La actriz Amanda Peet fue diagnosticada con cáncer de mama. La actriz de 54 años se sinceró a través de un íntimo ensayo publicado en The New Yorker, donde reveló los detalles sobre cómo descubrió la enfermedad y el momento familiar complejo que atravesaba. “Mis padres, divorciados desde hacía mucho tiempo, estaban ambos en cuidados paliativos y vivían en costas opuestas”, contó.
“Durante muchos años, me han dicho que tengo los senos densos y con mucho volumen, no como un cumplido, sino como una advertencia de que requieren un seguimiento constante”, comenzó Amanda Peet al hablar de cómo era propensa a la enfermedad.
Con sus dos padres en cuidados paliativos, la mujer tuvo que enfrentar la situación sin contarles los detalles sobre su salud, pues prefería mantener su tranquilidad mientras ellos se enfrentaban a sus últimos momentos de vida.
Sobre cómo trató de prevenir el cáncer, explicó que acudía de manera constante al médico: “Había estado visitando a una cirujana de mamas cada seis meses para revisiones. El viernes anterior al Día del Trabajo (que en Estados Unidos se celebra en septiembre), fui a lo que pensé que sería una ecografía de rutina”, dijo.
“La doctora K. solía charlar conmigo mientras me examinaba, pero esta vez se quedó en silencio. Me dijo que no le gustaba cómo se veía algo en la ecografía y que quería realizar una biopsia. Después del procedimiento, dijo que llevaría la muestra a Cedars-Sinai y la entregaría personalmente a patología. Fue entonces cuando lo supe”, recordó.
La noticia no tardó mucho en ser confirmada: “A la mañana siguiente, me desperté con un mensaje de la doctora K., quien tenía un informe preliminar. El tumor parecía pequeño, pero necesitaría una resonancia magnética después del fin de semana festivo para determinar la extensión de la enfermedad. El martes también conoceríamos el estado de mis receptores, lo que indicaría la agresividad de mi tipo de cáncer”, contó.
Aunque en ese momento solo tenía a su madre, decidió no contarle, ya que la mujer “estaba en la fase terminal de párkinson”. Por otro lado, su padre vivía muy lejos y al poco tiempo su hermana la llamó para darle a conocer que el mismo estaba cerca de morir.
“La enfermedad de nuestra madre había comenzado en junio, pero la de nuestro padre apenas llevaba una semana, así que no esperábamos que él fuera el primero en fallecer”, explicó. “Me sentía culpable por no llorar tras su muerte, pero al menos tuve un respiro de tener que pensar cuánto tiempo más me quedaba de vida”.
Tras un tiempo dudando sobre su moriría antes que su madre, Peet recibió nueva información sobre su cáncer. “Ella nos dijo que yo era receptora hormonal positiva y HER2 negativa [...] Volví a sentir el terror de siempre. La doctora K. me dijo que el radiólogo revisaría mis ganglios linfáticos, así como ‘el lado izquierdo por si acaso’ y me llamaría con los resultados en una semana. Empecé a darme cuenta de que los diagnósticos de cáncer llegan poco a poco”
Amanda Peet contó que tras saber que solo necesitaría una lumpectomía y radioterapia, decidió contarle a sus hijos con David Benioff. “Molly lloró, y Frankie, que me llamaba por videollamada desde el campus de su universidad, se tapó la boca con la mano y la mantuvo así hasta que pudo asimilar la buena noticia: que parecía que tenía cáncer en estadio I y que no iba a necesitar quimioterapia”, dijo.