El sexenio de Andrés Manuel López Obrador acumuló dos de los puntos más altos en casi dos décadas de registros sobre fosas clandestinas en México. En 2020, las fiscalías informaron la mayor cantidad anual de cuerpos recuperados de toda la serie iniciada en 2006 y, dos años después, alcanzaron el máximo histórico de sitios localizados. Los datos provienen del informe Trazar la ausencia, caminar la esperanza, de la Universidad Iberoamericana (UIA).
Los hallazgos identifican un aumento sostenido respecto al sexenio anterior y muestra que los años correspondientes a la administración lopezobradorista permanecieron en niveles elevados mientras la geografía de las fosas clandestinas cambió. En lugar de concentrarse en las entidades que dominaron etapas anteriores, los descubrimientos crecieron con fuerza en Sonora y Guanajuato, mientras que Jalisco mantuvo un volumen alto de víctimas exhumadas.
Ese comportamiento tuvo su primer punto crítico en 2020. Tanto las autoridades como la revisión de prensa rebasaron los 800 cuerpos recuperados en estos sitios, pese a utilizar fuentes y métodos distintos. Frente al año anterior, el conteo oficial aumentó 73 por ciento y el hemerográfico un 53. Ningún otro ejercicio entre 2006 y septiembre de 2024 superó el registro de las fiscalías alcanzado entonces.

Plaga, al alza, pese a esfuerzos federales
- El Dato: El sábado, el colectivo Buscadoras de la Frontera Nogales reportó el hallazgo de una fosa en Sonoyta, Sonora, donde encontró restos óseos y 50 casquillos percutidos.
A diferencia de ese máximo, que mide personas exhumadas, el de 2022 corresponde a lugares de entierro ilegales o clandestinos. Las procuradurías y fiscalías contabilizaron 630 fosas, la mayor cifra anual de la serie. El dato adquiere otra dimensión al compararlo con 2011, primer gran pico identificado por la investigación, cuando esas dependencias habían comunicado 193 hallazgos y los medios 217.
Durante el cierre del sexenio, los registros permanecieron en niveles elevados. Hasta septiembre de 2024, fecha límite del informe, las autoridades contabilizaban 552 fosas y la prensa 457. Para la base hemerográfica, esa cifra ya representaba el mayor número anual de hallazgos de toda la serie, pese a que todavía faltaban tres meses para concluir el año.
- 808 restos humanos fueron hallados en Jalisco
El contraste se amplió al revisar cuántas personas habían sido recuperadas de esos sitios. Los medios documentaron 930 cuerpos frente a 578 informados oficialmente, una diferencia de 352 durante los primeros nueve meses de 2024.
Frente a esa divergencia, la Ibero advierte que contar fosas y contabilizar personas no produce necesariamente la misma fotografía. Algunas fiscalías proporcionaron información precisa sobre los puntos localizados, pero omitieron el número de cuerpos extraídos, una carencia que el propio documento identifica como fuente de subregistro. Las notas periodísticas también pueden enfrentar errores al diferenciar restos humanos y cadáveres completos, aunque suelen aportar mayor detalle sobre las víctimas.
La expansión adquirió además una configuración territorial distinta. Sonora pasó de tres fosas documentadas por medios entre 2013 y 2018 a 361 durante el periodo siguiente, 120 veces la cantidad previa. Guanajuato avanzó de seis a 283. Estos movimientos resultan relevantes porque el estudio divide la serie en tres etapas y muestra que los principales focos cambiaron con el tiempo, desde estados del norte entre 2006 y 2012 hacia Veracruz, Guerrero y Jalisco en la administración de Peña Nieto, hasta este nuevo desplazamiento observado desde 2019.
En cuanto a personas recuperadas, Jalisco encabezó el último periodo con 808 cuerpos, mientras Sonora alcanzó 806 tras multiplicar por 14 el número de personas exhumadas de la etapa anterior. Guanajuato mostró otro problema: la prensa documentó cuatro víctimas por cada una reconocida por su fiscalía. Esas diferencias ilustran dos procesos paralelos: el crecimiento de los hallazgos y la dificultad para construir una cuenta homogénea entre instituciones y fuentes abiertas.

Para algunas ciudades, casi todo el registro acumulado desde 2006 quedó concentrado precisamente en los últimos años. Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, reunió 287 cuerpos entre 2019 y 2024, mientras Tijuana llegó a 162 y Hermosillo a 150. En el municipio jalisciense, nueve de cada 10 de las víctimas documentadas durante toda la serie apareció en esa etapa; la proporción fue idéntica en la capital sonorense y sólo una menos en la ciudad bajacaliforniana.
Con la pandemia de Covid-19, la búsqueda tampoco se detuvo. El informe atribuye a colectivos varios descubrimientos relevantes de 2020 y señala que, entre 2019 y ese año, sólo 46 por ciento de las 22 comisiones de búsqueda instaladas consideró que había recibido información “relevante, oportuna y accesible” de las fiscalías locales. En ese contexto ocurrieron hallazgos de gran escala en Guanajuato y Jalisco, que contribuyeron al salto observado en las estadísticas nacionales.
Los datos disponibles permiten una aproximación parcial sobre las personas que fueron exhumadas en estos lugares. De 2020 a septiembre de 2024, 76 por ciento de las víctimas que se pudieron identificar fueron hombres, mientras que el grupo de 20 a 39 años concentró la mayor parte de los registros.

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