LA CANCIÓN #6

Los Esquizitos en Rockotitlán

Los Esquizitos en Rockotitlán Foto: Cortesía del autor

Sólo puedo arrancar esta columna con “La Motosierra de Henry”, el motor sónico de Los Esquizitos en el flamante Rockotitlán. Acá en su rancho de neón urgía que nos conectaran la corriente de un espacio para el rocanrol, dado que el último antro rockero que tuvimos se llamaba Satélite Rocks allá por los 80 o el Andy Bridges en los 90. Aparte del estoico Film Club Café, donde a veces se arman las tocadas, esto era un páramo. Pues tuvimos el honor de que reabriera su puerta la legendaria incubadora de huevos rancheros del rock mexicano entre los 80 y los 90, nada menos que frente a Plaza Satélite. Me había reservado el derecho de lanzarme hasta que tocara una banda de mi calibre y el sábado aconteció con Los Esquizitos, el mejor grupo de rock nacional. Es temerario afirmar eso, pero no tan temerario como el cuarteto del surf profundo chilango tocando junto a las torres de Barragán.

Aunque a algunos les arda, aquí las cosas se dicen al chile molcajeteado: el Rockotitlán está chingón. Qué alivio ir a un lugar donde respetan la música y el personal. Lo insólito es que se oye bien. Es cómodo, hay dos niveles, una barra de combustible y un escenario con muy buena vista arriba, abajo o de ladito, como decía mi abuelito. Sólo quitaría las mesas que están cerca para poder bailar. Al fin alguien logró evitar que se sobrecaliente el horno, luego se suda como baño maría. Por cierto, los baños están relucientes, firmar es un placer. Ya sé que son observaciones de don, pero como dijo Carlos, estábamos en el mero Ruckotitlán reloaded con una administración rejuvenecida y sin las mañas de antes. Un espacio barrido para el grupo que vi nacer en 1994, alternando con Sweet Leaf, en El Ágora de Insurgentes Surf. Y otra vez, tocaron como nunca y loquearon como siempre.

ES LA BANDA ORIGINAL DE CUATRO: Brisa, Üili, Nacho y Alex, con 32 años de kilometraje, más corridos y colmilludos. Fueron los resucitadores del surf, el garage y el psychobilly en los 90, pero en sus cuatro discos y once sencillos le meten a todo: punk, reggae, metal, jazz, tropical, rockabilly, country, psicodelia, noise y sus desvaríos sonoros.

También se refinan tributos y estupendos covers que desarman para construir nuevas versiones de los Cramps, Ramones, Pixies, Talking Heads y Roky Erickson. Nada de eso faltó, se reventaron veinticinco canciones con sus respectivas improvisaciones. Desde sus clásicos atrabancados hasta sus nuevas rolas “De Egipto a Memphis”, “La Fiesta Inolvidable” y “Té de Datura”. En “El Planeta Sexual”, a falta de pista, un ramillete de bellezas espontáneas tomó por asalto el escenario para bailar a go-gó. Y en “Santo Llamando a Lunave” tocó turno a los canallas metidos en sus máscaras de luchadores, Los Esquizitos quedaron rodeados de rudos y técnicos ejecutando sus mejores pasos de baile.

Siguen siendo los divertidos que se la pasan echando desmadre y manteniendo el sentido del humor políticamente incorrecto. Por esto y por luchones del rock megasónico que concluyó con la “Polka de Brayan”, son mi grupo favorito.

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