El documental NAZA, de Rachel Szor y Yuval Abraham no revela nada nuevo, en gran medida todo lo que se discute y muestra ahí ya había sido publicado en varios medios, particularmente en la revista +972 en inglés y Local Call en hebreo, así como en el periódico británico The Guardian. Lo mostrado en el anterior filme codirigido por Abraham, No Other Land tampoco era nuevo. La maquinaria de la ocupación, destrucción, expulsión, limpieza étnica, terrorismo de Estado, asesinato masivo y deshumanización de la población palestina ha sido expuesta en numerosas ocasiones a lo largo de décadas a diversos públicos por una variedad de medios. El más reciente episodio de la opresión de este pueblo, que comienza con el ataque de militantes palestinos el 7 de octubre de 2023, desde Gaza en contra de cuarteles, kibutz y un concierto, dio lugar a una brutal campaña de venganza, exterminio sistemático y limpieza étnica.
La palabra NAZA (Nezek Agavi) en el lenguaje militar israelí se refiere al número de civiles que pueden ser asesinados como daño colateral en cada ataque. 5 NAZA significa que pueden asesinar a cinco inocentes junto al blanco. Un oficial comenta haber arrasado un edificio con 500 personas por un solo sospechoso: 500 NAZA. Al emplear ese título —que, incluso, resuena ominosamente con Gaza—, Szor y Abraham anuncian que su enfoque está en la destrucción deliberada de personas inocentes o que no son el objetivo a aniquilar con bombas. Los cineastas muestran algunos mecanismos utilizados para desintegrar barrios completos, asesinando a más de 70 mil personas —además de miles más sepultados bajo los escombros—. La cinta está filmada en azoteas de Tel Aviv —apenas a unos 70 kilómetros de Gaza—, donde Abraham conversa con 24 militares de inteligencia, con el rostro cubierto y la voz distorsionada. Los informantes corren el riesgo de ser víctimas de la ley por divulgar secretos militares, así como los cineastas han sido objeto de acoso, amenazas de muerte, de ser enviados a la cárcel o despojados de su nacionalidad.
LA CÁMARA QUE FILMA las entrevistas se desvía regularmente para mostrar a través de las ventanas de los edificios la vida apacible de los israelíes en la cotidianidad, de las familias que comen, se ejercitan o ven la televisión. Este voyerismo es un reflejo de la incesante, total y omnividente vigilancia israelí. A su vez, estas tomas muestran en las pantallas domésticas a periodistas, comentaristas y políticos justificando las acciones del ejército de ocupación, las políticas de exterminio y la permanente victimización, así como la instigación de odio. Asimismo, se muestra el Ministerio de Defensa, situado en el corazón de la ciudad, usando a la población como escudo humano, acusación que hacen siempre a los palestinos.

Diversa Cultural
Los entrevistados describen los procedimientos técnicos, algunos hacen dibujos y otros guardan silencio ante el cuestionamiento. Varios presumen orgullosos sus acciones, otros tienen momentos de duda, hay quienes al parecer sólo quieren confesar. A la pregunta: ¿Tú crees que esto es un genocidio? Uno responde: “Sí, totalmente”. Otro señala: “No hay muchos blancos militares en Gaza, pero hay miles de casas”. “Borramos la historia”, dice uno que cuenta haber destruido álbumes de fotos y libros escolares. Un oficial oyó a una madre gritando desesperada mientras sus hijas ardían. Otro recuerda niños asesinados sin motivo que fueron devorados por los perros. Y aun así un militar dice que hay muchas cosas de las que no puede hablar.
Los testimonios documentan el uso de tecnologías que permiten elegir a quién matar, desde el espionaje masivo en tiempo real que se realiza mediante las líneas telefónicas hasta dos softwares de los que Abraham ha escrito con anterioridad: Lavender —programa de Inteligencia Artificial [IA] que etiqueta a los blancos posibles de Hamás— y Here’s Daddy —sistema de rastreo de IA que coordina ataques cuando los presuntos miembros de Hamás regresan a casa para aniquilarlos con su familia—. Este último reconoce palabras claves en las conversaciones telefónicas y mensajes de los hijos y esposas para lanzar ataques. El ejército del estado de apartheid israelí sigue manteniendo a Gaza cerrada a la prensa internacional, sin embargo Google Maps actualizó sus imágenes satelitales y es más fácil que nunca ver el borrado sistemático de más del 80% de las construcciones de la franja. Este es uno de los domicidios —destrucción masiva de hogares con la intención de impedir que los pobladores vuelvan— más extensos de la historia moderna.
GOOGLE MAPS ACTUALIZÓ SUS IMÁGENES Y ES MÁS FÁCIL QUE NUNCAVER EL BORRADODE MÁS DEL 80% DE LAS CONSTRUCCIONES DE LA FRANJA
EL FILME NO ES UNA LECCIÓN de historia, sin embargo, como contexto añaden material de archivo del establecimiento de Tel Aviv en 1909, al norte de la ciudad palestina de Jaffa —cuya población en su mayoría huyó a Gaza durante la primera Nakba—, y la demolición de construcciones en una tierra donde la propaganda sionista asegura que no vivía nadie. Se muestra la instalación por israelíes de los primeros sistemas telefónicos en los territorios palestinos que desde entonces eran vulnerables a ser monitoreados y usados para la vigilancia. Hoy sistemas de visualización y destrucción remota permiten una cruel “gamificación” de la muerte, como si se tratara de un juego de video. Estas estrategias son responsables del número de niños asesinados (21 mil 700) y heridos (45 mil, buena parte con mutilaciones) en tan sólo tres años.
Szor y Abraham muestran que la destrucción de la población civil no es un accidente ni un contratiempo ni una consecuencia de la “guerra”, sino que siempre fue el objetivo principal de este castigo colectivo. El tono frío y antiséptico del documental tan sólo cambia hacia el final, cuando vemos una pequeña muestra de la devastación de Gaza, de la agonía de los sobrevivientes y los cuerpos atrapados y desgarrados entre las ruinas.
Así como los sionistas y sus defensores han atacado a la película por ser antisemita, periodismo no balanceado y propaganda anti-Israel, algunos defensores de los derechos palestinos también la han atacado porque al ser obra de cineastas israelíes ha recibido reconocimiento en festivales de cine en el mundo —a mí me tocó verla en el de Nueva York— con largas ovaciones, entrevistas y un fenómeno mediático, mientras que los periodistas palestinos que vienen reportando estas atrocidades desde hace años han sido ignorados, acusados de ser “terroristas” y asesinados por centenares. Los detractores acusan a los realizadores de querer rozarse con la élite fílmica, de mercantilizar la tragedia palestina como entretenimiento y de blanquear el “sionismo moderado”. NAZA sigue el modelo de las películas —desde el western hasta películas bélicas de Hollywood— en las que los agresores son los sujetos de la historia y las víctimas son masas anónimas. De cualquier manera, con un enorme riesgo personal, Szor y Abraham crearon un testimonio fundamental que, a diferencia de muchos otros documentales parecidos, quizá pueda tener un impacto amplio.
A partir de noviembre, NAZA estará en línea gratuitamente.

El Cultural No. 573

