Juan Manuel Bernal cumple uno de los sueños que lo acompañan desde sus años de estudiante: interpretar a Willy Loman, el hombre que consagró Arthur Miller en La muerte de un viajante. Para el actor, encarnar a este personaje significa reencontrarse con un texto que lo marcó desde la universidad y que, lejos de perder vigencia, expone las heridas de una sociedad que continúa midiendo el valor de las personas por sus logros materiales.
“Es un homenaje a esos padres que dan la vida por sus hijos”, afirma Bernal en entrevista con La Razón sobre la obra que estrena temporada este 16 de octubre en el Teatro Rafael Solana. La historia sigue a un vendedor que, después de dedicar su existencia a perseguir el éxito, se enfrenta a la frustración de no haber alcanzado las expectativas que depositó en sí mismo y en su familia.
- El Dato: EL ACTOR concluirá en 8 semanas la temporada, para integrarse a las grabaciones de una serie para una plataforma.
El actor reconoce que aceptar la invitación del productor Diego Cantú y de su compañero Arturo Barba fue una oportunidad largamente esperada. “Cuando me dijeron La muerte de un viajante, era uno de los pendientes que uno tiene cuando estudias la carrera, lees a esos grandes autores y cuando una obra te marca o te deja algo, te sacude”, recuerda.
El intérprete leyó el texto durante su formación en el Centro Universitario de Teatro (CUT), donde egresó en 1991. Entonces se prometió que algún día interpretaría alguno de sus personajes principales. Hoy, 40 años después de carrera, ese deseo se materializa con Willy Loman, un hombre complejo que intenta sostener sus sueños mientras enfrenta las contradicciones de una sociedad que promete oportunidades, pero no garantiza que se cumplan.
“Me siento muy privilegiado”, sostiene el intérprete, quien considera que el regreso de los clásicos a los escenarios responde a una necesidad colectiva de revisar conflictos que siguen sin resolverse. “Es terriblemente actual. No es casualidad que se esté montando en tantas partes del mundo al mismo tiempo. Los temas siguen siendo los mismos: los sueños no cumplidos, las frustraciones, la necesidad, esta obsesión por el éxito, este rechazo al fracaso”, expresa.
La obra de Arthur Miller cuestiona precisamente esa idea de que el dinero, el reconocimiento y la popularidad determinan el valor de una persona. En el caso de Willy Loman, la búsqueda de aceptación termina por alejarlo de aquello que realmente importa: los vínculos familiares y la posibilidad de reconocer sus propios límites.
Sobre el momento que vive el teatro en nuestro país, el histrión dijo: “Hay un impulso increíble. Soy regularmente espectador cuando no estoy arriba del escenario y me da mucho gusto llegar y ver las salas llenas. El teatro no sólo ofrece entretenimiento, también propicia el reconocimiento de experiencias compartidas y abre espacios para la reflexión. El teatro siempre es un espejo de la realidad”.
Bajo la dirección de Cristian Magaloni y con producción de La Gran Audiencia y Diego Cantú, el montaje reúne a un elenco integrado por Emma Dib, Gonzalo de Esesarte, Miguel Tercero, Gilberto Dávalos, Emilio Schoning, Alfonso Holguín, Nastassia, Víctor Oliveira, Giovanna Duffour y Antonia Suillerot, junto con Bernal.
La temporada contempla ocho semanas de funciones en la Ciudad de México, en el teatro Rafael Solana, y una gira por distintas ciudades del país. Para el actor, llevar la puesta en escena a otros públicos representa otro sueño cumplido, pues, aunque ha participado en festivales y lecturas, hasta ahora no había realizado una gira con un montaje teatral de estas características.
“Siempre he soñado con acompañar a los proyectos que amo en diferentes lugares, y me pone feliz saber que estaré entre semana llevando la obra a otras ciudades del país. El trabajo será exigente por la intensidad emocional de la historia, pero considero que el esfuerzo vale la pena por la fuerza del texto y la oportunidad de compartirlo”, resaltó el actor.