• Tamaño de fuente: A  A  A  A  
libertad-personal-o-negocio-millonario
Plantío de Canopy Growth. Fuente: weedguide.com
Texto traducido por: Wenceslao Bruciaga

Cálida noche de otoño, hace dos años.

Un grupo de personas se extendía sobre la acera de Church Street, en el centro de Toronto, esperando entrar al dispensario-boutique Cannabis Culture, dirigido por Marc Emery, conocido como el Príncipe de la mota canadiense, empresario de mariguana que ha ido varias veces a la cárcel por defender la causa verde. Por la euforia de la gente, hubiera parecido que la tienda vendía la fórmula de la eterna juventud. Cada vez que el dispensario abría la puerta, el humo salía a la calle, aunque los formados apenas se daban cuenta pues otra nube ya colgaba sobre sus cabezas. Varios en la fila fumaban mientras esperaban turno. Los clientes, en su mayoría jóvenes de clase media, parecían asistir a un concierto de Drake. Dentro, en frascos de vidrio sobre un mostrador se exponían doce variedades de mariguana, con nombres como Sharks Breath y Girl Scout Cookies, cuyos precios oscilaban entre los 70 y 200 pesos mexicanos por gramo.

En Cannabis Culture se llegaron a registrar 1,300 clientes por día. Es una entre los cientos de boutiques de mariguana surgidas en Toronto y el resto del país luego de que el gobierno federal anunció el plan de legalizar la cannabis. En 2015, cuando la administración comenzó a formular la política en favor de la mariguana, Canadá se convirtió en el Salvaje Oeste de la mota, un espacio sin ley, con empresarios, policías y gobernantes tirando hacia un lado y el otro, a fin de anticipar cómo será el mercado de la mariguana después de su legalización, consumada el 17 de octubre pasado.

En aceras, parques, fiestas y conciertos, el olor a mariguana se ha vuelto más común que el del tabaco. Los pachecos canadienses aprovecharon el periodo de transición como una oportunidad para superar límites propios y legales. En los últimos años, la calle huele a hierba en todas partes.

DURANTE LA CAMPAÑA electoral de 2015, Trudeau prometió no sólo despenalizar la mariguana sino legalizarla por completo, crear un sistema para que los canadienses la cultiven, vendan, compren y fumen recreativamente. El viejo sistema, argumentaba Trudeau antes de las elecciones, “facilitaba que los jóvenes accedieran a la mariguana de la misma forma que conseguían cerveza o incluso cigarrillos, dando continuidad al financiamiento de cierto tipo de delito… eso es un verdadero desafío para nuestras comunidades”. Poco después de las elecciones, empresarios y fumadores comenzaron a actuar como si todas las leyes contra esa droga hubieran sido eliminadas. Boutiques y salones como Cannabis Culture surgieron por todos lados, como si no hubiera reglas en absoluto. Pero en los últimos años el gobierno ha aclarado que la legalización no será para todos. En la primavera de 2017, la policía allanó y cerró siete sucursales de Cannabis Culture, incluida la de Church Street, en Toronto, así como otras tiendas y dispensarios. Emery y su esposa fueron procesados por tráfico de drogas, conspiración y posesión. Emery recibió una multa de unos 73 mil pesos. Para el dinero que había acumulado con sus boutiques no fue más que un manotazo.

Ahora, la cannabis estará mucho más controlada que en los últimos años del Salvaje Oeste: “A primera vista, las medidas del gobierno para el marketing y la distribución parecen bastante estrictas”, dice Jan Westcott, presidente y CEO de Spirits Canada, organización que representa a la industria de licores.

¿Han oído hablar de Bacardí, Smirnoff, Marlboro y Pall Mall? Pues bien, prepárense para escuchar de Aurora y Canopy Growth”.

Es probable que desaparezcan tiendas y salones de mariguana, incluidos los que abren 24 horas. La policía volverá a interesarse por los chicos que fuman en los patios de recreo, mientras los comerciantes sin licencia serán arrestados, porque la legalización no tiene que ver con diversión sino con dinero. Los días de las grandes empresas de cannabis han comenzado. ¿Han oído hablar de Bacardí, Smirnoff, Marlboro y Pall Mall? Pues bien, prepárense para escuchar de Aurora y Canopy Growth. Claro, las nuevas leyes de la mariguana harán que la vida sea más relajada y conveniente para los fumadores locales. Ya no será necesaria la compra-venta en callejones oscuros. Pero, siendo honestos, se trata sobre todo de ascender a las nubes corporativas. Y más importante aún, de recabar más impuestos.

Enciéndete, ponte pacheco, compra bajo y vende alto. Caro. Muy caro.

CONTROL Y PLACER

A Canadá le encanta regular el placer. Históricamente ha protegido a las personas de sus impulsos y de las consecuencias de una diversión excesiva. Tuvimos la Prohibición Nacional de Alcohol de 1918 a 1920 (en mi estado natal, la Isla del Príncipe Eduardo, la prohibición se extendió hasta 1948). Hasta la década de 1960, en Ontario —la provincia más poblada y rica de Canadá—, quienes compraban botellas en tiendas de licores debían llevar una suerte de cartilla que registraba sus compras; los empleados podían negar una venta si consideraban que un cliente estaba adquiriendo demasiado alcohol. “No confiaban en los usuarios de estos productos, querían estar seguros de que no era demasiado fácil de obtener y en efecto, no era demasiado fácil”, dice Craig Heron, profesor emérito del Departamento de Historia y autor del libro Booze in Canada: A History [Alcohol en Canadá: Una historia], publicado en 2003.

Desde la prohibición, los gobiernos provinciales y federales han controlado casi toda la distribución del alcohol. De hecho, en algunos estados sólo se puede comprar en tiendas del gobierno, mientras la venta de cerveza y vino continúa muy regulada, con reglas complejas sobre cuánto se debe pagar, dónde beberlo, cuándo comprarlo. En Canadá, los horarios de cierre de los bares son asunto serio.

Fuente: cannabisculture.com
Fuente: cannabisculture.com

Por otro lado, nuestras leyes sobre tabaco son de las más estrictas del mundo. Los impuestos encarecen mucho los cigarrillos (alrededor de 200 pesos una cajetilla, que en las tiendas debe permanecer oculta y sin etiquetar). Además, las advertencias sanitarias deben cubrir 75 por ciento del embalaje y una ley que entrará en vigor en cualquier momento prohibirá cualquier diseño en las cajetillas: es decir, obligará a que todas las marcas usen la misma tipografía sobre un mismo fondo marrón, poco sexy para un producto que ante todo ofrece glamur.

Con estos antecedentes, nadie habría imaginado a Canadá como el primer país, después de Uruguay, en legalizar la mariguana recreacional a gran escala. Aunque casi la mitad de los canadienses ha fumado al menos una vez en su vida, según la agencia gubernamental Statistics Canada, sólo 14 por ciento de los que tienen 15 años de edad o más reportaron el uso de productos hechos con cannabis en los últimos tres meses.

LA MARIGUANA SE DECLARÓ ilegal en Canadá en 1923, hace casi un siglo. Según la ley, las penas máximas por posesión de hasta treinta gramos conllevan una multa de unos 14 mil pesos mexicanos, una pena de seis meses en la cárcel, o ambas. Ser condenado por tráfico de mariguana puede castigarse incluso con cadena perpetua. Pero desde la década de 1990, el gobierno y la policía no han estado muy interesados ​​en hacer cumplir las leyes sobre esta droga. Los baby boomers, que aún poseen cierto poder adquisitivo, asocian la hierba con su juventud festiva. En Vancouver, la jurisdicción más relajada del país, cultivadores como Marc Emery pudieron refinar sus productos y desarrollar híbridos de plantas destinadas a objetivos específicos, ya sea para relajar o aumentar la energía. Los productores canadienses se hicieron conocidos por tener las más altas concentraciones de THC en su hierba, lo que los hizo volar, literalmente, al ofrecer un intenso aumento de los efectos y ver que se disparaba la demanda.

“Trudeau no planea convertir a Canadá en un destino de fiesta pacheca, como los Países Bajos. Él está más interesado en hacer dinero. espera que la legalización sea rentable”.

En el año 2000, un fallo judicial obligó al gobierno a permitir el uso de mariguana con fines médicos. En principio, el gobierno cultivaba y distribuía mariguana medicinal para las personas que contaban con receta y un diagnóstico médico, como cáncer. Con el tiempo se abrieron clubes y salones de cannabis muy relajados respecto a los requisitos de una prescripción. En su mayoría eran discretos, así que la policía no les prestó mucha atención. Cuando Justin Trudeau y el Partido Liberal ganaron las elecciones federales de 2015 junto con la promesa de legalizar la hierba en todos los ámbitos, la industria de cannabis explotó y ya nadie quiso ser discreto.

Aunque la legalización de la mariguana es buena para la marca/slogan canadiense Nice and easy (agradable y fácil), la verdad es que Trudeau no planea convertir a Canadá en un destino de fiesta pacheca, como los Países Bajos. Él está más interesado en hacer dinero. Espera que la legalización sea rentable para todos los niveles del gobierno, como ocurre con el alcohol. Que tenga un impuesto de un dólar canadiense por gramo, o diez por ciento sobre el precio de un producto derivado, lo que puede generar al gobierno federal ingresos por alrededor de 100 millones de dólares canadienses sólo en el primer año de la legalización. También habrá ingresos por el impuesto a las ventas, por la distribución controlada por el gobierno,  el otorgamiento de licencias y los impuestos a la propiedad, lo que lleva a algunos a especular que se podrían obtener hasta 2 mil millones de dólares canadienses anuales sólo por impuestos derivados de la cannabis.

¿HAY UNA PERSPECTIVA JURÍDICA Y SOCIAL?

En 2016, alrededor de 58 por ciento de los delitos fiscalizados por la Ley de Drogas y Sustancias tenía relación directa con la cannabis; el resto involucraba infracciones vinculadas con otras drogas. De algún modo, la legalización contempla que los delitos relacionados con la mariguana (según un reporte, en 2015 sumaban 54 mil 940 casos) desaparezcan de los registros de antecedentes penales cuando la hierba sea legal.

Es probable que para la mariguana legal se aplique una combinación de las regulaciones existentes para el alcohol y el tabaco. Las diez provincias y los tres territorios que conforman Canadá se encargarán de distribuirla, como sucede con el alcohol. También establecerán reglas sobre quién puede vender (en algunos casos, sólo el gobierno; en otros, tiendas gubernamentales y privadas) y bajo qué condiciones. Los municipios podrán crear sus propias reglas y prohibir la venta en su totalidad. Alberta, por ejemplo, la provincia con leyes más liberales sobre licor, permitirá en lo que resta de 2018 la apertura de 250 locales minoristas, algunos privados, otros subvencionados por el gobierno.

De hecho, habrá muy pocos lugares fuera de casa donde los canadienses puedan fumar. Hasta el momento, parece que se le tratará como al tabaco, no permitido en la mayoría de edificios públicos, bares y discotecas, aunque algunas provincias permitirán el consumo público, con reglas específicas. Quizá algunos canadienses deban comprar su droga en línea, en sitios web vigilados por el gobierno, lo cual es mejor que llegar a un acuerdo en un callejón, pero no tan conveniente como irrumpir en un coffeeshop al estilo de Ámsterdam.

Semanas antes de la fecha oficial de la legalización, el gobierno provincial de Ontario planteó, por primera vez, abrir y administrar tiendas de cannabis. Más tarde cambió la redacción de la ley, para establecer que la hierba sólo se venderá a través de un sitio web administrado por el gobierno, por lo menos hasta el primero de abril de 2019, cuando entre en vigencia un plan para minoristas privados. Después, Ontario modificó de nuevo la ley y anunció que, de no regular su situación, los dispensarios en funcionamiento ilegal no podrían obtener su permiso. La redacción de la ley cambia día a día y no se sabe qué seguirá. De momento todo es un caos, un desconcierto. Por ejemplo, la mayoría de las provincias permitirá a los consumidores cultivar hasta cuatro plantas en el hogar para uso personal pero Quebec, generalmente famoso y apreciado como una provincia liberal, no lo consentirá.

Foto: Ross Dunn
Foto: Ross Dunn

SABEMOS QUE LA MARIGUANA es menos dañina que el alcohol, al menos en el corto plazo. “Cuando se legalice, es probable que en muchos casos la cannabis sustituya a la bebida”, dice Tim Stockwell, profesor de psicología en la Universidad de Victoria y director del Instituto Canadiense para el Uso de Sustancias, y añade:

Aunque la cannabis no es buena mientras se conduce, las personas tienden a ir más despacio, mientras que las personas que beben conducen más rápido. Existe evidencia de que la conducción deteriorada y los accidentes de tránsito podrían reducirse. Eso también puede aplicarse a la violencia. Está demostrado que hay sesenta formas en las que el alcohol puede incitar a la violencia, frente a dos o tres de la cannabis.

LA TRANSFORMACIÓN INEVITABLE

Las reformas son un sueño para investigadores médicos, sociólogos y criminalistas que ahora podrán realizar experimentos y observar cómo se desarrolla el acceso legal a la mariguana. ¿Los delitos violentos aumentarán o disminuirán? ¿Qué pasará con la productividad laboral? ¿Habrá menos problemas de salud? ¿Desaparecerá el mercado negro? ¿Aumentará el consumo en las provincias donde esté más disponible?

Tomará años recopilar datos de la forma en que la cannabis legalizada transformará la sociedad canadiense, pero es posible que el cambio más dramático ya esté tomando forma en el aspecto comercial. Como las provincias serán las principales distribuidoras y querrán comprar grandes cantidades, el campo de juego se sesgará hacia grandes empresarios con capacidad para ofrecer mariguana de calidad uniforme a millones de personas. Esta nueva industria, tal vez una que eventualmente rivalice con el alcohol, el tabaco y los productos farmacéuticos, tiene la intención de ser global, a diferencia del modelo norteamericano. Aunque en Estados Unidos ya se permite el uso de mariguana con fines recreativos en nueve entidades, y en 36 con fines médicos, la hierba sigue siendo ilegal a nivel nacional. Los funcionarios federales encargados de hacer cumplir la ley han permitido que los estados promariguana hagan lo suyo, dentro de lo razonable. Eso logró mantener a sus industrias en un nivel local y menos corporativo, a diferencia de Canadá, donde empresas como Canopy Growth (WEED.TO), Aurora Cannabis (ACB), Aphria Inc. (APH) y Cannex Group Holdings Inc. (CNNX) cotizan en la Bolsa de Valores.

“El negocio aún implica riesgos. Algunos empleados de compañías de cannabis legales en Canadá han sido juzgados como inadmisibles en Estados Unidos, donde se considera que viven de las ganancias del tráfico de droga”.

DURANTE EL VERANO de 2018, el fabricante de cerveza Corona Constellation Brands invirtió 4 mil millones de dólares canadienses en Canopy Growth, que ya tenía un valor estimado de 10 mil millones. Dos años antes, Constellation Brands había invertido 200 millones para que esa empresa desarrollara una bebida sin alcohol basada en la cannabis. Canopy Growth estima probable que hasta treinta países permitan la mariguana medicinal en el futuro cercano. Su director ejecutivo, Bruce Linton, asegura que la compañía estima ventas en el extranjero por mil millones de dólares durante el próximo año, mientras Aurora Cannabis ha anunciado una alianza con Coca-Cola para desarrollar un refresco con cannabis. Si sigue la estrategia correcta, Canadá podría convertirse en lo que Hollywood es para las películas o Silicon Valley, para la tecnología.

Sin embargo, el negocio aún implica riesgos. Algunos empleados de compañías de cannabis legales en Canadá han sido juzgados como inadmisibles en Estados Unidos, donde se considera que viven de las ganancias del tráfico de drogas, lo que les ha valido ser rechazados y hasta deportados de por vida. La globalización puede ser más complicada de lo que algunos piensan.

Es poco probable que los gobiernos provinciales y territoriales que otorgarán licencias expidan permisos a empresas —como la de Mark Emery— que infringieron la ley durante el periodo del Salvaje Oeste: al ser un pionero, puede verse excluido del negocio legal. Existen llamados para establecer una especie de amnistía por mariguana, con el fin de borrar los antecedentes penales de personas con delitos relativos a ​la hierba. Así como el gobierno se disculpó el año pasado con los canadienses LGBTI por las leyes pasadas contra la homosexualidad, cabe preguntarse si podría pedir disculpas a los pachecos por su persecución en años anteriores.

HÁBITOS DIFÍCILES DE ROMPER 

Semanas antes de la entrada en vigor de la legalización de la mariguana me di una vuelta por la quinta edición anual de la Karma Cup, una feria comercial de cannabis celebrada en un estacionamiento de Church Street, en Toronto, al otro lado de la calle donde Cannabis Culture inició su floreciente negocio. Multitudes se congregaron alrededor de decenas de puestos para probar productos hechos con cannabis de élite. Había camisetas de Guns N’ Roses, chaquetas de cuero y rastas. Muchas mercancías sólo serían legales después del 17 de octubre, pero ¿a quién le importaba? No vi a la policía en ninguna parte, incluso cuando las nubes de humo flotaban por la manzana.

Después de tres años en el Salvaje Oeste de la mota, puede ser difícil para el gobierno restablecer el orden al estilo canadiense. Las empresas que obtuvieron grandes ganancias en los últimos años pueden resistirse a cerrar, incluso si no obtienen licencias. Los consumidores acostumbrados a fumar donde quieren pueden resistirse a limitar el uso al hogar. Los agentes de policía que han pasado años ignorando el consumo de mariguana de los ciudadanos tendrán que volverse diligentes de nuevo y arrestar a comerciantes del mercado negro, a quienes fuman donde no deben o cultivan más plantas de las permitidas. Sin embargo, ahora hay una industria multimillonaria con cabilderos y el poder de crear miles de empleos y fortunas para los inversionistas.

Las demandas de la industria para un campo de juego nivelado pondrán más presión a la policía y al gobierno de la que ejercieron padres preocupados, sacerdotes y maestros de escuela. Las apuestas son mucho más altas. Canadá ha creado una nueva industria. Y el mundo está mirando.

 

Latest posts by Paul Gallant (see all)

Compartir