego al periodismo musical a ritmo de Elvis, Chuck Berry, los Rolling Stones y los Doors. Sus letras transpiran marihuana, mezcalina, ácido en la playa y cigarros sin filtro. Siempre será el rey del rock escrito.
JOSÉ AGUSTÍN ME DIO EL AVENTÓN a los beats. Fue Kerouac quien escribió “La única verdad es la música” en la novela Desolation Angels. El genio de Lowell era un adicto musical, lo que siempre hacía era escribir jazz con palabras. Para lograrlo creó la narrativa espontánea a golpe de be bop y luego inventó su legendario rollo de papel, 136 metros de improvisación escritural sin pausas para cambiar la hoja. On the road puede leerse como una novela, como un gran solo de saxofón o como una crónica de viajes sonorizados por Charlie Parker, Dizzy Gillespie yThelonious Monk. Desde los 50 era pionero de la lectura y la palabra oral con jazz en vivo. Ahí están los discos Poetry for the Beat Generation, con el pianista Steve Allen, y Blues and Haikus con los saxofonistas Al Cohn y Zoot Sims. Benzedrina, marihuana, alcohol y pastel de manzana con helado de vainilla.
HUNTER S. THOMPSON creó la corriente del gonzo, el actor de la noticia, opuesto a todos los fundamentos periodísticos en los 60, incluido el Nuevo Periodismo. Era un escritor de altísimos vuelos, su periodismo personal también tiene sus propias leyes y su base es musical. En la entrevista con P. J. O’Rourke, incluida en Antigua Sabiduría Gonzo, Thompson dijo: “Veo la escritura realmente como música. Y básicamente veo mi obra como música. Por eso me gusta oír cuando la leen en voz alta”. Al doctor lo colocaban el folk, el rock, el jazz y el blues de Bob Dylan, Grateful Dead, los Rolling Stones, Miles Davis, Howlin’Wolf y su gran amigo, Warren Zevon. Su dieta básica era célebre: alcohol, cocaína, marihuana, ácidos y sus famosos cigarros con boquilla Dunhill. Entonces creo que soy ondero, beatnik y gonzo.

Guerra de verano, de Alicia Scherson

