Un show sacro y profano

Rosalía, una misa de redención a través de la pintura, el ballet y la ópera

La cantante presenta su gira LUX ante un Palacio de los Deportes repleto; evoca a Degas, a Goya y a Da Vinci; Kenia Os se confiesa y revela infidelidad de exnovio

Rosalía, una misa de redención a través de la pintura, el ballet y la ópera
Rosalía, una misa de redención a través de la pintura, el ballet y la ópera Foto: Cortesía|OCESA

La cantante Rosalía ofició una misa de redención en la que estuvieron presentes lo sacro y lo profano, pero también símbolos que han construido la historia del arte: la ópera, el ballet, las pinturas de Degas, Goya o Da Vinci y las esculturas griegas. Hizo este trenzado artístico para vulnerarse, mostrar su “animal espiritual” y su fuerza interior y creativa.

Sus fanáticos asistieron a esta misa de la gira LUX en el Palacio de los Deportes con velos, cruces, relicarios, rosarios, vestidos de monjas o con sotanas. Atuendos que eran una mezcla entre lo sacro y lo profano, a través de los escotes, las minifaldas o las transparencias.

  • El Dato: El álbum LUX debutó en el número 1 de la lista Global Top Albums de la plataforma Spotify, marcando el segundo debut de la artista en la cima de las listas globales.

Como si se tratara de una ópera, el show se dividió en actos y contó con traducción de cada una de las canciones. El primer bloque se inauguró con “Sexo, violencia y llantas” y “Reliquia”, en el que Rosalía vistió un tutú que la hacía ver como una muñeca de porcelana, pero también recordaba a las célebres pinturas y esculturas de Degas.

Con la directora Yudi Heredia y los músicos de cámara de la Heritage Orchestra abajo del escenario, cantó “Porcelana”, en la que, bajo la dirección artística del colectivo francés (LA) HORDE, llevó el ballet al escenario masivo del Domo de Cobre de la capital del país.

  • El Tip: Hoy Rosalía continúa con sus conciertos en la CDMX, donde estará el miércoles, el viernes y el sábado.

Al verla en puntas y haciendo algunos jetés, retirés o un arabesque, el público se desvivió en aplausos para la cantante. Pese al impresionante dispositivo visual: dos escaleras, un monumental sol, luces y bailarines que sirvieron de soporte, al ejecutar sin lo mínimo que requiere la técnica de esta disciplina, a veces se sintió como ver a Rosalía en la función de una escuela de aficionados.

Fue el único momento desafortunado del espectáculo, porque la artista demostró que si algo sabe, es crear conceptos que potencien la versatilidad de su voz, como lo hizo en la canción “Mio Cristo piange diamanti”, en la que logró que los gritos pararan por un momento para contemplar esta interpretación en la que lució inmaculada con un velo blanco y en la que destacó la potencia de su voz, al estilo de las sopranos, acompañada por el sonido de los violines y el piano.

  • 17 países recibirán la gira de la intérprete de 33 años

“Buenas noches, México. Venir desde Cataluña y encontrarme siempre con tanto cariño es algo que nunca voy a dejar de agradecer; siempre me siento apapachada. Mil gracias, porque mis canciones tengan cabida y sentido en México. Gracias por estar en Motomami y por estar aquí. Me emociona mucho”, dijo en su primer mensaje para los fans, con quienes durante todo el concierto se mostró cercana.

Para el acto II, Rosalía dio paso a lo profano con la interpretación de “Berghain”, enfundada en un atuendo negro y con una estética y coreografía que evocó a El aquelarre, de Francisco de Goya. No sólo destacó el virtuosismo de la orquesta, sino también un performance en el que estuvieron presentes el ritual, la brujería y el pecado. Ella al centro y los bailarines cayendo uno a uno.

Como en esta parte del show se dejó de lado lo sacro, hubo oportunidad de bailar y twerquear con “Saoko”, del disco Motomami. Inmediatamente, el público se entregó a ese embrujo contoneando las caderas. “Aquí se siente la altura. ¿Cuántas motomamis chilangas tenemos aquí?”, preguntó y recibió un rotundo grito de todo el Domo de Cobre.

Para “La fama”, Rosalía siguió regalando momentos visuales que seguían recordando al arte, en este caso, bailarines emulando a esculturas renacentistas, cada uno sobre un pedestal.

Los arreglos orquestales de varios de sus éxitos fueron lo más destacado de este bloque, como en “La combi Versace” o la exquisita versión de “De madrugá”, pues la orquesta potenció cada tema.

La artista, durante uno de sus conciertos de la gira LUX.
La artista, durante uno de sus conciertos de la gira LUX. ı Foto: Cortesía|OCESA

Después del pecado, para el acto III vino la búsqueda del perdón; con “El redentor”, evocó la escultura Venus de Milo y para el cover “Can’t Take My Eyes Off You” se convirtió en La Mona Lisa en el Museo del Louvre. Cantó detrás del marco de un cuadro mientras fans que subieron al escenario la observaban y le tomaban fotos, tal como ocurre en el recinto parisino que reúne a miles que buscan admirar esta pintura de Leonardo da Vinci. La orquesta también embelesó con sus arreglos.

En la misa también hubo confesionario y la invitada de la noche fue la cantante e influencer Kenia Os, quien habló de su relación con un cantante, a quien llamó el cacas y que le fue infiel. La intérprete dejó varias lecciones con su historia: “Que ojo de loca, no se equivoca” —frase que completaron las fans con un contundente grito— y “que cuando te dicen que no es ella, es ella”. Al final Rosalía le dijo: “Tu pecado, amiga, es creerles cuando dicen ‘es sólo una amiga’”.

Este momento dio paso a “La perla”, pero antes de interpretarla, Rosalía agradeció a la música ranchera mexicana y reconoció que, sin “Rata de dos patas”, de Paquita la del Barrio, su canción no existiría.

En “La perla” no sólo ofreció una canción de desahogo, sino también una fantasía visual que estuvo a cargo de Dimitris Papaioannou, considerado maestro del encanto escénico. Unas manos con guantes fueron el dispositivo en el que Rosalía parecía estar flotando o se convertían en un tocado sobre su cabeza. La experiencia se completó con los virtuosos violines.

La intérprete al representar una pintura de Francisco de Goya.
La intérprete al representar una pintura de Francisco de Goya. ı Foto: Cortesía|OCESA

Para “Sauvignon blanc”, la afortunada fue una recién egresada de la universidad, a quien le dedicó la canción. Rosalía brindó con tequila sentada sobre el piano que tocó Llorenç Barceló, quien fue su compañero en la escuela. Además de la entrañable interpretación, fue un momento bello al ver cómo caían sobre ella lo que parecían gotas de lluvia.

En el concierto también hubo un espacio para rendirle homenaje al flamenco. “La música mexicana y el flamenco son como hermanos. Se puede llorar, reír, cantar”, dijo la artista antes de regalar en medio de la pista del Domo de Cobre y de la orquesta, la interpretación de “La rumba del perdón”. El público la acompañó con las palmas y una fanática bailó flamenco apasionadamente.

El acto IV fue como una muerte simbólica de liberación, por eso sonaron “Bizcochito” y “Despechá”, que puso a bailar a todos sus fans. Rosalía portó unas alas y, después de este éxtasis, vino el deceso, en “Focu ‘ranni”, con la que trajo el final del ballet El lago de los cisnes, al dejarse caer y desaparecer.

El cierre con “Magnolias” fue como su resurrección. El coro y los músicos, dirigidos por la cubana Yudi Heredia, refrendaron por qué en LUX también son protagonistas.

La misa terminó y Rosalía demostró una evolución más en su música y en sus conciertos, y de paso logró que, después de ser ovacionada, los músicos fueran despedidos como todas unas estrellas.

Obras que llegan al escenario

En esta gira, la compositora evoca piezas fundamentales de la historia del arte.

Ballet:

  • El lago de los cisnes, de Marius Petipa y Lev Ivanov

Artes plásticas:

  • La pequeña bailarina de 14 años, de Degas
  • El aquelarre, de Goya
  • Mona Lisa, de Da Vinci
  • Venus de Milo, autor desconocido

Mitos griegos:

  • Ícaro

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