Gamés estaba pescando en aguas extraterritoriales. La noticia corrió como fuego en la paja del internet. El científico Stephen Hawking declaró para una serie televisiva del canal Discovery que “los extraterrestres seguramente existen”. Según Hawking, si los encontramos es mejor no hablar con ellos. La teoría, o hipótesis, del gran astrofísico es que los aliens vendrían a proveerse de recursos y luego se irían, adoptando una actitud, afirma la nota en varios portales, similar a la de Cristóbal Colón cuando llegó a América. Así las cosas, Hawking afirmó que es mejor evitar el contacto. Gamés caminó sumamente preocupado por el amplísimo estudio debatiéndose entre la credulidad y la duda. ¿Hawking ha declarado tal cosa? ¿Existen los marcianos, o como se llamen? Ciertamente Gilga ha visto personas muy extrañas recientemente, pero quizá no todas sean extraterrestres.
Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: si Hawking, el gran científico que ha trabajado en las leyes básicas que gobiernan el universo, afirma que los extraterrestres vienen, pues vienen y se acabó. El problema es que Gil no sabe si seguir la recomendación de Stephen y alejarse de los aliens o hablar con ellos aun corriendo el riesgo (ah, el gerundio) de que lo secuestren y lo lleven en una de sus naves a mundos extraños. De hecho, Gamés cree que se ha encontrado con algunos alienígenas e incluso los ha visto en la televisión. Son seres extraños que pretenden colonizar la tierra y dominar el mundo. Uno de ellos responde al nombre de Elba Esther Gordillo; otro más voltea la cabeza si se le llama por su nombre: Manlio Fabio. Ya le parecía a Gamés que la forma de hablar de esa cosa extraña que responde al nombre de Onésimo Cepeda no era algo terrícola. No por nada el obispo se embuchacó toda una pinacoteca, la quiere llevar a su planeta para que sus congéneres conozcan el arte humano.
Si, como dice Hawking, los extraterrestres vendrán sólo a cargar gasolina y luego abandonarán nuestro animal planet, la verdad Gamés siente como que lo hacen de menos. ¿Nada más aprovecharnos como gasolinería y seguir su viaje? Quizás la gasolina de ellos es el whisky y entonces sobrevendrá una terrible escasez, no habrá ni una gota de single malt. Algo como una duda taladró a Gil, razón por la cual se dedicó a leer La estructura a gran escala del espacio-tiempo y relatividad general: revisión en el centenario de Einstein, y el gran éxito de ventas Breve historia del tiempo. Agujeros negros y pequeños universos. ¿Lo dudan? ¿No consideran a Gil capaz de estas lecturas? Allá ustedes.
Toda la culpa, en el caso de que exista alguna, es del ser humano. Tantos mensajes enviados a la nada con información acerca de nuestro planeta y con la esperanza de que fueran captados por alguna civilización lejana. Ça y est. Ahora mal: quizá Stephen Hawking no lo sepa, pero si leen sus periódicos, ven su televisión y oyen su radio, les será fácil entender que hace décadas están entre nosotros. A Gil le avisaron por teléfono que los aliancistas son todos ellos extraterrestres. Piensen en el nombre de Malova, ¿a qué les suena? Exacto, a un planeta lejano. Y ciertos personajes de la vida pública, como Miguel Sabah, Nino Canún, Chabelo, Dresser, ¿no les suenan raro? Extraterrestres, caracho.
Quizá Hawking se preguntará como Dalí antes de morir: “¿Dónde está mi reloj?”.
Gil s’en va
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