Tepito no sólo es el reino de la piratería, las micheladas y los sonideros. Alberga también algunos de los mejores tacos de Ciudad Godínez. Lo sé, lo último que imaginabas es que el Barrio Bravo se erigiera como uno de los destinos gastronómicos más simpáticos del mundo. Y qué crees, lo mejor del baile es que hemos corrido con suerte, gracias al Dios de los cronistas he logrado escapar de ese calamitoso maleficio llamado Estrella Michelín.
Para cualquier habitante del barrio no es ninguna novedad. Pero para los turistas y gordos profesionales es un bufet que está a nuestro alcance sólo los domingos. El día que Tepito recibe a los visitantes con mansedad. El aura de peligro transmuta en hospitalidad indulgente y la gente puede transitar tranquila, sin miedo. Al Barrio Bravo puedes ir de visita por diferentes motivos. Para comprar ropa, tenis, lentes, mota, juguetes sexuales, etcétera. Y para agarrar la fiesta, por supuesto. Para mamarte con kittichelas. Pero ya una vez ahí, nunca hay que desaprovechar la oportunidad para atascarse de tacos.
Si vas a Tepito tienes que ir con mucha hambre. Con el estómago vacío. Y de ser posible sin haber cenado la noche anterior. Para poder dejarte caer. Si eres de esos que con dos tacos llenan, este tour no es para ti. Regla de oro: nunca molestes al taquero pidiéndole un solo taco. Qué es esa mamada de “pa probar”. Hay que pedirle un duque. Un par de jodido. Para que valga la pena la molestia. La ventaja es que tienes todo el día para andar caminando. Bueno, de once de la mañana hasta las cinco en que recogen el tianguis. Tiempo suficiente. Después de un rato de paseo, los tacos se bajan y estás listo para los que siguen.
SI VAS A TEPITO TIENES QUE IR CON MUCHA HAMBRE. CON EL ESTÓMAGO VACÍO. Y DE SER POSIBLE SIN HABER CENADO LA NOCHE ANTERIOR
No existe mejor manera de hacerle la guerra al taco gentrificado que consumiendo el callejero. Qué es esa mamada de galletas Crumbl. No le llegan ni a los talones a mis poderosísimas Príncipe Resses. En Tepis la onda es la misma. El precio no hace al taco. Esta es la enseñanza más profunda que te deja el barrio. Y sí, es verdad, hay tacos que se hacen con rib eye premium, qué chiste, en todo caso te pides un pinche corte. La cuestión es andar de mamador. Pero bueno, ya pasará el hype. Ya pondrán los foodies el ojo en otra cosa y dejarán al taco en paz. Y entonces volverá a ser el rey de la democracia. Y cuando eso pase, no se olviden de Tepito, una de sus máximas capitales.
Cochinita
En el Barrio Bravo hay varios puntos de venta de cochinita. No las he probado todas. No he podido superar ésta. Se encuentra en la esquina de Comonfort y López Rayón. Así que este recorrido técnicamente empieza en La Lagunilla. No soy un catador de cochinita de oficio, sin embargo, es de mis favoritas. Obvio, nunca va a saber igual que en un restaurante de comida yucateca, pero ubícate, tampoco la Guinness sabe como en Irlanda. Venden de maciza, de maciza con cuero (mi preferido) y de barriga. Doble tortilla. Es, como debe ser toda cochinita, adictiva. Y la tentación de tragarte seis tacos es poderosa, pero hay que reservarse. También venden tortas. No sé en qué se diferencia de las cochinitas del mundo la que preparan aquí, en su sabor. No es la tradicional, no. Es más un taco de carnitas glorificado, pero en el buen sentido. Y eso es suficiente para robarte el cricoso corazón. 26 pesitos.
Hígado
Le daría el premio de segundo lugar a los tacos Ramírez Moranchel. Si no te gusta el hígado, mátate, teté. Un absoluto manjar. Si yo cayera en coma un día y despertara veinte años después, lo primero que pediría sería un taco de hígado encebollado. Un par de tiktokers los han sacado en sus redes, pero lo que no dicen en sus videos es que: 1) contrario a lo que la gente se imagina, el hígado de estos tacos es sumamente limpio. Es de verdad admirable la dedicación que le ponen a su producto. 2) el olor, oh dios, cómo huele. Es evidente que lo curan con algunas yerbas. El hígado tiene mala fama porque no le han dado el golpe al de Ramírez Moranchel. Es una orgía para la nariz. Y 3) es suave de una manera que no puedo explicar. No creo que utilicen ese truco de remojarlo en leche, la técnica es otra. Y es ciencia pura. Están bastante llenadores. Doble tortilla. Nada más de acordarme me rugieron las tripas. 12 pesitos.
Cabeza
Caminando entre puestos me topé con unas mesas. El local dice tacos Chuy. Venden de suadero y longaniza, pero un lado del negocio está consagrado al taco de cabeza. Madre mía, tantos años de andar por el barrio y yo nunca los había probado. Así pasa, hay tanto que nunca te alcanza el tiempo para descubrirlo todo. Perdón, Dios de los cronistas, por mis pecados. Ahora sé, los han hypeado en la Ruta de la Garnacha, pero nunca veo recomendaciones de comida. Muerto Bourdain, no le creo a nadie. Y pues no hay nada como descubrir unos tacos por tu propio pie, aunque te lleve eones. Me pedí dos de ojo y uno de trompa. Son pequeñitos de doble tortilla, pero si he de ser justo debo describirlos como un arponazo de heroína. Está más que claro que el orgasmo y el amor se quedan muy abajo en la escala. De estos sí te puedes atrancar cuatro. 15 pesitos. 15 PESITOS.
Tripa
Unos clásicos, pero nunca pierdo la oportunidad de limpiarme el paladar en Tripas Ramiro. Después de lo anterior, requiero un poco de purificación. Aquí no hay falla. Es garantía. No diré que es la mejor tripa de la ciudad, pero está más que decente. Te la sirven picadita, pero no híper. Y hay, como en muchas partes, blanda y bien dorada. El local siempre está hasta la madre. A veces hay que comer de pie, pero no le hace. Yo siempre me pido uno y uno. Para con eso cerrar. Cuál es la diferencia, me preguntarán con otros tacos de tripa de la ciudad. Existe, lo sé. Al principio no lo sentí, pero después de varias visitas noté que su sabor es particular. Buen sabor, evidentemente. Pero todavía no logro identificar la causa. Quizá me hacen falta más visitas para desentrañar el misterio. Lo que sí, es que hay taquerías que te expulsan y otras en las que te entran ganas de volver. Y en Ramiro pasa lo segundo. Siempre vas a regresar. 33 pesitos.
Mención especial
Las salsas. Están matonas. Por cuestiones de espacio no me puedo explayar. Pero que quede como tema para otra columna. Salsas benditas, salsas malditas que me tienen todo jodido el estómago, cuánto las amo.
Diario púrpura. El enano y yo
