Los japoneses de Toe nos dejaron a los miles de asistentes con la boca abierta. Tenerlos a pocos metros de distancia fue idéntico a cuando vi por primera vez en YouTube RGBDVD, un concierto en blanco y negro que grabaron en el club UNIT de su ciudad natal, Tokio. Espero que no pase tanto tiempo para que regresen. Digo esto porque comenzaron a tocar en el año 2000 y jamás habían visitado nuestro país hasta el pasado domingo 20 de septiembre, cuando cerraron su gira latinoamericana en la Ciudad de México bajo la lluvia, con sus seguidores fastidiados por aguardar un buen rato en la calle.
A pesar de que Orbe, venue donde fue el concierto, estuvo sold out y pintaba para ser de lo más introspectivo, resultó ser un sitio incómodo, con olor a moho y hasta peligroso: no había buena iluminación, nadie del personal daba indicaciones, era fácil romperte un tobillo por los escalones que hay por todos lados y, al momento de salir, daba la sensación de estar en hora pico en el metro chilango. No obstante, esa extraña experiencia hizo que el concierto fuera inolvidable, para bien o para mal. Además, llegué a pensar que el lugar —en cuanto entré me pareció una bodega abandonada— recién había sido okupado por unos anarquistas, cosa que terminó por darle intimidad y nostalgia a quienes años atrás asistíamos a toquines de punk en la Okupa Che en Ciudad Universitaria o en el Chanti Ollin, alguna vez ubicado sobre Circuito Interior, en la colonia Cuauhtémoc.
EL IMPECABLE SHOW DE LOS JAPONESES duró más de una hora y media, dando cátedra y afirmando que son lo mejor que existe dentro del math-rock, género que destaca por su complejidad rítmica que fusiona con elementos del jazz y del emo de los noventa. Este último subgénero del hardcore hoy está muy de moda gracias a agrupaciones como American Football, que lo han llevado a festivales comerciales como el Corona Capital. De hecho, creo que, finalmente, de frente a Toe y sin ninguna pantalla de por medio, sentí lo mismo que cuando escuché su álbum The Book About My Idle Plot on a Vague Anxiety allá por 2006.

Diversa Cultural
DEJAN EN CLARO QUE VIENEN DEL PUNK, QUE POR SU SANGRE CORRE EL IDEAL DO IT YOURSELF (DIY), QUE NO HABRÍAN EXISTIDO SIN HABER TOCADO ANTES EN GRUPOS HARDCOREROS DE JAPÓNY QUE EL UNDERGROUND ES SU AURA
Desde que entré con mis amigos a Orbe pensamos que habría problemas con el audio, pero el sonido no falló. De principio a fin, tema tras tema, sin importar que no tocaron mi favorito, “I Dance Alone”, la emoción que provenía del diminuto escenario —con una geometría extraña que lo hacía estar pegado a una pared y que no benefició a los fans colocados del otro lado— era tal que resultaba imposible no estar al borde del llanto. Los integrantes de Toe, serios y por momentos locos, poseídos por Majin Buu, transmitían el verdadero significado de tocar con pasión.
Sobre la avenida Insurgentes, justo donde se encuentra el metrobús Altavista,no resultó raro encontrarme con caras conocidas de distintas escenas musicales, así como con otros jubilados del hardcore a los que Toe les hizo interesarse en otras cuestiones artísticas. Igualmente fue sorpresivo ver a una nueva generación clavada con una banda tan peculiar como lo han sido estos tipos desde sus comienzos. Algo que valoro es que dejan en claro que vienen del punk —uno de sus logos inspirados en los míticos CRASS lo confirma—, que por su sangre corre el ideal Do It Yourself (DIY), que no habrían existido sin haber tocado antes en grupos hardcoreros de Japón y que el underground es su aura. De hecho, la carta que leyó en español una de sus fans me confirmó que evolucionar está bien: transmitió que se debe hacer lo que a uno le gusta, le paguen o no; que la agrupación está en contra de las guerras, la violencia y el poder político, y que su música, además de no tener fronteras, la hacen —y la harán mientras puedan— para que la tristeza que uno carga desaparezca.
Según un regiomontano, otro jubilado del hardcore, su plan era llegar a eso de las seis de la tarde a Río San Ángel 89, en la colonia Guadalupe Inn para situarse hasta adelante en el concierto. Su sorpresa, tal vez porque esperaba que no fuera un show totalmente lleno, fue encontrarse con que un veracruzano y un cancunense eran los primeros de la fila; ambos habían llegado al sur de la Ciudad de México a la una de la tarde. Creo que suena loco porque se trata de una banda que en realidad no es pop, ya que la mayoría de sus canciones son instrumentales. Sin embargo, la ventaja que tuvieron este par de fans al llegar tan temprano, es que Orbe se localiza justo enfrente de Plaza Inn, que conserva una vibra noventera donde tenían la opción de acudir al baño o comprar comida.
La presentación de Toe también estuvo acompañada de onomatopeyas por los constantes “¡SHHH!”, lanzados cada vez que algunos se emocionaban en las partes más explosivas de sus temas, mientras otros intentaban permanecer en un estado zen, aun cuando el guitarrista y vocalista, Yamazaki Hirokazu, y el baterista Takashi Kashikura, en su fase más alta de saiyajines, gritaban intempestivamente para liberarse. Lo que confirmó “Goodbye”, hermosa canción con la que cerraron porque “todo el mundo en general tiene manías”.

El Cultural No. 573

