¿Para qué volver a los clásicos?, quizá para reconocer qué nos hace humanos. Leer literatura clásica nos permite identificar los conflictos, necesidades y saberes imperecederos. Gracias a esa mirada, fuera del tiempo, nos asomamos a lo universal, a lo inagotable.
George Eliot vivió en una sociedad que leyó con admiración y avidez su obra, pero que también la repudió por su forma de vivir. Apartarse de las convenciones de su época tuvo un costo, pero también le dio distancia para mirar desde otro lugar y, por experiencia propia, saber: no basta la introspección para conocernos, es en los actos donde se revela quiénes somos.
Mary Ann Evans, conocida como George Eliot, asumió con valentía una libertad poco común para las mujeres de la Inglaterra del siglo XIX. Las estructuras de la sociedad victoriana imponían límites a sus deseos, trabajo y vida íntima. En cualquier tiempo pensar y vivir con libertad tiene un costo, para Eliot lo tuvo. Virginia Woolf lo supo desde sus batallas, admiró el trabajo de George Eliot como la osadía de: “[…] una mujer que ha tenido su lucha y salido de ella con un deseo profundo de ser útil a los demás […]”, con una “[…] inteligencia demasiado fuerte para manipular esa realidad y un humor demasiado amplio para mitigar la verdad porque era dura.”

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GEORGE ELIOT, MARY ANN EVANS, examinó de forma minuciosa cómo se articulan los impulsos humanos. En sus novelas más famosas, Middlemarch. Un estudio de la vida de provincias y El molino de Floss se presentan con detalle los procesos internos de cualquier persona, sin importar su condición social u origen. Así, logra sensibilizarnos para percibir cómo las decisiones, incluso las de apariencia insignificante, son hilos con los que se teje una trama donde todos somos parte de la urdimbre. En su obra los actos cotidianos de cada persona tienen un impacto moral, material y social en la comunidad, con consecuencias insospechadas.
La técnica narrativa de George Eliot es envolvente. Domina el diálogo interior, esa complejidad donde la coherencia es frágil y quebradiza. Examina los intersticios de la percepción y nos sumerge en el suspenso. Su prosa es ágil, no pesa en ella el paso del tiempo.Sus ensayos, cuentos y poesía quedaron a la sombra del éxito de sus novelas publicadas por entregas. Conquistó el interés del público general y de la crítica. Entre sus admiradores estuvo la Reina Victoria. La Royal Collection describe un ejemplar de Adam Bede, propiedad de la reina, con una inscripción donde ella señala haber iniciado su lectura en Balmoral, en septiembre de 1859 y concluirla en octubre de ese mismo año en Windsor. Hizo anotaciones al margen, donde se revela el impacto que le causó la historia.
Mary Ann Evans decidió firmar como GeorgeEliot en un tiempo cuando escritoras ya aparecían con nombre y apellido en la portada de sus libros. Lo hizo porque no se tomaba en serio la literatura escrita por mujeres, la consideraba un género menor, además porque le permitía separar su obra de su vida privada. Quiso ganar la atención de los lectores por el mérito de su trabajo y alejarlos de los prejuicios desde donde se juzgó su intimidad.
George Eliot nació en 1819 en una familia de clase media rural y murió en 1880. A su padre le pareció que Mary Ann tenía poca belleza física y eso le dificultaría lograr un buen matrimonio. Para asegurarle un futuro le brindó la mejor educación. Aprendió idiomas, ciencia, teología, y frecuentó bibliotecas, cuando eran espacios vedados a mujeres. Eliot se convirtió en editora, periodista y escritora, ganaba su propio dinero. Al ejercer esos oficios conoció a su primer compañero de vida: George Henry Lewes, filósofo, científico y periodista.
GEORGE HENRY ERA UN HOMBRE CASADO. Su esposa y él tenían tiempo de no vivir juntos. Incluso ella compartía casa con otro hombre y tenía hijos con él. Pero la condena a Mary Ann Evans, por tener una relación con un hombre casado, fue inapelable, pero eso no la doblegó. Usó el nombre de su compañero de vida, por más de veinte años, como parte de su seudónimo. Para los demás fines firmaba como si estuviera casada: Marian Lewes.
Para George Eliot el arte y la escritura no eran ni diversión ni ornamento: “El mayor beneficio que debemos al artista, ya sea pintor, poeta o novelista, es la ampliación de nuestra capacidad de empatía”. Por eso inventó personajes que pueden romper los límites de nuestra experiencia para abrirnos así a la vida interior de los demás y permitirnos comprenderla. Su manera de narrar disloca las ataduras morales para cuestionar nuestras certezas. Acercarnos a su obra obliga a reconocer las contradicciones inherentes a los actos humanos. Revelar los recovecos de la psique humana la convirtió en un clásico de la literatura universal.
Nadie conocía al admirado George Eliot, algunos atribuyeron el seudónimo al periodista Joseph Liggins, quien aceptó la atribución. Ante ese hecho Eliot reveló su identidad. Su obra ya gozaba de amplio reconocimiento entre sus pares, Charles Dickens alabó su maestría. La polémica fue inevitable, el círculo literario se dividió a favor y en contra de la escritora, pero las opiniones negativas no mermaron su fama y gusto por su literatura.
NADIE CONOCÍA AL ADMIRADO GEORGE ELIOT, ALGUNOS ATRIBUYERON EL SEUDÓNIMO AL PERIODISTA JOSEPH LIGGINS, QUIEN ACEPTÓ LA ATRIBUCIÓN. ANTE ESE HECHO ELIOT REVELÓ SU IDENTIDAD
Leer hoy a George Eliot nos permite entender por qué es tan difícil resolver nuestras tensiones internas. Sólo al enfrentamos a la realidad, a través de decisiones, las ideas adquieren consistencia. Los actos abren la brecha para comprendernos a nosotros mismos y a los demás.

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