¿Nos queda alguno, groucho?

¿Nos queda alguno, Groucho?
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Desde el fondo de su grieta en el muro, el alacrán en cuarentena escucha las voces de un comentarista de televisión diciéndole cómo vivir, de un escritor vuelto epidemiólogo porque leyó a Camus, de un empresario endeudado aconsejando sobre deuda pública, de una locutora radiofónica advirtiendo de un futuro horrible (educando en obviedades), de un periodista dando crédito a los dichos de tirios y troyanos en vez de comprobar sus afirmaciones y, en fin, las voces de los participantes en una mesa redonda explicando cómo enfrentar la catástrofe sin morir en el intento.

El escorpión prefirió mejor prestar oído a las voces filosóficas: el vertiginoso Žižek ya ensayó 120 páginas para convencernos de dar un golpe al capitalismo (el verdadero virus), pues la crisis sanitaria ha desnudado el desmantelamiento de los sistemas de salud de las democracias (neo)liberales. El esloveno sugiere aprovechar la oportunidad para volver a alguna forma de “comunismo reinventado y contemporáneo”.

En respuesta, el sudcoreano Byung-Chul Han prevé: “el virus no vencerá al capitalismo, lo radicalizará”. Para comprobar esta verdad salvaje sólo basta observar la batalla económica por los abastecimientos médicos y la vacuna, encabezada por Estados Unidos, y el desprecio económico de alemanes y holandeses por la situación en Italia y España, es decir, el resquebrajamiento de la Unión Europea. Incluso, luego de la alucinación de una probable caída del capitalismo dictatorial chino, ese gobierno salió fortalecido de la crisis y aun con admiradores de sus medidas autoritarias.

"Esto es una crisis proveniente del cuerpo mismo, no de factores financieros".

La feminista Judith Butler describe cómo el virus sacó a la luz la oposición entre las fuerzas del mercado y la salud en el contexto del sistema estadunidense, y destacó: “Si el virus no discrimina, los humanos lo hacemos porque nos moldean los poderes del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo”.

Pero al venenoso lo sedujo la voz del italiano Franco Bifo Berardi cuando diagnosticó “un biovirus proliferando en el cuerpo estresado de la humanidad global”. Ante su estancamiento irremediable, “el capitalismo sigue fustigando a los animales de carga que somos, para obligarnos a seguir corriendo, aunque el crecimiento se haya convertido en un espejismo triste e imposible”. Esto es una crisis proveniente del cuerpo mismo, no de factores financieros o económicos, sintió el escorpión. Y de pronto la máquina (la economía), se detiene “al sustraerse de ella los cuerpos”.

Antes de volver a su nido en el muro, el venenoso escucha a Edgar Morin: “Somos seres humanos explotados, insultados, despreciados (somos máquinas). La solución (si alguna) depende de imperativos éticos”. ¿Nos queda alguno, Groucho?