Diversa Cultural

Diversa Cultural
Diversa CulturalFotos: Paolobon140/wikimedia, Indy100, Edicions Poncianes y Los cafés históricos
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ABEJAS

Hacía casi dos semanas que no tenía noticias de Beckett. Empezaba a pensar que ya no me necesitaba. Finalmente, mi teléfono sonó después del almuerzo. Por una vez, estaba en casa ese día. Beckett me pidió que me reuniera con él en el techo de su edificio. Yo todavía estaba en piyama, sumergido en mis libros de antropología y mis notas. Me duché y vestí y corrí para alcanzar el autobús 38. 

En el último piso, una puerta da a una escalera de caracol, angosta y rechinante, que lleva al techo. Este, de zinc cubierto de huellas de óxido, es liso y ancho. Las buhardillas nos protegían del viento. Debe de ser un lugar ideal para meditar: desde él se tiene una bella vista de París. El color del cielo era azul ultramar y el sol brillaba sin agresividad. Beckett llevaba un mono blanco y una máscara de apicultor. Me señaló con el dedo mi uniforme. Me lo puse. Parecíamos astronautas. Las seis colmenas formaban una calle en medio del techo. Me adelanté. Beckett sacó un panal de una colmena. Centenares de abejas se paseaban sobre él. Algunas volaban y se posaban sobre nosotros. Beckett me acercó el panal para que pudiese observarlo. La miel centelleaba.

“Necesito abejas para recordar que las cosas maravillosas son posibles.”

Había comprado esas colmenas ocho años atrás, en un momento en que atravesaba un período depresivo. Ocuparse de otra cosa que no fueran sus escritos y sus angustias lo había sacado de la astenia. La apicultura se había convertido en una ética.

“Debemos estar a la altura de las abejas.

Ser alquimistas y hacer nuestra propia miel.” […] 

Martin Page, La apicultura según Samuel Beckett, trad. Horacio Pons, Edhasa, 2015.

FRÍO

A veces, aunque parezca absurdo, las experiencias más dolorosas de la vida pueden dejarnos fríos. Y puede que actuemos de manera un poco mecánica. La poeta Emily Dickinson lo describió como “un sentimiento formal”: el corazón parece rígido y distante, nuestros sentimientos son cautelosos y ceremoniosos. “Es la hora del plomo”, escribió Dickinson. Pero la poeta también nos tranquiliza: es pasajero. Primero aparece el “frío”, escribió, “luego el aturdimiento, después el dejarse ir”. 

Tiffany Watt Smith, Atlas de las emociones humanas, trad. Jara Diotima Sánchez Benassar, Blackie Books, 2022.

La poeta Emily DickinsonFoto: Edicions Poncianes

EL CAFÉ DE NADIE

Un café histórico, literario y artístico desaparecido de la década de los años veinte del siglo pasado fue el Café de Europa en la [Avenida Jalisco 100] hoy avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma de la capital mexicana. En sus salas se reunían los “estridentistas” que, al igual que los dadaístas y los surrealistas en Europa, habían nacido de la reacción suscitada por la Guerra del 14, y en América eran el resultado de la posrevolución mexicana. Las reuniones en el Café de Europa, que pasó a llamarse el Café de Nadie, dieron motivo a que lo inmortalizara el escritor Arqueles Vela en una novela que, publicada en 1925, lleva el mismo nombre. […] Basta leer algunos pasajes para quedar seducido por el íntimo encanto de lo vetusto: “todo se esconde y se patina, en su atmósfera alquimista, de una realidad retrospectiva. Las mesas, las sillas, los clientes, están como bajo la neblina del tiempo, encapotados de silencio”. […] Testimonio de la aventura estridentista es el cuadro de Ramón Alva de la Canal titulado Café de Nadie [véase ilustración arriba]. 

Antonio Bonet Correa, Los cafés históricos, Cátedra, 2012.   

El café de nadieFoto: Los cafés históricos

PADRE

[… Cheever] sigue soltando comentarios hirientes sobre los psicólogos y psiquiatras, con sus incómodas sonrisas, su aire de infinita condescendencia, su insistencia en hacer una tempestad incluso de sus sueños más inocentes. Después llega el momento de abordar la figura del padre. Recuerda a Frederick sénior amenazando con ahogarse en un parque de atracciones de Nagasaki; lo recuerda disparando a su hijo primogénito con una pistola cargada que guardaba en el cajón de los pañuelos. Recuerda cómo lo sacó de la escuela un día sin previo aviso para ir a la feria de Brockton y ver las carreras de caballos. Su padre hacía apuestas ilegales bajo las gradas y probablemente ganaba; solía hacerlo. Recuerda cómo soplaba en el cuello de su mujer: recuerda su sensualidad y el exceso de romanticismo en su forma de expresarse. “Oh, qué carga de luz sostiene esa telaraña” exclamó en una ocasión. Sintiendo, o sólo quizá buscando, afinidad, su hijo añade: “Era su estilo, y también el mío”. 

Olivia Laing, El viaje a Echo Spring. Por qué beben los escritores, trad. Núria de la Rosa, Ático de los libros, 2016.

ENVEJECER

Por supuesto, era evidente que algún día llegaría el siglo xxi (a no ser que ocurriera algo) y que para entonces yo habría rebasado la cincuentena, pero, de joven imaginarme a mí mismo con esa edad me costaba tanto como intentar imaginar al detalle el mundo de ultratumba. Cuando Mick Jagger era joven, se jactó de que prefería morir antes que seguir cantando “Satisfaction” a los cuarenta y cinco. Pero lo cierto es que, incluso ahora que ya ha superado los sesenta, sigue cantando “Satisfaction”. Hay quien se ríe de ello. Yo no puedo. Porque, de joven, Mick Jagger tampoco era capaz de imaginarse a sí mimo con cuarenta y cinco. Y lo mismo me pasaba a mí. ¿Puedo reírme yo de Mick Jagger? No. Lo que pasa es que, por azar, yo no era un joven y afamado cantante de rock como él. Así pues, aunque aquella época yo dijera cosas muy estúpidas, ahora nadie las recuerda, de modo que tampoco pueden ser reproducidas. ¿No es acaso la única diferencia? 

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de correr, trad. Francisco Barberán, Tusquets, 2013.

Sir Mick Jagger durante un showFoto: Indy100

H.P. LOVECRAFT

Este libro se compone de ideas, imágenes y citas anotadas a vuelapluma para su posible uso futuro en ficciones de misterio. Solamente unas pocas son, de hecho, tramas desarrolladas; la mayor parte consiste en meras sugerencias o en impresiones arbitrarias destinadas a mantener en activo la memoria o la imaginación. Sus fuentes son diversas: sueños, lecturas, encuentros casuales, divagaciones, etcétera.

El sueño de despertar en un amplio salón de extraña arquitectura con unas formas cubiertas por sábanas sobre las losas. Las figuras reproducen las posturas de quien las observa. Bajo las sábanas se insinúan perturbadoras siluetas de apariencia no humana. Una de las formas se mueve, se desprende de la tela y revela un ser no terrestre. Sugerir la posibilidad de que uno mismo sea un ser de ese tipo. La mente se ha transferido a otro cuerpo en otro planeta. [1931] 

H.P. Lovecraft, Cuaderno de ideas, trad. Juan Andrés García Román y Carmen Ibáñez Berganza, Periférica, 2023.

RECHAZO AL GENIO

En el siglo pasado, Milán era la capital de la ópera, no sólo de Italia, sino del mundo entero. Las voces más célebres y los directores de orquesta y los compositores más famosos competían en La Scala, el teatro donde la ópera llega a ser espectáculo grandioso. […] A los 18 años, el joven músico, becado por el Ayuntamiento de Busseto, marchó a Milán para ingresar en el conservatorio de dicha ciudad. Los profesores lo juzgaron “carente de talento musical” y se le negó el ingreso. Rechazaron, pues, al músico más grande que jamás hubo de llamar a sus puertas. Verdi, decepcionado, regresó a Busseto. (Muchos años después, trataron de reparar la falta bautizando su escuela con el nombre de Conservatorio Verdi.) 

José Repollés, “Verdi, el maestro de la revolución italiana” en Gigantes de la música, Editorial Bruguera, 1978.

Conservatorio di Musica di MilanoFoto: Paolobon140/wikimedia