Cronos y la invención del black metal

Cronos y la invención del black metal Foto: Cortesía del autor

Cronos abandonó esta dimensión a los 63 años. Su muerte le pone fin a Venom, el trío inglés de metal extremo que resucitó una y otra vez desde su formación en Newcastle. Escucharlos me transportó como demonio a la secundaria, Welcome to Hell era la frontera del metal más atascado, tóxico y maligno que pudiera escucharse. Al heavy metal se le atribuyen muchos padres, pero una sola madre: Black Sabbath. Junto a su contraparte gringa, el quinteto psicodélico-progresivo Coven, introdujeron el satanismo, la brujería y el ocultismo al rock a finales de los 60. Pero fue Conrad “Cronos” Lant, compositor, bajista y cantante, quien bautizó al subgénero y le puso nombre en su segundo disco: Black Metal.

La atracción de Venom no era tanto su infierno sonoro, sino el peligro de escucharlos. La mente maestra era Cronos, su bajo y su voz sonaban apocalípticos, la formación legendaria fue con el guitarrista Jeffrey “Mantas” Dunn y el baterista Anthony “Abaddon” Bray en 1980. Metieron en los amplificadores a Black Sabbath con Judas Priest a la velocidad de Motörhead, los agitaron con un bajísimo presupuesto, una bajísima fidelidad y una voz furiosa imprecando. Era casi un demo, pero terminó siendo el canon del black metal en Noruega, Suecia y Finlandia, donde los metaleros quemaban iglesias y se esforzaban por sonar así, sucios, rotos y malditos. Venom ocupó el trono del mal, antes de que empezaran sus cambios en 1986. El único miembro constante era Cronos, salvo dos veces: cuando arrancó su carrera solista y el accidente que sufrió escalando en 2001. Se rompió el cuello. Con todo y su personaje demoniaco, era un deportista disciplinado. Levantaba pesas y, como el satanista Aleister Crowley, practicaba deportes de montaña.

Esa caída lo puso en pausa dos años, durante los que se especializó en computación y programación de videojuegos. Luego jaló en dos empresas multimedia, K-Class Systems y Global Fibre TV, pioneras en la fabricación de componentes para los primeros equipos de streaming. Pero el llamado del rock puso en circulación a Venom otra vez en 2003, con más pleitos, cambios de formación y un total de 16 discos, 10 Eps, 5 grabaciones en vivo y 17 recopilaciones. En su invención, también influyeron al thrash metal gringo, dándole una vuelta de tuerca a la llamada nueva ola británica del heavy metal.

Cuando uno es chavito cree que los metaleros como Cronos viven en catacumbas infernales y comen niños recién nacidos. Al final resultan ser más conservadores y capitalistas que la famosa tía panista. Venom terminó enfrentado contra el otro Venom Inc., entre demandas e insultos de Abbadon y Mantas contra Cronos —el que creó y diseñó todo—, por el nombre, el logotipo del cabrón en el pentagrama, los visuales satánicos de las portadas y los derechos de las canciones. Podrá ser material muy maligno, pero gracias a los fans y a la mercadotecnia adquirió un valor comercial capaz de exorcizar cualquier principio o valor. En funk, el titán del black metal será inmortal en su música.

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