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Sábado 28.11.2020 - 13:36

31 clubs de fans inscritos en el país

K-pop: locura y pasión en el paso de la ola Coreana en México

El club de fan más grande es BTS México Alianza Latina, el cual tiene inscritos en la Embajada de Corea a más de 97 mil miembros; en total se han realizado 49 conciertos de K-pop en el país

Super Junior mexico
Super Junior en MéxicoTomada de Twitter
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Todos los días es tendencia en redes algo relacionado al K-pop: desde el cumpleaños de un integrante de algún grupo, un sencillo nuevo, hasta competencias entre los clubes de fans. Esta música se ha convertido en un fenómeno mundial: de 2014 a febrero de este año, en Spotify se han reproducido más de 134 mil millones de minutos de esta música, poco más de ¡257 mil 772 años!

México no está exento del K-pop: de acuerdo con Twitter, nuestro país se encuentra en la posición 9 en los listados de los 20 mercados principales de esta música por usuarios únicos en esta red social y por volumen de tuits. Asimismo, Spotify señala que la Tierra Azteca es el tercer mercado más grande para esta industria fuera de Asia, siendo sólo superada por Estados Unidos y Brasil.

K-pop en TwitterGerardo Núñez

Además, la Embajada de Corea en México tiene registrados 31 clubes de fans oficiales en el país, siendo el más grande de estos BTS México Alianza Latina (fundado en 2013), el cual tiene inscritos ante la instancia diplomática 97 mil 388 miembros activos; 170.9 mil y 221.2 mil seguidores en Twitter y Facebook, respectivamente.

K-pop en TwitterGerardo Núñez

Pero, ¿Qué es el K-pop?, ¿Cuándo llegó a México? y ¿Por qué se popularizó?

La Ola Coreana golpea al mundo

El K-pop forma parte de un fenómeno cultural llamado Hallyu (literalmente Ola Coreana). El término fue forjado por periodistas en China a finales de los años 90, luego de que en dicho país comenzaron a popularizarse los productos de entretenimiento exportados por Corea: telenovelas (o dramas), música, cine y videojuegos.

“En los 90 empieza en Corea una transformación, pasa de ser una economía productora de acero y carros a darle un peso enorme a las industrias culturales privadas. Debido al éxito que tuvo el Hallyu en China, se apuesta por la producción de dramas, música, películas y videojuegos, en los cuales se mezclan elementos de la cultura más tradicional y popular con lo global”, explicó a La Razón la antropóloga Nayelly López, académica del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África de la UNAM (PUEAA).

Entonces surgieron las primeras bandas y las tres grandes agencias de entretenimiento: Sm Entertainment, YG Entertainment y JYP Entertainment. Así, el K-pop, comenzó a popularizarse en Japón, el sudeste asiático, el Medio Oriente, Europa y, finalmente, el continente americano. Eso, destacó López, ocurrió gracias al peso que el gobierno coreano le dio a este producto a través de su diplomacia cultural y el llamado “poder suave”.

De esta manera, el gobierno coreano logró reconfigurar la imagen que el resto del mundo tenía de Corea, de un país más de Asia a un sinónimo de modernidad y progreso.

“Corea ha entendido las posibilidades del Poder Suave en el K-pop para convencer y gustar: su economía se basa en las exportaciones y para que los países les compren se tiene que dar a conocer, ¿cómo lo hacen? a través del entretenimiento. Es una cadena perfectamente planeada”, agregó Nayelli López.

“Por ello es que vemos a BTS hablando en la Unesco. Y por esa razón no me imagino a un cantante mexicano haciendo lo mismo en nombre del país”, remató.

El Hallyu aterriza en México

La Ola Coreana llegó a México en 2002, cuando el gobierno coreano distribuyó en el país tres dramas (“Todo sobre Eva", "Escalera al Cielo" y "Sonata de Invierno”), con el propósito de publicitar el Mundial de Futbol Corea-Japón 2002. Fueron transmitidos en el Canal 34, de Televisión Mexiquense.

Los K-dramas se comenzaron a popularizar en el país gracias a que, destacó López, eran mucho más cortos que las telenovelas nacionales (20 capítulos en promedio) “además, la forma en que ellos representan las emociones y las relaciones románticas son transparentes, inocentes, puras y no es explícito, agresivo y vulgar como lo mexicano”.

Carla Salas tuvo su primer contacto con esa cultura, pues se encontró con “Sonata de Invierno” en la TV. Lo que vio la impactó al grado de que la llevó a investigar acerca de los K-dramas, lo cual a su vez la hizo encontrar un video de Super Junior, una de las bandas de K-pop más populares y longevas, “que me obsesionó”.

Andrea Barajas y Lucero Santiago también descubrieron el K-pop a través de los dramas: “entonces no sabía qué diablos estaba viendo, pero poco después y gracias al boom del Internet, mucha gente empezó a distribuirlos en páginas como ASIATEAM, recuerdo que los subían hasta subtitulados”, recordó Lucero.

Karina Sánchez, por su parte, descubrió esta música por casualidad en YouTube, cuando se topó con un video de TVXQ. 

K-pop en MéxicoGerado Núñez

En 2005 se celebró el centenario de la primera migración de coreanos a México, ese año también fue cuando la Embajada empezó a aceptar registros de clubes de fans, luego de que un grupo de amantes del Hallyu se manifestaran afuera del hotel en el que entonces presidente coreano se hospedó en la CDMX. La protesta fue para exigirle que trajera idols al país.

“Él y su equipo se espantaron porque no sabían qué estaba pasando”, recordó América Tessan, coordinadora de Prensa y Cultura del Centro Cultural Coreano en México, quien resaltó que fue gracias a las mismas fans que dicho centro fue abierto, en 2012, pues buscaban aprender el idioma.

Ese mismo año se celebró el primer concierto de K-pop en México; lo ofreció el cantante Xiah Junsu, quien pertenecía a TVXQ.

“Los primeros tres años que hubo conciertos, chicas de todos los clubes de fans apoyaron todos los eventos en espera de que algún día fueran a traer a su grupo. Gracias a ellas vinieron a México bandas grandes, como Super Junior y Big Bang, además de eventos grandes, como el Music Bank y el K Con”, agregó América.

En total se han realizado 49 conciertos de K-pop en el país. En marzo de este año el idol Eric Nam iba a ofrecer un espectáculo en el Auditorio Blackberry, pero fue cancelado a causa de la pandemia de COVID-19.

¿Por qué gusta el K-pop?

Cuando Karina le dio play al video de TVXQ fue invadida por un sentimiento extraño: “el ritmo te incitaba a bailar, tiene unos beats extremadamente pegajosos y palabras clave, por lo general en inglés, que se te graban pese a que no sepas coreano. Puede ser muy movido o emotivo, al grado de crearte un sentimiento profundo”.

Por su parte, Andrea destacó que el K-pop es mucho más elaborado que el japonés o el estadounidense, además de que el apartado visual de los videos es esencial: “las coreografías son muy buenas; los vestuarios, espectaculares y las escenografías enormes. Además, son mucho de narrar historias, parecían como dramas pequeños. A todo eso súmale que son muchos los integrantes de las bandas”, comentó.

Carla aseguró que lo que la cautiva del género fue la producción que conlleva: para ser idol los chicos son sometidos a un régimen muy duro que no todos superan. “Super Junior son mis favoritos, porque han sido perseverantes y han roto estereotipos: literal ellos eran la basura de su agencia y los debutaron sólo por cumplir contrato, además tienen 15 años cuando la vida útil de una banda en esta industria es de cinco. Ellos pavimentaron el camino”, apuntó. 

La antropóloga López explicó que el motivo principal es porque ven a los idols (celebridad del Hallyu) como modelos aspiracionales a seguir.

“Uno de los argumentos es que seguirlos los va a llevar a ser mejores personas. Ese es el discurso que manejan las compañías de entretenimiento y, a través de los artistas, justifican al género como bonito, saludable y que no induce al uso de sustancias nocivas… Al final lo que venden es un sueño aspiracional: ser un idol coreano, con una vida sana y bella, lo cual engancha a los jóvenes”, explicó.

Youngdoo Park, director del Centro Cultural Coreano en México, destacó que el K-pop en sus letras abordan temas como el amor y el futuro, a diferencia de los gringos, que “hacen canciones acerca de drogas y balazos. Por ellos los chicos prefieren lo coreano, buscan forjar un camino similar al de los idols”.

Además, aseguró que el género se ha popularizado en el país porque tanto los mexicanos como los coreanos son personas apasionadas, “y compartimos valores e ideales, como la familia y el amor”.

K-pop en MéxicoGerado Núñez

YOLO: Quien no arriesga, no gana

En 2018, Carla recibió su parte del seguro de vida de su mamá; tenía pensado viajar a Japón para asistir a un concierto de la banda de rock nipona L'Arc-en-Ciel, pero cuando Super Junior anunció que se presentaría en el Tokyo Dome “le dije a mi hermano: ‘‘bye, me voy un mes a Japón. Él me dijo que estaba loca, pero pues igual lo hice”, narró.

Su viaje fue toda una travesía pues compró un vuelo sujeto a disponibilidad, al cual pudo acceder tras un tercer intento y un día antes del concierto. La entrada para el espectáculo se la compró a una japonesa (ahora su amiga) que contactó vía Twitter; tenía que reunirse con ella afuera del Tokyo Dome y le pagaría adentro, “porque me dijeron que había gente que vendía entradas falsas a los extranjeros”.

Carla, mientras hace fila para entrar a la cafetería con el evento de Super JuniorCortesía Carla Salas

Carla tiene conocimientos básicos de japonés, pero fue tanto su miedo a hablarlo que no podía ni saludar estando allá. Con ayuda de un hispanoparlante logró llegar a su hotel y, para matar el tiempo antes de ver a su amiga, hizo entrar a una cafetería donde se promocionaba la canción “One More Time”, que Super Junior hizo con Reik. Aunque estuvo formada más de cuatro horas, no avanzó ni 50 metros. Desistió.

“Tras ello me fui al Dome, faltaba poco para la función y no encontraba a la chica. Me desesperé y estuve al borde del llanto, porque pensé que el complicado viaje no había valido la pena y que me habían llegado, pero en eso alguien llegó”, externó.

Carla afuera del Tokyo DomeCortesía Carla Salas

En ese momento, todas sus preocupaciones se disiparon. Pese a que le tocó en la parte superior del Tokyo Dome, Carla aseguró que la producción que Super Junior llevó era superior a todo lo que había visto en su vida: “incluso cuando echaron las flamas en el escenario, las sentí como si hubiera estado en primera fila. La verdad fue una experiencia única… un sueño hecho realidad”, expresó.

El Tokyo Come antes del concierto de Super Junior; está prohibido tomar fotos o video durante los showsCortesía Carla Salas

¿Una obsesión llevada al límite?

El término “sasaeng” fue forjado para definir a los fans cuya obsesión con el K-pop llega a grados extremos, que hace que su vida gire en torno a sus idols, al grado de que los acosen insaciablemente.

“Una vez fui a un seminario en la SRE al que fue el embajador de Corea, y había una fila interminable de niñas que se querían tomar foto con él sólo porque ¡era coreano!, recordó Karina.

La especialista López detalló que el K-pop suele tener un mayor impacto en la población adolescente, ya que se encuentra en la etapa de formación de identidad y, al vender estos grupos un sueño aspiracional, motivan a los fanáticos a consumirlos y desvivirse por ellos.

“Son patrones de consumo están regidos por los deseos incluso de hasta ser idols, porque la imagen de éxito y juventud que venden. Incluso hay chicas que andan hasta buscando casarse con coreanos, porque piensan que todos son como sus artistas, pero desconocen que en esa sociedad existe el machismo y la violencia doméstica”, añadió.

Karina, ahora de 26 años, reconoció que los idols logran que sus fans se identifiquen con ellos, gracias a las interacciones en redes sociales. “Que lo hagan te hace sentir que tienes un apoyo, un consuelo, personas que te entienden y motivan”.

“Hice mi tesis sobre el tema y encontré que K-pop llega en un momento en el que estás emocionalmente vulnerable y en que necesitas un pequeño rumbo en la vida. Por ello las fans quieren regresar mucho de lo que sienten que recibieron de sus grupos, lo cual se traduce en vistas en YouTube, participación en votaciones, compra de mercancía y hasta que intenten hacer lo posible para ir todos sus conciertos”, explicó.

Andrea (también de 26) perteneció a distintos clubes de fans, pero decidió salirse de ellos cuando se hicieron “tóxicos”: en su euforia, los fans se peleaban entre sí para ver quien apoyaba más a sus idols.

“Como muchas fans son menores de edad, no dimensionan las cosas, no se dan cuenta de que los grupos son similares y que lo que buscan es vender. Conforme creces y vas viendo las prioridades en tu vida, te das cuenta de ello y de que esa industria es una forma de esclavitud moderna, fue así cuando supe que no podía aportar más”, compartió.

También dijo que ya sin el embelesamiento pudo darse cuenta del lado oscuro de la industria del K-pop: “empiezan a trabajar cuando tienen 13 años como trainees y les pagan poco. Además, las compañías buscan ocultar cosas como cuando los escándalos de drogas y prostitución relacionados a un integrante de BigBang y el suicidio de Sulli… allá la salud mental es un tabú muy grande”. comentó.

Por ello la antropóloga López aseguró que es importante que se abran espacios de reflexión acerca del consumo de esta música. “No está mal que se consuma, pero se le debe explicar a los jóvenes cuáles son las cosas que no deben de perder de vista”, apuntó.

No todo son K-dramas

Aunque mucha gente piensa que todos los fans del K-pop son sasaengs, lo cierto es que la pasión por esta música ha llevado distintas personas a hacer cosas enriquecedoras para sus vidas.

Karina, por ejemplo, lleva siete años practicando el K-pop Dance Cover, disciplina en la cual los amantes de esta música replican las coreografías de sus grupos favoritos. Además, desde hace cuatro forma parte del grupo G2 Lollipop, con el cual se ha presentado en distintas convenciones a lo largo del país, en el Teatro Metropólitan y llegó a las eliminatorias de México del K-pop World Festival.

“El amor a nuestros artistas nos llevan a querer bailar a su nivel, es algo con lo que empiezas a nivel amateur, pero ya existen hasta academias dedicadas al K-pop Dance. Cuando subes al escenario debes de dar lo mejor de ti porque, de cierta forma, estás representando a tus artistas y puede que eso sea lo más cerca que quien te está viendo va a estar de ellos”, comentó.

Lucero, por su parte, lanzó en 2015 K-Magazine, la revista especializada en el tema más leída del país. Se aventuró a hacerla luego de que en el “importante medio de comunicación de circulación nacional” en el que trabajaba su editor no le dejó escribir acerca del K-pop, “no valía la pena, porque era algo de nicho, dijo. Me sentí muy frustrada, más porque en redes veía que la gente se sentía muy interesada por el tema, por lo que decidí hacer mi propio portal”, contó.

Lo que comenzó como un proyecto sencillo, tipo blog, se convirtió en la plataforma pionera en el país, logrando en cinco años registrar más de 2 millones de vistas mensuales, que cuenta con 50 voluntarios en toda Latinoamérica.

Además el año pasado fundó el Hallyu Fest, el cual se desarrolló en el Museo Nacional de las Culturas y que reunió 5 mil amantes de la cultura coreana, que disfrutaron de conferencias y talleres. Este año, fue digital a causa de la pandemia de COVID-19.

Edición del año pasado del Hallyu FestCortesía Lucero Santiago

Por si fuera poco, Lucero vive desde agosto en Corea, pues K-Magazine fue uno de los 60 proyectos seleccionados de entre dos mil en todo el mundo para formar parte la contienda Kstartup Grand Challenge 2020; está recibiendo capacitaciones para hacer de su revista una empresa de alto impacto.

“Gracias al K-pop pude conocer gente del otro lado del mundo, me ha dado la oportunidad en iniciativas geniales y ahora estoy viviendo aquí gracias a que ello. Justo el mensaje del K-pop es que si te gusta algo te aventures a hacerlo”, finalizó.

Lucero en CoreaCortesía Lucero Santiago