Sábado 19.09.2020 - 00:35

Le dijeron que su hija moriría... ella la salvó

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Foto Jaquelin Coatecatl La Razón

Ana María Miranda veía a su hija Alejandra morir. Tenía leucemia y los doctores sólo le daban el cinco por ciento de probabilidades de vida. La madre recibió dos opciones de los médicos: someter a su hija a una quimioterapía agresiva, que no la salvaría, o llevársela a su casa para “morir en paz con su familia”.

Habían pasado dos meses de tratamiento en el Hospital General de México y el cáncer no disminuía. La misma doctora afirmó a Ana: “está perdiendo el tiempo, igual se va a morir”.

“Me dijeron, si usted tiene un millón de pesos para que a su hija se le haga un trasplante, mejor guárdeselo, ya es muy tarde para ella, mejor llévela a su casa a morir en paz con su familia”, cuenta.

Poco después una opción surgió. Era llevar a Alejandra a Monterrey donde sería atendida en el Hospital Universitario José Eleuterio González de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Ahí llegó con el apoyo de la Fundación Unidos por el Arte contra el Cáncer (UNAC). La apoyaría a pagar parte del tratamiento, el precio del viaje era dejar solas a sus hijas menores, para salvar a su hermana mayor.

A pesar de que la leucemía había avanzado en un 98 por ciento de su cuerpo, el doctor David Gómez Almaguer, aceptó tomar el caso de la joven. El tratamiento consistía en un trasplante de médula ósea, para ello sus hermanas de 14 y 8 años, figuraban como las que tendrían una probabilidad del 70 al 100 por ciento de compatibilidad, sin embargo, los resultados indicaron lo contrario. No se pudo hacer la cirugía.

La última posibilidad de vivir era un trasplante aploidéntico, en el cual sólo el 25 por ciento de la información genética es compatible. La donante sería su madre.

A pesar de las bajas posibilidades para salvarse, su mamá pudo hacerlo. La intervención fue un éxito.

El método utilizado por la Unidad de Hematología del hospital regiomontano consiste en suministrar a los donantes de células madre factores de crecimiento celular para poder extraerles sangre. De su sangre, se filtran las células madre y el donador recibe su propia sangre de vuelta, lo que asegura un debilitamiento mínimo, a pesar de haber sido sometido a este proceso; las células sustraídas son reservadas para realizar el trasplante al paciente receptor.

El procedimiento implica que el paciente no requiera hospitalización y sólo acuda al nosocomio para recibir el transplante, lo cual ha significado una innovación a nivel mundial.

Ana María recuerda que las seis horas por dos día que estuvo conectada para la extracción de las celulas , sólo recordaba el nacimiento de su hija, sus primeros pasos, su primera palabra y la felicidad que le dio al enterarse de que sería mamá.

“Yo estaba en una edad complicada antes de detectarme leucemia, tenía muchas diferencias con mi mamá y era muy alejada de ella; pero con esta muestra de amor que me dio, me di cuenta que su cariño era lo más grande que yo tengo”, cuenta Alejandra que hoy sólo piensa en regresar a la escuela y disfrutar la vida con su madre, que le dio la vida por segunda ocasión.