Venezuela, primero en erradicar la malaria, enfrenta hoy la peor epidemia en 5 décadas

Venezuela, primero en erradicar la malaria, enfrenta hoy la peor epidemia en 5 décadas
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En 1961 Venezuela se convirtió en el primer país en ser certificado por la Organización Mundial de la Salud por erradicar la malaria en sus áreas más pobladas, derrotando en esa carrera a Estados Unidos y otras naciones desarrolladas. De este logro sólo queda el recuerdo: en los primeros seis meses del año en el país sudamericano se reportaron 125 mil casos, lo que representa un incremento de 72 por ciento.

La crisis económica y sanitaria por la que atraviesa Venezuela ha retrocedido en sus victorias más de medio siglo. Ahora la enfermedad que se mantenía en remotas zonas de la selva donde había persistido en silencio, se ha esparcido por todo el territorio nacional a niveles no vistos en 75 años, según expertos médicos.

“Es una situación de vergüenza nacional”, afirma el doctor José Oletta, el último ministro de Salud venezolano antes de que Hugo Chávez asumiera el poder, en 1999, quien vive en la capital, Caracas, donde los casos de malaria están apareciendo ahora, también. “Yo estaba viendo este tipo de cosas cuando era un estudiante de medicina hace medio siglo. Me lastima. La enfermedad había desaparecido”, declara para The New York Times.

En las minas comienza todo. La difícil situación económica a la que se enfrentan los venezolanos, con una inflación anualizada que alcanza ya 700 por ciento, “al menos 70 mil personas de todas las ocupaciones han estado llegando a la región minera a lo largo del último año, expresó Jorge Moreno, experto de Venezuela en mosquitos. Mientras buscan el oro en hoyos encharcados, el lugar perfecto para la reproducción de los mosquitos, decenas de miles se están contagiando de malaria”, reporta The New York Times.

Éste es el caso de Reinaldo Balocha, un técnico de computación que decidió probar suerte en las minas venezolanas, donde no hay escasez de alimentos, pero sí enfermedades.

Balocha es uno de los miles que van a Ciudad Guayana, al oriente de Venezuela, a trabajar el oro en minas abiertas, pantanosas, dispersas en medio de la selva, buscando un futuro.

Allí “meseros, empleados de oficina, conductores de taxis, egresados de universidades y hasta empleados municipales que están de vacaciones en sus empleos como funcionarios del gobierno están cavando en busca de oro para el mercado negro, todo bajo la vigilancia de un grupo armado que les cobra una comisión y amenaza con amarrarlos a postes si desobedecen”.

El contagio se produce casi de manera inmediata. Estas personas regresan a sus casas en las principales ciudades, y son atacado por nuevos mosquitos que adquieren el mal y se luego se posan sobre el primero que pasa. En Venezuela no hay lociones ni artefactos para fumigar que impidan que los insectos piquen a las personas y pasen la malaria a otros.

El colapso económico ha “causado una gran migración en Venezuela, y justo enseguida está el esparcimiento de la malaria”, comenta el doctor Moreno, investigador de un laboratorio estatal en la región minera, al diario estadounidense. “Con esta crisis viene una enfermedad que se cocina en la misma olla”, agrega.

Oficialmente el esparcimiento de malaria en Venezuela se convirtió en un secreto del gobierno chavista. La administración de Nicolás Maduro no ha publicado reportes epidemiológicos de la enfermedad el último año y dice que no hay crisis.

Pero las cifras internas más recientes, obtenidas por The New York Times de médicos venezolanos que ayudaron a compilarlas, confirman que hay un repunte en proceso. “La enfermedad se extendió por gran parte del país, con casos en más de la mitad de sus 23 estados. Y entre las infecciones de malaria presentes aquí está el Plasmodium falciparum, el parásito que causa la forma más mortífera de la enfermedad”, explican fuentes al rotativo.

Venezuela, que en 1961 pudo preparar su desarrollo como una potencia petrolera y alimentó esperanzas de que ya existía un modelo para erradicar la malaria de todo el planeta, ahora cayó en el foso nuevamente. No suma al 60 por ciento de muertes por malaria que se han reducido en el mundo, según el informe de la Organización Mundial de la Salud.

Plasmodium Falciparum,

la más grave de las malarias

Ésta es la cepa que ha brotado en el país.

El periodo de incubación es de 9 a 14 días. Produce secuestro de hematíes en microcirculación venosa, evitando el paso por el bazo y, por tanto, su destrucción. Provoca malaria cerebral, con alteraciones en el nivel de conciencia, coma, convulsiones, hipoglucemia, hiperinsulinemia en adultos, acidosis metabólica, ictericia o hemorragias. Éstos son signos de mal pronóstico que requieren una actuación médica inmediata. La enfermedad es grave en niños y mujeres embarazadas.

En hospitales de Caracas no hay agua, medicinas, ambulancias, médicos...

Por Mabel Sarmiento / mundo@3.80.3.65

Para un médico el día a día en el Periférico de Coche, un hospital ubicado al sur de Caracas, es una verdadera carrera contra el tiempo, pues no tienen ni siquiera los insumos básicos para atender a un paciente que llegue con una apendicitis.

En ese puesto asistencial si una señora trae a un bebé con posible fractura no hay forma de hacerle una placa de rayos X. “Lo referimos a otro centro o le decimos que vaya, se haga la placa y regrese. Si es un dolor abdominal lo evaluamos y si está caminando lo dejamos en observación, pero no es posible llevarlo a quirófano si la urgencia no compromete su vida”, asegura un cirujano, jefe del área traumatología y toxicología.

“Estamos recibiendo más que todo a los tiroteados, a personas que lleguen con heridas de armas o lesionados graves producto de un accidente de tránsito. Pero igual no los podemos dejar en la terapia porque no hay médicos intensivistas”, explica el galeno.

El consultorio de emergencia no tiene agua. Éste es un problema en todo el hospital. Desde el miércoles hasta el domingo los trabajadores, pacientes y familiares almacenan agua en botes de plástico para poder asearse.

“Mi familia trae hasta el cloro para desinfectar el lado donde estoy. Llevo tres meses aquí y no me han podido operar porque se me infectó la pierna. Aquí no hay antibióticos. Me dijeron que de lunes a martes inicia el plan operativo, pero ahora y que van a parar los ascensores ese día”, señala Rodolfo Rodríguez, un paciente del centro de salud.

La comida de los internos es deficiente. Y según contaron los hospitalizados, no les van a dar este viernes, sábado y domingo porque fumigarán la cocina.

En iguales condiciones están el hospital de Los Magallanes de Catia, el José María Vargas y el de Lídice, todos ubicados al oeste de la capital venezolana, en los que los trabajadores de la salud han protagonizado protestas durante toda la semana.

Otra de las denuncias de los médicos es que las morgues están colapsadas: no tienen ventiladores y las cavas están dañadas. En el Vargas y en el Periférico de Catia se descompusieron dos cadáveres la semana pasada. Tampoco hay servicio de ambulancias, ni vigilancia.

“Hemos hablado y llevado un informe al Papa Francisco y pedido su mediación. Pero seguimos con esta crisis humanitaria, pues no hay reconocimiento por parte de las autoridades de esta grave situación”, destaca Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana.

Los hospitales caraqueños están paralizados en más de 65 por ciento, de acuerdo con los mismos trabajadores, dado que no cuentan siquiera con reactivos para exámenes de rutina.