EL CORRIDO DEL ETERNO RETORNO

John Coltrane: Un centenario supremo

John Coltrane: Un centenario supremo Foto: Cortesía del autor

Alos quince o dieciséis descubrí a Trane.

Me cambió la vida.

Para siempre.

Profunda, irreversiblemente.

Entonces yo trabajaba en una tienda de discos. Y mi vida está circunscrita al rock.

No recuerdo dónde leí que The Doors se habían inspirado en “My Favorite Things” para componer “Light My Fire”. Como todo arqueólogo de la música que se respete, decidí darle play a la pieza.

No entendí nada.

Pero a diferencia de otros discos que escuché y abandoné por aquella época, la intriga me hacía regresar a él. Sin embargo, por mucho que me esforzaba, no lograba brincarme la barda. Era un lenguaje situado más allá de mi comprensión. Una tarde, en la que me quedé lo suficientemente solo para concentrarme en la escucha del disco, sin distracciones de ningún tipo, por octava o novena vez, me prendí un toque. Qué diferencia, fellas. Bendita mota, me destapó los oídos. No sólo sintonicé, sino que gocé el robustecimiento de la música. Fue tan catatónico como descubrir el sexo, como descubrir la droga. A partir de ese día, me enamoré de Coltrane.

Estaba tan enfermo, que llegué a conformar una colección de cd’s originales de más de cincuenta títulos. Y me prometí a mí mismo que mi primer tatuaje sería una ilustración del saxofonista. My Favorite Things era apenas la punta del tren, como dice la raza. Detrás venía una monstruosa discografía que me dediqué a explorar en los años posteriores. Navegué entre sus etapas: hard bob, be bob, modal, free jazz. Entre sus distintos sellos: Prestige, Atlantic, Blue Note, Impulse. Entre sus distintas formaciones: El cuarteto, quinteto y sexteto, et al. En sus colaboraciones con otros titanes: Miles Davis, Thelonious Monk, Archie Shepp, Pharoah Sanders, Eric Dolphy, Don Cherry. Y por su lado menos salvaje, ese que está conformado por tres enormes joyas del sentimental mood.

EN POCAS PALABRAS, JOHN COLTRANE se convirtió en mi universo. Y otros jazzistas, obvio. En particular Miles Davis. Pero la lista es larga, así que no mencionaré más, si un día quieren organizamos una escucha de viniles con cheves. Fue la etapa de mi vida en que escuché menos rock. Estaba tan endiosado con Trane que no me entraba nada más. Y eso para un punk como yo, son palabras mayores. Pero no era para menos, en la música de Trane lo encontré todo. Lo único que quería era que el mundo se quedara afuera y me dejara a solas con mi obsesión.

COLTRANE ES FAMOSO POR SER UN SALVAJE DEL SAXOFÓN, LO CUAL LE ATRAJO MUCHAS CRÍTICAS. LO ACUSABAN DE NO PODER SER EMOCIONAL

Después del encontronazo inicial, cayó en mis manos uno de los discos que más adoro: Crescent. La impresión que me había causado My Favorite Things se vio superada. Aquello ya no era jazz. Era puto Trane. De su etapa para Impulse, Crescent me parece un trabajo mayor incluso que A Love Supreme. Lo cual puedo debatir con quien guste. Al final, Impulse es la era que más disfruto de su trabajo. Trane llegó allí después de transitar los estilos entonces conocidos y llevarlos a un terreno antes inexplorado. En Impulse, Trane se refundió en el free, pero luego experimentó con la música hindú y la africana. Fue ahí también donde reformuló el american song book. Su versión de “Greensleeves” se convirtió en una nueva Biblia del standar. Literal, no dejaba títere con cabeza. De dónde sacó Trane el afán de la experimentación. De su maestro: Miles Davis. Quien siendo prácticamente un mocoso lo puso a tocar en la banda nada menos que del músico de jazz más legendario de todos los tiempos: Charlie Parker.

Como músico de jazz de la primera mitad del siglo XX, Coltrane también cayó en la heroína. Pero después de que Miles lo corriera de su banda, se reformó. En la última etapa de su vida simpatizó con la idea de volverse musulmán, pero se mantuvo en una especie de eclecticismo religioso. Era católico de crianza. De ahí el eje que dio origen a A Love Supreme, la suite que le dedicó al creador. Sus años en la heroína le causaran severas lesiones hepáticas, que fueron la causa de su muerte a los cuarenta años. Falleció en 1967, dos años antes que Jack Kerouac, quien fue su heredero más grande en el mundo de la literatura. Nadie inspiró tanto al autor de On The Road como Coltrane. Tal vez sólo Neal Cassady. En cuanto a sus herederos musicales, se cuentan por montones. Para empezar su propia familia. Su esposa Alice, de apellido McLeod cuando soltera, y sus hijos Ravi, Oran y Coltrane Jr. (muerto en 1982 en un accidente automovilístico).

COLTRANE ES FAMOSO POR SER un salvaje del saxofón, lo cual le atrajo muchas críticas. Lo acusaban de no poder ser emocional. Trane le cayó la boca a medio mundo con esa especie de trilogía que conforman Ballads, In a Sentimental Mood (junto a Duke Ellington) y John Coltrane and Johnny Hartman. Discos que me han acompañado por décadas y a los que regreso una y otra vez. Así como Giant Steps o Blue Train. Pero también disfruto a rabiar su trabajo junto a Red Garland, en especial The Last Train. Su versión de “Come Rain or Come Shine” es ideal para cortarte las venas y morir desangrado en la bañera. Me atrevería a recomendar este disco aquellos que no conocen a Trane y quiere iniciarse en su música.

Pero Coltrane no habría sido el monstruo que fue si no se hubiera rodeado del personal indicado. Es sabido, su momento cumbre (Crescent, A Love Supreme, Ballads, In a Sentimental Mood, John Coltrane & Johnny Hartman) fue acompañado por tres secuaces hechos a su medida: McCoy Tyner al piano, Jimmy Garrison al contrabajo y, sobre todo, Elvin Jones a la batería. Sin exagerar, el mejor baterista de la historia. Por encima de sus colegas de género y sí, de mi otro dios Keith Moon y del tercer lugar llamado John Bonham.

El pasado 23 de septiembre John Coltrane cumplió cien años de haber poblado la música con la tierra. Y no puedo sino sentirme exultante por el gran regalo que me hizo la vida de poder coincidir el sonido de su saxofón. Imagínense que hubiera nacido hace un par de siglos. Probablemente me estaría chorreando con Antonin Dvořák, jajajajaja. ¿Que si Coltrane es el jazzista más grande que ha existido? Algunas veces me despierto y lo creo. Pero en otras mañanas concluyo que es Miles. Y en otras más, creo que el mejor jazzista que ha pisado este planeta se llama Kind of Blue (allí donde Miles y Coltrane confluyen como un animal mitológico de dos cabezas).

Nunca me tatué el dibujo de Coltrane. Pero creo que ha llegado el momento de hacerlo.


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