Vuelven al Azteca

Transforman al “Cielito lindo” en protesta por las desapariciones

Colectivos de búsqueda reparten fichas y rosas para visibilizar esta crisis en nuestro país; policías capitalinos frenan avance; exigen a autoridades federales reconocer su labor

madres buscadoras se manifiestan en las inmediaciones del estadio, ayer.
madres buscadoras se manifiestan en las inmediaciones del estadio, ayer. Foto: Cuartoscuro

A unos metros del Estadio Azteca, la protesta de familias de personas desaparecidas cambió el tono de una canción ligada al futbol mexicano.

Antes del partido entre México contra Chequia, madres buscadoras y colectivos llevaron fichas, rosas blancas y una versión propia de “Cielito lindo” hasta el Coloso de Santa Úrsula, donde exigieron una disculpa pública a autoridades federales.

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Bajo el ritmo que suele acompañar celebraciones de la Selección Nacional o momentos de unidad, esta vez la letra habló de ausencias y búsqueda en la tercera protesta que los colectivos organizaron con rumbo al Estadio Ciudad de México durante el Mundial de fútbol.

Cerca del mediodía, en una primera protesta frente al Monumento a la Revolución, Nancy Mendoza presentó la adaptación musical ante otras madres buscadoras. Allí pidió que no se criminalice la labor de quienes rastrean a sus familiares.

“Por todos los rincones, cielito lindo, vamos buscando, cruzando mares y tierras, cielito lindo, nunca parando”.

Durante ese acto, otra madre pidió a la sociedad no retirar ni vandalizar las fichas de búsqueda colocadas en la ciudad. Señaló que esos rostros pegados en la calle forman parte del camino para intentar localizar a sus seres queridos.

Horas más tarde, la protesta cambió de ubicación, pero no de emociones. Familiares de personas desaparecidas y madres buscadoras comenzaron a reunirse frente a la estación Textitlán del Tren Ligero. La consigna: llegar al Azteca, o al menos intentarlo, por tercera vez.

Rostros impresos circularon entre aficionados antes del partido. Las madres repartieron rosas blancas y fichas de búsqueda a quienes se acercaban al inmueble. En medio del flujo rumbo a las gradas, esos papeles llevaban nombres, fotografías y una petición directa de memoria.

Tan pronto comenzó la marcha por la dignidad de las personas buscadoras, una escena conocida por los colectivos apareció frente a ellos. Dos camiones del Agrupamiento de Caballería y decenas de elementos con equipo antimotines de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de la Ciudad de México cerraron el paso.

La marcha no avanzó como estaba previsto debido a que, según el acuerdo previo con autoridades capitalinas, sólo una comitiva de al menos 50 familiares podía avanzar de manera pacífica hasta el estadio, lo que limitó el desplazamiento del resto de los participantes.

Ya sin acompañamiento, las familias avanzaron escoltadas por autoridades, en un trayecto que parecía abrirse paso entre la vigilancia y la incertidumbre. Poco a poco, el murmullo del operativo se mezcló con el bullicio festivo de la afición que llegaba al encuentro deportivo.

Entre música, bailes y colores, irrumpieron con otra presencia: la de las ausencias. Caminaban sosteniendo fotografías que miraban de frente, flores blancas que contrastaban con el ambiente de celebración y consignas que rompían el ritmo alegre, recordando que su marcha no era de fiesta, sino de búsqueda.

“No son cifras ni expedientes, cielito lindo, son nuestras vidas, son las hijas y los hijos, cielito lindo, que no se olvidan”.

Pese al compromiso de avanzar sin restricciones, las madres encontraron otro cuerpo policial frente a la puerta A del Coloso. El paso quedó limitado hasta que autoridades locales permitieron que el contingente se colocara bajo el puente que conduce al estadio.

Minutos antes del inicio del tercer partido de futbol de la Selección, los colectivos entraron finalmente a la zona acordada. Allí leyeron un posicionamiento dirigido a la afición, al pueblo de México, a la comunidad internacional, a la Secretaría de Gobernación (Segob) y a la Presidenta Claudia Sheinbaum.

En ese punto, plantearon que su dolor “ha sido agraviado” por declaraciones hechas en la mañanera del pueblo del 11 de junio. En un documento rechazaron señalamientos sobre su protesta y afirmaron que su movimiento reúne a madres, padres, infancias, hermanas y hermanos.

Las familias pidieron una disculpa pública que reconozca su dignidad, retire señalamientos, garantice seguridad e informe a la sociedad por los mismos canales donde, dijeron, recibieron criminalización por parte del Estado. Incluso reclamaron que un pato fuera recibido por el Gobierno federal antes que ellas.

Allí, frente al estadio más emblemático para el futbol, quedó el testimonio de una madre que habló del dolor de no saber dónde están sus seres queridos. “Únicamente que me diga en dónde están para ir a recoger lo que haya quedado de mis hijos. Eso es lo único que queremos”, dijo.

La marcha cerró con un pase de lista en el que los nombres de los desaparecidos se amontonaban para ser recordados. Y al final, vino de nuevo esa melodía tan conocida. Frente al estadio que esa noche concentró la atención mundialista, “Cielito lindo” ya no sonó como festejo, sino como exigencia de memoria y dignidad.

“¡Ay, ay, ay, ay, grita y no calles, porque tu voz la reclama, cielito lindo en todas partes!”


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