Dejó riqueza en China para morir por Misrata

Dejó riqueza en China para morir por Misrata
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Foto Bertrand de la Grange La Razón

Mohamed Chadli había emigrado a China hace tres años, donde se había convertido en un próspero empresario. Cuando supo que su ciudad natal, Misrata, estaba asediada por las tropas de Muamar Khadafi, no se lo pensó dos veces: tomó el primer vuelo para Egipto y viajó por tierra hasta Libia, donde llegó hace dos meses. Murió el pasado sábado cuando defendía una de las tres entradas de Misrata.

“Mi hijo había vuelto a casa para proteger a su familia contra las hordas de Khadafi, que se dedican a matar a la población civil, a violar a nuestras mujeres y a destruir todo lo que encuentran en el camino”, cuenta Abderrahman Al Meghrik. Recibe el pésame de sus vecinos en su casa, a poca distancia del cementerio de Ras-Ali donde acaban de enterrar a su hijo, al lado de decenas de otros mártires recién caídos. La ceremonia, sencilla y muy concurrida, se repite día tras día. La víspera, siete combatientes por la libertad, como ellos se denominan, habían recibido sepultura. Hubo hasta sesenta muertos en un solo día cuando las tropas de Khadafi ocuparon el centro de la ciudad, antes de ser desalojadas por los shabab (muchachos), esos guerrilleros improvisados que no le tienen miedo a nada y lograron repeler los tanques del dictador con kalashnikovs, lanzacohetes RPG7, cócteles molotov y mucho ingenio.

Murieron por lo menos unos mil civiles y un número equivalente de soldados khadafistas, incluyendo decenas de mercenarios, en los enfrentamientos que destrozaron el centro de esa acogedora ciudad de la costa mediterránea, a 200 kilómetros al este de la capital libia, Trípoli.

Hoy, Misrata sigue cercada por la milicia de Khadafi, pero sus 500 mil habitantes respiran mejor, ya que la ciudad ha quedado fuera del alcance de la artillería. El peligro está cerca y se oye a lo lejos el estruendo de los temibles Grad, esos cañones multitubos que tanto daño hacen entre la población civil. Otro sonido, en cambio, alegra los habitantes de Misrata, que celebran el sobrevuelo de los aviones de la OTAN cuando se dirigen a las posiciones de Khadafi para bombardearlas.

“La OTAN nos ha pedido paciencia”, dice Yihad, otro de los siete hijos de Abderrahman Al Meghrik que participa en la defensa de la ciudad. Ese joven de 21 años, que estudia ingeniería en la universidad local, cuenta mucho con los helicópteros de ataque prometidos por Francia e Inglaterra que todo el mundo espera aquí con ansiedad. “Sólo podremos avanzar si tenemos el apoyo de esos helicópteros para destruir la artillería de Khadafi”, subraya Yihad. Hace apenas media hora, estaba en el cementerio, los ojos llenos de lágrimas y la mirada perdida, mientras enterraban a su hermano. Lo habían llamado de emergencia, y había dejado en el frente su vieja ametralladora antiaérea a cargo de un compañero. “Regresaré esta noche a mi posición. No hay otra opción si queremos impedir que la gente de Khadafi vuelva a tomar nuestra ciudad y acabe con todo lo que queda”.

Su padre no intentará retenerle. Y tampoco su madre. “Las madres piden a sus hijos que vayan al frente e, incluso, los despiertan en la mañana para que no falten”, dice Abderrahman Al Meghrik, que enseña filosofía y psicología en un colegio de Misrata. Escribe, además, relatos breves basados en la historia de su ciudad y publica artículos en dos periódicos egipcios. Su familia ha pagado una alta cuota de sangre. Hace casi dos meses, otro hijo, Fayzal, de 25 años y licenciado en economía, fue gravemente herido en la espalda por unas esquirlas de Grad. Tuvo que ser evacuado a un hospital de Túnez, donde sigue internado. Y, ahora, le han matado a Mohamed, de 28 años, que tenía su vida ya hecha en China, donde había montado una empresa de transporte marítimo con su hermano mayor para el traslado de mercancía entre los dos países.

“Una bala lo mató en Tawarga (40 kilómetros al este de Misrata)”, cuenta escuetamente su padre. Con una entereza que sorprende en esas circunstancias dramáticas, Abderrahman Al Meghrik pide “perdón al mundo entero” por los daños que Khadafi ha hecho fuera de las fronteras de Libia. “Ese hombre no tiene nada que ver con nosotros. Es la antítesis de nuestra historia y de nuestros valores nacionales. Pero, dentro de poco tiempo, Libia tendrá una nueva cara, atractiva y abierta al mundo”.

Muamar Khadafi reaparece en TV estatal y acepta tregua

Muamar Khadafi está listo para una tregua y frenar los combates en su país, expresó el presidente de Sudáfrica tras reunirse con él, pero el líder libio mantuvo la exigencia de alto el fuego de la OTAN.

Jacob Zuma aseguró que Khadafi insiste en que “se dé a todos los libios una oportunidad de hablar entre ellos” para determinar el futuro del país.

No señaló si Khadafi está dispuesto a dimitir, lo cual es la principal exigencia de los rebeldes.

La televisión estatal libia mostró imágenes de Zuma junto al dictador libio, quien no aparecía en público desde el 11 de mayo.