Los territorios de Santiago Arau

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Desde el siglo XIX, cuando el paisaje irrumpió en la historia del arte como un género por derecho propio, imágenes de montañas, valles, lagos y bosques han sido utilizadas para construir imaginarios nacionales. De ese modo se ancla nuestra identificación con una patria. En México, este vínculo entre geografía e identidad tiene quizá raíces culturales aún más profundas; nuestro lugar de origen no es sólo un municipio o una ciudad, es nuestra tierra. Esta idea se ve cristalizada este mes de febrero en el proyecto Territorios, de Santiago Arau, el cual también representa dos hitos importantes en la carrera de este fotógrafo mexicano: su primer libro, editado por Sexto Piso y BBVA Bancomer, y su primera exposición individual, la cual se inauguró el pasado jueves 27 de febrero en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Tras los monumentales muros de esos pasillos hablé con Santiago sobre qué significa para él como artista el paisaje en el siglo XXI.

¿Cómo surgió el concepto de Territorios?

Fue una idea muy sencilla: está inspirada en una monografía de papelería, porque es lo primero que te enseñan en la escuela. Si te preguntan: “¿Qué es México?”, tu primer pensamiento es que corresponde a un mapa que tiene estados. A medida que vas creciendo empiezas a tener ideas sobre esos lugares a partir de estereotipos: Quintana Roo es Cancún, Michoacán es la mariposa monarca. Uno empieza a tener una concepción a partir de ideas preestablecidas. Entonces, lo primero que hice fue tomar ese mapa y poner tachuelas en los lugares que ya había fotografiado; ahí me di cuenta de que había muchísimos donde no había colocado ninguna tachuela. Comencé a colocarlas un poco a ciegas, sin saber qué había ahí, para hacer un balance y así incluir

a cada uno de los estados, porque siempre nos enfocamos

en el centro.

O centros.

Exacto, hay estados que siempre tienen más peso por su riqueza cultural, como Oaxaca, o por ciertas cosas que a veces ni sé qué son. Ése era el peso que yo quería romper. Después de poner las tachuelas comencé a trazar rutas de un extremo a otro, preguntándome qué tengo que hacer para llegar de un punto a otro y buscando qué puedo encontrar en el camino, trazando también las bifurcaciones y considerando además que en el contexto actual hay lugares con problemáticas difíciles. A partir de eso también tomé decisiones sobre qué cosas fotografiar y qué otras, no. Entonces surgieron temas sociales, políticos y también ambientales. Así fui configurando caminos.

Usualmente pensamos en el paisaje como un género muy neutral, incluso inocente, pero tú lo utilizas para hacer una denuncia. ¿Cómo es que en tu fotografía también se pueden ver tensiones sociales y políticas?

Pues es un accidente y no. México es una muestra de lo que está sucediendo en el mundo. Lo que vemos en aquella fotografía es Tijuana, pero también es sobrepoblación, mala planeación urbana y a la vez es la frontera, una de esas fronteras que nos contienen. Desde el aire se acentúan los conflictos sociales. Ahí también vemos un peligro ambiental, cómo los seres humanos parecemos una plaga que vive sobre las montañas. Y así me voy hacia otros lados y empiezo a ver que desde el aire se pueden tener esas lecturas. Tanto la exposición como el libro están planteados a partir de esas temáticas, tomando ejes como Volcanes, Ciudad, Destrucción del ambiente, Frontera y Megadiversidad, que son las problemáticas actuales.

También abordas lugares que se han convertido en un concepto. Pienso, por ejemplo, en Ayotzinapa o Tijuana. Los concebimos de forma muy abstracta, pero tú quieres regresarnos a un territorio concreto.

Creo que cuando la idea se convierte en una realidad, nuestro entendimiento sobre ella cambia. Se transforma en una claridad. Al darle cara a una cosa nos obliga a replantearnos la relación con ella, cambia nuestra concepción. Lo mismo pasa con el paisaje; al ver un sitio construimos un nuevo conocimiento sobre ese lugar y ese conocimiento nos da un panorama distinto para entender otro tipo de conflictos que existen ahí. Una foto que a lo mejor parece un paisaje sin mucha relevancia se convierte en algo muy interesante cuando sabes que es Ayotzinapa; eso te ayuda a entender qué es ese lugar. Para mí, hacer paisajes desde el aire es interesante porque hace que modifique mi entendimiento sobre mi entorno, precisamente porque veo sobrepoblación, calentamiento global, sociedades de consumo, fronteras. Cuántas veces hemos escuchado la palabra frontera, pero realmente no sabemos cómo se ve una.

La frontera también es una idea y no lo consideramos un lugar físico, ¿por qué te ha interesado tanto hacer hincapié en eso?

Pensamos en Nuevo Laredo o Reynosa. En lugares que a lo mejor muchos ni sabemos que existen, como Piedras Negras, Ciudad Acuña, o lugares todavía más chiquitos, como Casas Grandes. Para mí se trata de convertir una idea en algo concreto y saber detectar que hay un problema.

¿Por eso también has evitado la Ciudad de México tanto en el libro como en la exposición?

A partir del viaje me di cuenta que hay una carga desde la capital y es algo muy poderoso, entonces a partir de Territorios busco que todos los estados tengan el mismo peso. Sin embargo, la Ciudad de México es mi casa, mi idea es volver, regresar a mi camino. Mi proyecto es la Ciudad de México y es lo que quiero retratar.

En cuanto al tema de la ciudad, eres muy activo en redes sociales, particularmente con estas fotos. ¿Cómo ha impactado ese hecho en tu trabajo?

Por un lado, en este mundo cibernético pensamos que el reconocimiento se puede medir por eso, por likes, pero puede ser una distracción y también un espejismo. Tienes que pensar si vas a publicar una foto porque le gusta a la gente o porque te gusta ti. Entonces, hay que manejarlo con mucho cuidado y eso ha sido un aprendizaje, aunque a la vez es gracias a esa nueva forma de comunicación que he podido compartir mi trabajo y sin eso no estaría aquí. Es un equilibrio, no puedes estar pensando todo el tiempo qué vas a publicar y tener ansiedad por estar presente; más bien tenemos que ser congruentes, darnos cuenta quiénes somos. Parte de mi aprendizaje es no olvidar de dónde vengo y tener claro hacia dónde voy.