Rockdelux: abrazo sonoro

El corrido del eterno retorno

Rockdelux
RockdeluxFuente: rockdelux.com
Por:
  • Carlos Velázquez

Rockdelux era una publicación hecha por nerds. No es difícil deducirlo. Su carácter enciclopédico, su empeño revisionista, su afán coleccionista y su especialización extrema la delataban. Tuvo su época dorada. Pero también sus altibajos. Pese a estos últimos, su desaparición es un duro golpe para los aficionados a la música.

Que a Rockdelux se le indigestó la industria de la música es cierto. Pero es que el mercado de la música se volvió indigesto. Y el periodismo musical se tuvo que inventar una y mil maneras de mantenerse a flote. La misma Rolling Stone sufrió los estragos del mercado. Ninguna publicación puede mantener la impecabilidad de manera permanente. A Rockdelux le ocurrió lo mismo que a la trinchera de Jann S. Wenner, con su respectiva distancia entre ambas: de arrancar en las antípodas, terminó por convertirse en el mainstream. Y cuando este fenómeno ocurre, es evidente que te vas a ganar el odio de unos cuantos.

Haciendo un balance, Rockdelux fue más benéfica que perniciosa, pese a que sus detractores se han empeñado en afirmar lo contrario. Hace unos días la revista cerró debido a varias crisis, entre ellas la aportada por el coronavirus, y la prensa especializada salió a despotricar contra ella con un talante hostil rayano en el berrinche. Lo que demuestra que pese a todo lo negativo que se dice de ella todavía se le atraganta a más de uno. Y creo yo que ésa es una de las misiones más importantes de cualquier publicación.

Rockdelux abrazó la bandera de lo indie. En eso fueron visionarios.

Durante los años noventa, Rockdelux se mantuvo en estupenda forma gracias a que el panorama era propicio. Y aquí está uno de sus grandes desaciertos. Nos acostumbró a un nivel de calidad que rozaba la impecabilidad. Pero el negocio de la música cambió. Esto no fue culpa de la revista. Sin embargo, los lectores sí le achacaron esa responsabilidad. Y el nivel de exigencia hacia los criterios editoriales se incrementó. Pero ante la salida del rock como estilo predominante fue imposible recuperar las alturas rozadas en el pasado.

Si bien es cierto que Rockdelux privilegió cierta visión de la música, también hay que reconocerle que en ocasiones cumplió tareas que no le correspondían, y descubrió para sus lectores un sinfín de bandas que no formaban parte del panorama crítico que venían conformando número a número. Vamos, si hasta Rolling Stone tuvo que hacer el papel de villano. Y Rockdelux por supuesto que tuvo que tomar partido y hacer apuestas. No existe nada más saludable que asumir una postura. Que estemos de acuerdo o no es otro asunto. Y por supuesto tenemos derecho a cuestionarla. Pero no a desacreditarla por despecho.

Rockdelux abrazó la bandera de lo indie. En eso fueron visionarios. Porque supieron leer lo que se avecinaba. Y aunque en ocasiones rayaban en lo condescendiente para con lo indie, era su sustento ideológico. Si llegó a ocupar un papel tan importante dentro de la prensa musical fue precisamente por ser una publicación con personalidad. Y gran parte de ese distintivo lo extrajeron del indie. Me consta que la revista escarbó en las músicas del mundo para ampliar el horizonte de los melómanos, aunque yo jamás sentí que fuera su obligación. Su misión era el rock. Y todo mundo puso el grito en el cielo cuando le cedieron la portada a J Balvin. Lo que tiene dos lecturas: por un lado el tratar de evolucionar con la música predominante de estos tiempos y por el otro una especie de traición a sus ideales. Y visto así, mejor cerrar y mantenerse fieles a sí mismos.

En los noventa, leer Rockdelux era un agasajo. Pero después comenzó a tornarse empalagosa. La cantidad de información era tanta que comenzó a perder relevancia. Pero por mera saturación, no por fallas en el sistema. Hizo falta privilegiar ciertos contenidos por encima de otros. La web contribuyó a que el análisis musical se banalizara. Haberle dado la espalda a la red es una de las cosas más valientes que hizo la revista. Una declaración de principios malentendida. El papel era una manera de estar en el mundo. Y Rockdelux asumió ese riesgo con sapiencia. Nos quieren convencer de lo contrario, pero los libros y las revistas no pertenecen al mundo digital.

Descanse en paz, Rockdelux. Antes que cerrar se merecía una reestructuración, pero con sus décadas a cuestas se antojaba un trabajo monumental.