Triste primavera

En los 5 años que van de la administración del gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, el estado ha sumado mil 200 ejecuciones relacionadas al crimen organizado y el mismo número de denuncias por desapariciones ante la Procuraduría General de Justicia sin que haya un solo responsable en la cárcel por estos crímenes, según la información publicada en la nota: “Indignación y Hartazgo” del periodista José Gil Olmos, en el semanario Proceso.

Tan sólo en lo que va del año se ha registrado casi un asesinato al día en la entidad y como ocurre en otras “plazas calientes” la mayoría de los muertos en Cuernavaca, ciudad de la eterna primavera, son los jóvenes.

Generaciones enteras obligadas a convivir y a acostumbrarse a la violencia. Los datos de la impunidad en Morelos deberían ser razón suficiente para que Adame renuncie de manera inmediata. De nada sirve un gobernador incapaz de generar condiciones mínimas de seguridad y justicia a sus ciudadanos. Es la función más elemental de un gobierno, local o federal, da lo mismo.

El asesinato de Juan Francisco Sicilia junto con otras seis personas y la actitud que ha tomado su padre, el poeta Javier Sicilia, frente a la tragedia han generado la solidaridad no sólo de su comunidad, sino de gente en todo el país que comparte la indignación y el coraje que sienten los morelenses por los crímenes de los que son blanco y el abandono de sus autoridades. Detrás de las marchas, las pancartas y sus consignas están miles de historias de familiares, amigos y víctimas directas de la violencia.

Ya es difícil encontrar a alguien que no tenga una experiencia personal o al menos cercana. Por eso el “ya estamos hasta la madre” de Sicilia ha sonado con tanta fuerza y se ha sentido tan próximo entre quienes le hacemos eco.

La descomposición del tejido social no sólo se ha dado desde la crueldad y el sin sentido de los hechos violentos que protagonizan los criminales; la clase política y su mezquina lucha por el poder contribuyen de igual o hasta en mayor medida a este despropósito. En la hora que reclama la unión de todos para sacar adelante una de las etapas más críticas en la historia del país, los líderes políticos parecen más concentrados que nunca en lo inmediato: ganar la siguiente elección. Hay que llegar al poder aunque, como dice Sicilia en su carta, terminen gobernando un país de osarios o de seres amedrentados y destruidos en su alma.

Salir a la calle sirve para exigir esa justicia que no llega en Morelos, pero tampoco en Chihuahua, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y sígale contando. Sirve para sabernos dueños, aunque el sentimiento sólo dure unos instantes, de los espacios que pertenecen al público. Hay que levantar la voz y pedir que los que están legalmente obligados a hacerlo, rindan cuentas. Que sientan, vean y escuchen nuestro hartazgo.

No es una lucha de algunos, es la causa que debemos respaldar todos porque bien lo apunta en su misiva Javier Sicilia, al referir unos versos de Bertolt Brecht cuando el horror del nazismo, es decir, el horror de la instalación del crimen en la vida cotidiana de una nación, se anunciaba: “Un día vinieron por los negros y no dije nada; otro día vinieron por los judíos y no dije nada; un día llegaron por mí (o por un hijo mío) y no tuve nada que decir”. Para eso sirve salir a la calle, para que, como dice el poeta, los versos de Brecht no se hagan realidad en nuestro México.

La Caminera. En las últimas semanas varias estrellas de los noticiarios por televisión han anunciado su retiro o la posibilidad de cambiar de aires, pensando incluso en trabajar para la competencia. La lista incluye hombres y mujeres. Veteranos y estrellas de nueva generación pero, que no cunda el pánico. Los movimientos ocurren del otro lado de la frontera en cadenas como NBC, CBS, FOX y CNN. Casos conocidos como el de Larry King o Glenn Beck a los que al parecer se suman los de Katie Couric, Meredith Viera y Matt Lauer, entre otros…

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