Alertan “foco rojo” en microapuestas

Euforia, estrés y conflictos, el otro rostro del Mundial

Especialistas advierten que la respuesta a la emoción colectiva es instintiva y genera problemas sociales y económicos; reacciones químicas estimulan comportamientos impulsivos

Aficionados escalan la estatua de la Diana Cazadora en Reforma, el 18 de junio.
Aficionados escalan la estatua de la Diana Cazadora en Reforma, el 18 de junio. Foto: Cuartoscuro

El Mundial de la FIFA 2026 se ha convertido en algo más que un torneo de futbol. Para muchos, es una montaña rusa emocional donde cada gol, falla o victoria no sólo se vive en la cancha, también en el cerebro.

De acuerdo con la académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, Erika Villavicencio Ayub, la Copa del Mundo funciona como un “laboratorio gigante del comportamiento humano”, donde las emociones colectivas se intensifican al máximo.

  • El Dato: El FIFA Fan Fest del Zócalo capitalino juntó a más de 100 mil personas aficionadas. Además, en las fiestas de las 16 alcaldías se sumaron otros 200 mil aficionados celebrando.

“Cuando vemos jugar a la Selección Nacional, el cerebro no lo interpreta como entretenimiento. Lo vive como un escenario de supervivencia”, explicó.

La especialista detalla que el impacto emocional del futbol no es simbólico, es químico. Si el equipo gana, el cerebro activa circuitos de recompensa y libera dopamina, generando euforia, orgullo y una sensación de pertenencia colectiva.

Por eso, dice, la gente no sólo celebra: afirma que “ganamos”, aunque no haya estado en la cancha. Pero si llega la derrota, el sistema cambia por completo, la amígdala —estructura relacionada con la alerta y el miedo— interpreta el fracaso como amenaza. Entonces se liberan cortisol y adrenalina, las mismas sustancias que aparecen en situaciones de estrés.

  • 322 millones 879 mil pesos es la derrama del FIFA Fan Fest del Zócalo capitalino

“El cuerpo reacciona como si estuviera en peligro real”, explica la académica.

Incluso la forma en que hablamos lo refleja, dejamos de decir “perdimos” y pasamos a un más distante “perdieron”, como un mecanismo inconsciente para proteger la autoestima.

El problema, advierte Villavicencio Ayub, es que la emoción no se queda en el estadio o la pantalla. Se contagia.

En algunos casos, la euforia puede escalar a conductas agresivas o impulsivas. En otros, puede extenderse al hogar o a la vía pública, especialmente en contextos donde también influyen factores como el consumo de alcohol.

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“Hay un contagio emocional que puede afectar, incluso, a personas que no tienen interés en el futbol”, señala.

En México, añade, este tipo de eventos también puede relacionarse con un incremento en conflictos familiares, violencia y tensiones sociales, sobre todo después de partidos decisivos.

Según la especialista, la concentración laboral se ve afectada por el “ancho de banda cognitivo” de las personas se quedan atrapados en el partido. Esto puede derivar en irritabilidad, errores operativos y baja tolerancia a la frustración, especialmente después de una derrota.

“El Mundial se acaba, pero las tensiones en los equipos de trabajo pueden quedarse”, advierte Vicencio.

Otro punto de alerta está en la economía personal. La emoción del Mundial puede llevar a decisiones impulsivas: comprar pantallas, gastar en salidas o incluso endeudarse para no “quedarse fuera” de la experiencia.

“El endeudamiento por impulso tiene consecuencias en la salud mental y física a largo plazo”, advierte la especialista.

Villavicencio Ayub detalla que el mensaje es entender cómo nos afecta: “Hay que ver este torneo como lo que es. No es el fin del mundo, hay que disfrutarlo, pero también cuidar la salud mental”.

Pero la emoción del Mundial no sólo se vive frente a la televisión o en las tribunas. También se traslada, cada vez más, a las plataformas digitales de apuestas, un fenómeno que expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) observan con preocupación de cara a la Copa Mundial de Futbol 2026.

De acuerdo con especialistas, durante el torneo las apuestas en línea podrían incrementarse hasta en un 50 por ciento, impulsadas por la facilidad de acceso desde teléfonos móviles y por las estrategias comerciales que convierten cada jugada en una oportunidad para apostar.

Para el investigador de la Facultad de Economía de la UNAM, Gabriel Delgado Toral, uno de los principales focos de atención serán las llamadas microapuestas, una modalidad que permite apostar durante el desarrollo de los partidos sobre situaciones específicas como quién cobrará el siguiente tiro de esquina, cuántas tarjetas amarillas habrá o quién realizará el próximo disparo a gol.

“Las microapuestas serán el principal foco rojo durante el Mundial de 2026”, advierte el académico al señalar que el problema es que este tipo de dinámicas convierten los encuentros deportivos en una sucesión constante de estímulos que mantienen a los apostadores conectados los 90 minutos o más, lo que favorece conductas compulsivas.

A diferencia de las apuestas tradicionales, donde el resultado se conoce hasta el final del partido, las microapuestas ofrecen recompensas inmediatas que activan repetidamente los circuitos cerebrales relacionados con la expectativa y la recompensa, mecanismos similares a los involucrados en otras conductas adictivas.

Delgado Toral señala además que existe un “submundo” de apuestas informales y digitales del cual no se tiene una cifra exacta, lo que dificulta dimensionar la magnitud real del fenómeno en México.

Especialistas en salud mental dicen que cuando las apuestas se combinan con la intensidad emocional propia de un Mundial pueden generar ansiedad, frustración, estrés financiero y conflictos, especialmente entre ludópatas.


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