Denuncian maltrato

Migrantes estacionados en México, los “constructores” del Mundial

ONG destaca que están en la fabricación de todo lo que se venderá; en algunos casos, hay explotación, alerta

Trabajadores en labores de remodelación del Estadio Azteca, el 25 de mazo.
Trabajadores en labores de remodelación del Estadio Azteca, el 25 de mazo. Foto: Cuartoscuro

Mientras los reflectores apuntan a los estadios que albergarán el Mundial de Futbol 2026, miles de personas trabajan lejos de las cámaras para hacer posible la mayor fiesta deportiva del planeta. Entre ellas se encuentran migrantes que buscan una oportunidad para sobrevivir en México, pero que también enfrentan el riesgo de caer en redes de explotación laboral y trata de personas.

La Copa Mundial que compartirán México, Estados Unidos y Canadá promete atraer a millones de visitantes y generar una importante derrama económica. En Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey avanzan remodelaciones de estadios, ampliaciones hoteleras, obras aeroportuarias y proyectos de movilidad.

  • El Dato: La ONU, junto con otros organismos, presentó en abril el protocolo de actuación “Mundial Sin Trata” para denunciar posibles casos de explotación durante la justa.

Sin embargo, detrás de estas construcciones surge una pregunta que organizaciones civiles y organismos internacionales consideran urgente: ¿quién está levantando la infraestructura del Mundial y bajo qué condiciones?

“Hoy ya hay personas fabricando todo lo que se venderá durante la celebración: tazas, banderas, peluches y balones. ¿Quién cose esos balones? Lo mismo con los estadios. ¿Quién está cambiando los rollos de pasto? ¿Son manos adultas?”, cuestiona Diana Flores Rojas, directora de la organización Fin de la Esclavitud, que desde Guadalajara impulsa el proyecto Cero Tolerancia a la Explotación Sexual, Rumbo 2026.

La especialista advierte que los megaeventos deportivos históricamente han generado condiciones propicias para distintos tipos de explotación, desde el trabajo forzado hasta la trata de personas con fines sexuales.

Las advertencias no son hipotéticas. Durante la construcción de la infraestructura para Qatar 2022, organizaciones internacionales documentaron jornadas laborales extenuantes, retención de salarios, confiscación de documentos de identidad y condiciones precarias para miles de trabajadores migrantes.

Natalia Espinosa Trujillo, coordinadora del área de trata de personas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), explica que los grandes eventos suelen incrementar la demanda de mano de obra, situación que puede ser aprovechada por redes de explotación.

“En eventos masivos hemos documentado casos de trabajo forzado, tanto de nacionales como de migrantes. La mayoría son hombres que son enganchados con promesas de empleos maravillosos y, al llegar, descubren una realidad muy distinta”, señala.

Las preocupaciones alcanzan ya a México. En marzo pasado, la federación sindical Building and Wood Workers’ International denunció falta de transparencia en torno a las obras de remodelación del Estadio Azteca, que será sede del partido inaugural del Mundial el 11 de junio de 2026.

De acuerdo con datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), alrededor del 65 por ciento de las personas migrantes irregulares en México no tiene empleo. De ellas, aproximadamente 40 por ciento busca activamente trabajo. Entre quienes sí laboran, apenas una minoría cuenta con contratos formales o ingresos estables.

  • 5 días faltan para el evento inaugural del Mundial

Las mujeres migrantes enfrentan riesgos adicionales. Eunice Rendón, coordinadora de Agenda Migrante, advierte que además de robos, extorsiones y violencia física, muchas son víctimas de acoso, xenofobia y explotación sexual.

Las redes criminales han adaptado sus métodos de reclutamiento utilizando plataformas digitales y redes sociales para ofrecer supuestos empleos que terminan convirtiéndose en esquemas de trata o explotación.

El caso de “Lieny”, una migrante que logró escapar de un grupo que pretendía obligarla a prostituirse tras contactarla mediante falsas ofertas laborales, ilustra cómo la búsqueda de trabajo puede convertirse en una puerta de entrada para distintas formas de violencia.

Porque detrás de cada grada renovada, cada hotel ampliado y cada recuerdo que se venderá a los aficionados, habrá miles de trabajadores cuyo esfuerzo difícilmente aparecerá en las transmisiones televisivas.

Desde febrero, Harold Enrique Briseño encontró una oportunidad laboral que parecía impensable cuando salió de Honduras. Fue contratado para participar en los trabajos relacionados con la remodelación del Estadio Azteca (hoy Estadio Banorte), una de las sedes principales del Mundial.

Sentado durante una pausa de su jornada laboral, Harold recuerda la emoción que sintió cuando recibió la noticia.

“Nunca había ganado tanto, pero a veces pienso que ya no soporto el cansancio. Hemos estado a marchas forzadas. Lo de menos es trabajar; las personas que están encargadas no tienen buenos modos”, relata en entrevista con La Razón.

Como muchos migrantes, Harold llegó a la Ciudad de México buscando estabilidad económica. Durante meses recorrió diariamente largas distancias desde Ecatepec de Morelos, donde renta un pequeño cuarto que comparte con dos compatriotas hondureños que llegaron al país hace más de un año.

“En un principio hacía tres o cuatro horas de traslado. Salía de madrugada y regresaba ya muy noche”, cuenta.

Las labores más intensas concluyeron hace algunas semanas. Ahora, explica, gran parte del trabajo consiste en mantener las instalaciones en condiciones óptimas y supervisar que los alrededores luzcan impecables.

“Desde el mes pasado ya no estamos en reconstrucción. Ahora sólo revisamos que todo se vea bien, que no haya letreros o cosas que puedan afectar la imagen del estadio”, señala.

Entre esas tareas se encuentra retirar carteles y mensajes colocados por colectivos de búsqueda que frecuentemente acuden a las inmediaciones del inmueble para difundir las fichas de personas desaparecidas.

“Nosotros como migrantes también sabemos de compañeros que desaparecieron de la nada. Llegan a pegar las fotos y nuestro trabajo es limpiar. A veces no quisieras hacerlo”, confiesa.

Harold guarda silencio unos segundos antes de reflexionar sobre lo que representa el Mundial para quienes trabajan detrás de los reflectores.

“El Mundial es distinto para todos. Cada quien lo vive diferente. Unos cansados, otros tristes, pero siento que dentro de todo es una oportunidad de festejar algo”.


Google Reviews