EL GOBIERNO de Claudia Sheinbaum Pardo ha convertido la reforma constitucional en una de las principales herramientas para consolidar el proyecto político de la Cuarta Transformación, con modificaciones que van desde el Poder Judicial y los organismos autónomos hasta la participación del Estado en sectores estratégicos, los derechos sociales y el reconocimiento de pueblos indígenas y afromexicanos.
Especialistas consultados por La Razón y estudios académicos advierten que el tamaño de una agenda reformista no debe medirse únicamente por el número de artículos modificados, sino por la naturaleza de las instituciones y las reglas del poder que se transforman.
Y bajo ese criterio, el proceso iniciado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por Sheinbaum representa una modificación de mayor profundidad en algunos ámbitos, particularmente en la relación entre los Poderes de la Unión.
El constitucionalista argentino Roberto Gargarella, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires, dijo que uno de los ejemplos más evidentes es la reforma al Poder Judicial, que estableció la elección popular de ministros, magistrados y jueces, además de crear nuevas instituciones de administración y disciplina judicial.
En tanto el politólogo e investigador Alberto Aziz Nassif también ha cuestionado la reforma judicial por considerar que alteró de manera radical el modelo de carrera judicial.
Carlos Elizondo dijo: “El gobierno priista logró aprobar un paquete de reformas que, por volumen y diversidad, marcó uno de los mayores procesos reformadores de las últimas décadas”, pero concluyó que, pese al optimismo reformador con el que comenzó aquel gobierno, las modificaciones no lograron generar el crecimiento económico esperado, debido, entre otros factores, a la caída de los precios del petróleo y a problemas de implementación asociados con la administración de Enrique Peña Nieto.
Los expertos recordaron que durante el gobierno de Vicente Fox se reformaron 31 artículos constitucionales; con Felipe Calderón fueron 110, mientras que en el sexenio de Peña Nieto llegaron a 156, de acuerdo con el registro histórico de la Cámara de Diputados.
Una reforma puede modificar varios artículos y un mismo artículo puede ser reformado en distintas ocasiones. Por ello, contar artículos no equivale necesariamente a medir la profundidad de una transformación.
“Ahora la apuesta de la 4T es que sus cambios sean suficientemente profundos para sobrevivir a futuros gobiernos. Ahí estará la verdadera medida del reformismo de Sheinbaum: no cuántas reformas consiga aprobar, sino cuánto tiempo permanecerá en pie la nueva arquitectura del Estado que está ayudando a construir”, dijo Amelia Cazares, politóloga y especialista en legislación, y catedrática de la Universidad Veracruzana.
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