FILO LUMINOSO

El día de la revelación, de Steven Spielberg

Emily Blunt encarna a la meteoróloga Margaret Fairchild en una tensa secuencia de suspenso. Foto: Cortesía del autor

Tan gratificante como irrelevante, tan excitante como redundante: el muy esperado retorno de Steven Spielberg a los encuentros cercanos, extraterrestres y conspiraciones siniestras, El día de la revelación, es una expresión de lo mejor y lo peor de su cine. En casi dos horas y media el director de obras tan diversas como Tiburón (1975), El imperio del sol (1987), La lista de Schindler (1993) y A.I. Inteligencia artificial (2001), construye una historia de persecuciones con una trama predecible y un manejo demasiado convencional de la acción, que sin embargo resulta cinematográficamente intensa, fluida y eufórica. Spielberg ha elaborado una summa filosófica, teológica, terapéutica y celebratoria de sus obsesiones liberadas en la que entreteje referencias a la cultura pop y suburbana para construir un universo de pasmo, tensión y humor al que imprime vértigo con el trabajo de talentosos colaboradores de muchos años: el fotógrafo extraordinario Janusz Kaminski, el compositor grandilocuente John Williams y la editora virtuosa Sarah Bosnar (que viene a reemplazar al veteranísimo Michael Kahn).

La oscura y poderosa corporación Wardex resguarda los secretos que han sido ocultados a la humanidad por 79 años (paradójicamente la edad de Spielberg). El líder de esta agencia es un cruel y elegante Noah Scanlon (Colin Firth), quien está dispuesto a todo con tal de eliminar cualquier amenaza a la seguridad de estos misterios. No obstante, el hacker y experto en ciberseguridad Daniel Kellner (Josh O’Connor) ha logrado burlarlo y robarle una prodigiosa colección de evidencias de visitas extraterrestres (que parten del multicitado incidente de Roswell, Nuevo México, de 1947), así como un dispositivo de origen extraterrestre con poderes increíbles. Para capturar a Daniel, Scanlon utiliza a su novia, Jane Blankenship (Eve Hewson), una ex novicia cuya fe la hace vulnerable a su poder. El antagonista de Scanlon es un paternal Hugo Wakefield (Colman Domingo), que fue su colega pero ahora pelean por el derecho del público a la información. Entretanto, la meteoróloga de un canal de televisión de Kansas City, Margaret Fairchild (Emily Blunt), tiene un extraño encuentro con un pájaro y adquiere la capacidad de leer mentes, sentir el dolor ajeno y hablar todos los idiomas. Su superpoder es la empatía.

LA SECUENCIA INICIAL DE LUCHA LIBRE trata deliberadamente de desorientar, crear una imagen grotesca de un mundo violento, vulgar y caótico. De ahí la trama se desarrolla en cuatro líneas convergentes. Mientras Daniel sigue las indicaciones de Hugo, Margaret siente el inevitable deseo de buscar algo que no sabe qué es, como el protagonista de Encuentros cercanos del tercer tipo. El contexto de la historia, creada por Spielberg y escrita por David Koepp, es que el mundo está al borde de una guerra mundial. Pero esa amenaza nuclear se mantiene como insinuación de incertidumbre en las pantallas. En 2005 Spielberg filmó una adaptación de La guerra de los mundos de H.G. Wells, que reflejaba la angustia de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Ese ataque extraterrestre ha dado un giro en dos décadas a un encuentro interplanetario pacífico que promete elevarnos espiritualmente y salvarnos de nosotros mismos. Lo sorprendente es que entre los videos de la revelación abundan documentos que muestran cómo se interroga, tortura, asesina y se hace vivisección a visitantes del espacio. Si esto no provoca una invasión armada de la Tierra es de imaginar que estos seres están por encima de la venganza y el odio. Cuentan con la “Empatía como ventaja evolutiva”, como señala Hugo.

La narrativa de Spielberg se desliza del terreno de lo sobrenatural y lo místico hacia lo estrictamente religioso, con un marcado énfasis en el catolicismo. Su intención es crear un relato de reconexión empática entre los seres humanos en una época de diluvio desinformativo y chatarra generada por la inteligencia artificial. Se trata de una reivindicación del poder de las imágenes, de la posibilidad de que a través de ellas la sociedad tenga una comunión y acceso a ese concepto tan extraño y escurridizo ahora que es la verdad. Así su cinta se asume como una catedral cuyas imágenes instruyen hacia la salvación. Las preguntas que hace la cinta son: ¿qué sucedería si de pronto se supiera sin lugar a duda que no estamos solos en el universo?, ¿cómo afectaría nuestras relaciones, el orden mundial, nuestra concepción cósmica y las religiones? El optimismo de Spielberg consiste en creer que todo saldrá bien.

Spielberg utiliza el contraste entre Daniel, el genio matemático, enajenado y socialmente inepto y Margaret, una persona vivaz, curiosa y ambiciosa que se convierte en una esponja universal de emociones. Recae en la dualidad de lo cerebral y lo afectivo la responsabilidad de redimir a la especie al confrontarla con una verdad imposible de ignorar. Este antagonismo recuerda aquel entre un padre carente de emociones y una madre demasiado sensible que está presente en la historia personal del director, como lo muestra en Los Fabelmans (2022).

UNO DE LOS ELEMENTOS MÁS INQUIETANTES del filme es la construcción de una escenografía, en medio de la tensión y confrontación entre los dos grupos que luchan por la verdad. La casa de la infancia de Margaret debe crear la catarsis necesaria para que recupere las memorias reprimidas y liberarse del trauma para poder cumplir su destino. Este guiño cinematográfico entrelaza la trama con la carrera de Spielberg y enfatiza la fe en el poder redentor del cine para despertar consciencias, mejor que cientos de testimonios en video.

Daniel es un informante que recuerda a Julian Assange, Chelsea Manning y Edward Snowden, quienes por su valor fueron desacreditados, perseguidos y perdieron su libertad. Sus aportaciones fueron de tremenda importancia pero eventualmente esas revelaciones fueron sepultadas e ignoradas. En una época de genocidio en Gaza, de guerras de agresión en Ucrania, Irán, Congo y Líbano, en la que hemos tenido acceso a diluvios de imágenes de atrocidades mientras el mundo permanece silencioso y cómplice, queda claro que ni las verdades más portentosas tendrán impacto en la humanidad.

LA NARRATIVA DE SPIELBERG SE DESLIZA DEL TERRENO DELO SOBRENATURAL Y LO MÍSTICO HACIA LO ESTRICTAMENTE RELIGIOSO, CON UN MARCADO ÉNFASIS EN EL CATOLICISMO

Spielberg propone la falacia ingenua de que los noticieros televisivos aún tienen poder de cohesionar y viralizar. Su paranoia no se enfoca en el gobierno sino en contratistas imaginarios que combaten a valerosos rebeldes de la información. Al retomar una colección de mitos pop desacreditados y presentarlos con absoluta solemnidad, Spielberg tiene una actitud a la vez irónica y desafiante. En especial porque la cinta coincide con nuevas revelaciones totalmente desilusionantes de Ovnis y UAPs (fenómenos anómalos no identificados) que en vez de hallazgos tan sólo afirman la máxima de Carl Sagan: “Afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria”. La cinta concluye con la palabra “Escuchen”. En un tiempo de engaños, crueldad y corrupción sin precedentes, se antoja que culminara diciendo “Cuestionen”.


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