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Desde la crisis financiera mundial de 2008, la deuda global ha aumentando, creciendo de 97 billones en 2007 a 169 billones de dólares en 2017; mientras que la deuda corporativa, incluidos bonos y préstamos, creció 37 billones de dólares en menos de 10 años, para llegar a 66 billones de dólares el año pasado, lo que equivalió a 92 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, de acuerdo con McKinsey Global.

En un análisis de Rising Corporate Debt, la consultora refiere que en México, 72 por ciento de la deuda corporativa está denominada en moneda extranjera, lo cual refleja préstamos de grandes empresas cuyos ingresos se expresan en dólares estadounidenses, eliminando así el riesgo cambiario, pero aumentando la deuda.

En países en desarrollo distintos de China, los bonos corporativos en circulación también crecieron, aunque a un ritmo medido de 14 por ciento por año, de 313 mil millones de dólares en 2007 a 1.2 trillones de dólares, siendo de los más altos en Brasil, Chile, México y Rusia.

Asimismo, en México, la deuda corporativa en 2017 fue de 292 billones de dólares, lo que equivalió a 26 por ciento del PIB local; no obstante, nuestro país está por debajo del promedio, que es 55 por ciento, cifra que rebasan Rusia, República Checa, Malasia, Turquía, Hungría, Israel, Chile, Vietnam y China.

Además, nuestro país es el segundo con más crecimiento de bonos corporativos en los últimos 10 años, creciendo a 239 billones de dólares, lo que equivaldría 21 por ciento del PIB; no obstante, en la primera mitad de 2017, México tenía 82 por ciento de deuda de los bonos corporativos a nivel mundial, entre las naciones emergentes, pues 82 por ciento provenía de monedas extranjeras.

Aunque si bien el desarrollo de los mercados de bonos corporativos es una buena noticia que podría contribuir tanto a la salud de los mercados financieros, depende de la calidad de los préstamos, ya que los de “primera línea”, es decir, en dólares han bajado y han subido los de grado especulativo; además de que los recursos provienen principalmente de compañías chinas o asiáticas, algunas en paraísos fiscales.

Según McKinsey, las tasas globales de impagos corporativos están por encima de su promedio a largo plazo, y la perspectiva de un alza en las tasas puede poner en riesgo a los prestatarios de bonos.