Entre muchas otras cualidades, el cine tiene la capacidad de convertir los recuerdos en una historia que vale la pena ser contada en una pantalla, tal como lo vemos en Seis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo, película que, tras su aclamado paso por la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, llegó a la Selección Oficial en Competencia de la 24 edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) dentro de la Sección de Largometraje Mexicano.
Ambientada en la Ciudad de México de los años 90, la cinta nos adentra en la infancia de un niño que va descubriendo su identidad mientras uno de sus amigos comienza a llamarle la atención de una forma diferente, al mismo tiempo que su hogar se cimbra a causa del diagnóstico de VIH positivo de su padre.
Sobre cómo comenzó a darse esta producción, su director compartió a La Razón que “fue en la pandemia en 2020, había una sensación de miedo, de soledad y aislamiento que me recordó algo muy personal y escondido, rememoré el momento en que a mi padre le diagnostican VIH a principios de los noventa, no recordaba muy bien cómo se despidió o me explicó lo que pasaba.

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- El Dato: La película se estrenó en la Semana Internacional de la Crítica del Festival de Cine de Cannes, donde estuvo nominada a la Cámara de Oro y a la Queer Palm.
“No hablamos más del tema por años, sentí la necesidad y el permiso de entrevistar a mi familia y, al hacerlo, me topé con versiones distintas y muchos huecos de memoria. Empecé a construir carreteras de imaginación y entendí que estaba haciendo un ejercicio de ficción que dialogaba de forma libre con la realidad”, dijo Bruno Santamaría Razo.
La historia, que se desenvuelve mayormente entre el coming of age y el drama familiar, aborda el luto y la incertidumbre con ligereza y vitalidad. Para el realizador de 40 años de edad, llevar este relato tan personal a la pantalla grande era imprescindible ante la vigencia de los prejuicios sociales.
“Sigue siendo un tema tabú (el VIH), la relación en salud física es distinta gracias a la medicina, pero la postura social aún es dolorosa y devastadora. La película plantea una mirada hacia todo tipo de prejuicios sobre lo que significa ser familia, son miradas ajenas que van construyendo una especie de jaula que delimita la libertad de las personas”, reflexionó el cineasta originario de la CDMX.
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El proceso de producción reflejó la misma calidez comunitaria que transmite la película, mientras que el elenco adulto contó con figuras elegidas por invitación directa, la búsqueda de los personajes infantiles implicó impartir talleres y realizar pruebas a cientos de niños para encontrar a los adecuados. La química en pantalla se cimentó tras meses de convivencia, juegos e improvisación entre los actores.
Un momento entrañable dentro de la narrativa en Seis meses en el edificio rosa con azul es el guiño que se hace a la cinta Romeo + Juliet, de Baz Luhrmann, filmada en México en los noventa, la cual actúa en cierta forma como detonante de la imaginación y la identidad del protagonista.
“Es una secuencia que funciona como una revelación, para el personaje es descubrir una posibilidad de sentir en la vida y encontrarse con el cine como un espacio de sueños”, concluyó el director.

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