Artaud o el retorno de Spinetta

En 1973, el asistente a un concierto ofrecido por el músico Luis Alberto Spinetta registró la presentación
en una grabadora sencilla. Se trataba del estreno del disco Artaud, concebido por el argentino
como una respuesta a la zozobra que le produjo la obra del escritor francés Antonin Artaud. Y, más que eso,
propuso el álbum como un signo que exponía su búsqueda musical. El reciente lanzamiento en streaming
de aquella grabación dispara este análisis sobre su rol como bisagra en la historia del rock en nuestro idioma.

Luis Alberto Spinetta
Luis Alberto Spinetta, 1974.Fuente: es.wikipedia.org
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El bootleg1 oficial del concierto de Luis Alberto Spinetta en el Teatro Astral en 1973, recién lanzado en plataformas de streaming, registra un momento clave en la trayectoria del argentino: la aparición de Artaud como gesto ético y estético.

LOS HIPPIES SE DIVIERTEN

—No sé si esto les gusta. Además, en dado caso, no me interesa.

—¡Tocá!

—Claro... por ejemplo, eso. Miren, no es que yo lo niegue. Creo que ningún músico niega...

—¡Cortala!

—Claro, sí, yo lo corto enseguida, cuando termine el recital, paro.

—¡Cortala, cantá! (...)

—No, no lo voy a cortar. Lo voy a cortar cuando me vaya.

(Aplausos).

—Porque no se escucha, es una cosa, viste, que... No sé, ¿por qué no contratan un equipo de voces para traer para gritar a los recitales? Así tienen el mismo volumen que los conjuntos.

(Gritos y silbidos).

—Muchachos, en cualquier momento tienen que tirar algo. Estoy esperándolo, eh. Bueno.

(Más gritos).

(Hace voz de relator de televisión). Y así es como los hippies se divierten...

Es un diálogo irrisorio, suerte de happening. En octubre de 1973, Spinetta presentaba su nuevo disco, Artaud, en el Teatro Astral de Buenos Aires. Fue un gesto lleno de performances: ese público recibió una especie de manifiesto contra el anquilosamiento del rock local; el show inició con escenas de El gabinete del Dr. Caligari y Un perro andaluz musicalizadas con tracks del recién estrenado The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, más temas de Jimi Hendrix.

El diálogo de arriba podría haberse perdido, pero en la fila diez del teatro, un joven alzó al aire una pequeña grabadora. “A lo mejor estaba en el lugar exacto, porque suena muy bien. Me pasé el show prácticamente sin respirar, con el microfonito para arriba”, le contó Eduardo Avelleira a la Rolling Stone argentina. Era un joven seguidor de Spinetta, hoy es catedrático de la Universidad de Lanús.

Esa cinta monaural se perdió por más de treinta años, hasta que en una mudanza Avelleira la vio y pudo digitalizarla. El registro sirvió de base a la familia de Spinetta para editar Teatro Astral. Presentación Artaud 1973 (en vivo), un bootleg oficial que apareció en las plataformas de streaming el pasado 26 de junio, y que se une a los otros lanzamientos póstumos del Flaco, luego de su partida en 2012.

El Teatro Astral podría ser el Newport personal de Luis Alberto, pero a diferencia de Dylan, quien se plantó con descargas eléctricas frente a un público folkie que lo tachó de “Judas”, Spinetta trataba de esbozar un discurso artístico renovado frente al blues duro y la simpleza de los años de Pescado Rabioso. Y la relación con ese público era festiva, aunque tensa. Los diálogos con la audiencia bien podrían ser la verdadera magia de este bootleg. Un Spinetta ya héroe de fogón (“Muchacha ojos de papel”), adueñándose de una poética y de un manifiesto artístico. La conquista sonora ligada al jazz tardaría un poco más en llegar, con la era de su banda Invisible.

¿Qué queda de aquel Artaud que no
quería ser sólo un disco sino un acto cultural y lo repetía desde su tapa? 

EN SPINETTALAND

¿Cómo es escuchar a Spinetta en la era del ruido en redes sociales? ¿Es la poética del meme una respuesta contra el nuevo teatro del absurdo de la saturación digital?

El diálogo con la obra del francés de Antonin Artaud fue clave para concebir Artaud como un gesto artístico: “El disco fue una respuesta —insignificante tal vez— al sufrimiento que te acarrea leer sus obras”, dijo el Flaco en su momento a El Periodista.

La idea del álbum era exponer la posibilidad de un antídoto contra lo que opinó Artaud. Quien lo haya leído no puede evadirse de una cuota de desesperación. Para él la respuesta del hombre es la locura; para Lennon es el amor. Yo creo más en el encuentro de la perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que mediante la locura y el sufrimiento [...] Los músicos de rock somos tipos muy desorientados. Hemos involucrado mucho a nuestro sistema neurológico y hemos aprendido muy poco de la historia reciente. Pero hay algo claro: no podemos jugar a ser Artaud.

Corte a: un meme se publica el pasado 10 de agosto en Luisn’t (Captain Beto) Spinetta Albaposting, grupo de Facebook dedicado al shitposting,2 en este caso sobre la mitología spinettiana. Es la figura de un hombre sentado en la mesa de un restaurante vacío; la frase del meme: “¿Otra vez estuviste escuchando Artaud todo el día?”. Los comentarios no podrían ser mejores: “Cuando de niño te dieron el aura misma de su cuerpo”; “Y las muñecas tan sangrantes están de escuchar el aura misma de las habladurías del mundo”; “Creo que no puedo despertarme sin amar”. Todas, frases de Artaud.

“PESCADO ERA YO”

Trazar la carrera de Luis Alberto Spinetta es siempre complejo. El Flaco nunca dejó de plantear el formato grupo como carta de presentación, fachada tras la que siempre manejaba los hilos creativos.

“¿Vieron? Pescado era yo”, fue la respuesta casual al hecho de que Artaud tuvo que salir bajo el nombre de la banda Pescado Rabioso por un tema legal con la disquera, a pesar de que el álbum es técnicamente un disco solista, con apenas la participación de su hermano Gustavo Spinetta, más Rodolfo García y Emilio del Guercio, que aparecen como músicos de sesión.

Un texto en el insert del disco lo deja más que claro: “Pescado Rabioso es una idea musical creada en 1971 por Luis Alberto Spinetta. A través de esta idea, tocaron en grabaciones y actuaciones los siguientes: Juan Carlos Amaya, Osvaldo Frascino, Carlos Miguel Cutaia y Oscar Lebón. Los músicos que aparecen en este disco sólo están ligados a la idea de Pescado Rabioso por las circunstancias de la grabación y a expreso pedido de Luis Alberto Spinetta”.

El músico inició su trayectoria musical en 1967, annus mirabilis del rock mundial, al que Argentina no fue ajena. De ese año es “La balsa” de Los Gatos, tema fundacional y mito a la vez (está la socorrida historia de Lito Nebbia y Tanguito escribiéndola en el baño del bar La Perla de Once). Para 1969, un jovencísimo Spinetta ya se había dado el lujo de anotar un hit latinoamericano en voz de Leonardo Favio (“Para saber cómo es la soledad”), pero el verdadero acontecimiento cultural lo representó el primer disco, homónimo, de la banda Almendra, ayer disco vanguardista de un cuarteto de hippies del barrio de Belgrano, hoy clásico del cancionero popular argentino.

Almendra como banda no pudo concretar sus pretensiones de grandeza. Una esperada ópera rock se quedó en el tintero. Dream is Over. Luego del disco Almendra II, el giro estaba indicado hacia el blues duro. Y tras un viaje a Francia y el lanzamiento de un disco solista por cuestiones de contrato (Spinettalandia y sus amigos), la semilla estaba puesta para una nueva banda: Pescado Rabioso.

“Yo quería hacer un grupo más violento, una música aún más violenta que el segundo disco de Almendra... Con Pescado intenté romper la ternura y el eje sensible de Almendra”, dijo una vez el Flaco. Desatormentándonos (1972) abre con todo un statement: “Atado a mi destino / sus ojos al final olvidaré”, le canta en “Blues de Cris” no sólo a aquella “Muchacha ojos de papel”, sino a toda una generación de Amor y Paz. Adiós al idealismo que representaron los años sesenta. Algunos singles de Pescado no podrían ser más explícitos, como éste: “Me gusta ese tajo / que ayer conocí / ella me calienta / la quiero invitar a dormir”.

Desatormentándonos y Pescado 2 son discos clásicos del blues-rock argentino. Su influencia va incluso más allá. El pasado enero la prensa musical argentina despertó extasiada con la noticia de que Eminem había sampleado un riff de “Ámame Peteribí” (de Pescado 2) en el tema “Stepdad”, de su disco Music To Be Murdered By. Y el extraño dibujo del pescado que Luis Alberto dibujó para la portada sigue apareciendo en más remeras (camisetas) que el payaso triste de la tapa del primer disco de Almendra.

Luego de Pescado 2, la banda dejó de significar algo para los músicos que rodeaban a Luis Alberto, inmerso como estaba en sus búsquedas literarias, artísticas y sonoras. Carlos Cutaia, David Lebón y Juan Carlos “Black” Amaya (la última formación) lo fueron dejando solo. “Se sintió abandonado porque quería seguir tocando con Pescado, y me dijo que no iba a tocar nunca más conmigo”, dijo Amaya. “Cuando escuché Artaud me quería matar”.

Luis Alberto SpinettaFoto: Especial

LOS DISCOS ETERNOS

Spinetta murió el 8 de febrero de 2012. Según sus hijos Dante y Catalina, sus cenizas se esparcieron en el Río de la Plata, en el Parque de la Memoria, cerca de su barrio del Bajo Belgrano, a unos metros del Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, que recuerda a los desaparecidos por las dictaduras.

A ocho años de su partida, su legado sigue fresco en el imaginario y la conciencia argentinas. En 2015 apareció Los Amigo, producto de sus últimas sesiones de grabación. En este 2020 también se editó Ya no mires atrás, un conjunto de grabaciones encontradas en una vieja memoria USB. La bibliografía sobre el Flaco es copiosa, desde libros, biografías y entrevistas hasta textos académicos. Canciones como “Ana no duerme” y “El anillo del capitán Beto” han sido publicadas como textos ilustrados para niños.

Spinetta y contemporáneos suyos (ya miembros de una especie de aristocracia del rock porteño) mostraron en los setenta que en América Latina era posible hacer rock con una inteligencia sonora y lírica no sólo al nivel de la música anglosajona, sino también aportando sus preocupaciones estéticas, sociales y políticas. Quizá era producto de una clase media bien formada, obsesionada en mirar hacia Europa, pero sin dejar de concebir ideas a la criolla. No es de extrañar que conceptos como rock nacional tengan un significado clave de la cultura argentina. “Siempre soñar, nunca creer”.

HOJARASCA Y AURA

A más de medio siglo de haber aparecido, Artaud mantiene el estatus de tótem en la música iberoamericana. La Rolling Stone local lo canonizó como el mejor disco del rock argentino de la historia en sus ediciones de 2007 y 2013. ¿Qué magia radica en los apenas nueve tracks editados por Talent / Microfón en octubre de 1973?

El golpe empieza por la portada casi monocromática (“¿acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos de la muerte?”), el minúsculo retrato de Antonin Artaud y el formato de la portada con una figura octogonal irregular. Fue una decisión radical que trajo problemas comerciales. “Las tiendas de discos nos querían matar porque no sabían cómo exhibirlo”, dijo el diseñador, Juan Gatti. Hoy, el costo de las primeras ediciones del LP —en Mercado Libre— supera el sueldo mensual de un profesional en Buenos Aires.

El disco contiene temas clave del cancionero spinettiano (“Todas las hojas son del viento”, “Cementerio club”, “Bajan”), pero también tracks oscuros y a la vez cristalinos: la libre asociación de “Por”, el torrente evocador de “La sed verdadera”, y el tour de force de “Cantata de puentes amarillos”. Al escucharlo con los oídos latinoamericanos de 1973, la extrañísima música de Artaud, que bordea los límites de la psicodelia, el folk y el blues-rock, suena como de otro planeta, mientras su lírica retumba en hallazgos a años luz de lo que habría podido esbozar siquiera la canción de autor latina en sus momentos más temerarios.

“¿Qué queda de aquel Artaud que no quería ser sólo un disco sino un acto cultural liberador y lo repetía desde la molestia de su tapa? ¿Sólo grandes canciones? Más: un aura de algo irrepetible”, escribió Pablo Schanton en su repaso por el disco en el especial de los cien mejores discos argentinos en Rolling Stone. “El aura de una forma de hacer y ser rock más directa, más artística, más artesanal y menos masiva que ya no existe desde 1982. O sea, un ayer mejor: todo lo contrario de lo que el álbum quería enseñarnos en 1973”.

Así, la voz del Flaco en diálogo con su público en el Teatro Astral de 1973 se reafirma como documento, luz y aura:

Sé que la gente me quiere, sé que ustedes me quieren, que hay mucha gente más que ustedes que también me quiere, aunque esté con un trío, con un cuarteto, con una balalaika, con un gato maullando. Por eso mismo, para ese público que me quiere, que no siempre es el público que grita y dice tonterías en los recitales, justamente... es que nosotros tratamos de hacer algo más, aunque haya sido de alguna manera precario. Esto no equivale a que ustedes tienen que hacer algo equivalente por mí. Creo que hacen mucho más por mí que lo que yo hago por ustedes. Y de ahí resulta todo.

Notas

1 Grabación clandestina.

2 Publicación de memes de baja calidad, actividad devenida en subcultura que tributa toda clase de tópicos culturales.

JOSÉ JUAN ZAPATA PACHECO (Torreón, 1984) es periodista. Trabaja como editor en el medio digital de música La Zona Sucia, además de ser editor de contenidos en Amonite y productor de accesibilidad audiovisual para la televisión en Argentina.