Enrique Acevedo
La historia se ha contado de mil formas y en decenas de formatos, prácticamente todos los ángulos parecen cubiertos. Ahora sólo queda dedicarnos a la tarea de no olvidar nunca lo sucedido esa mañana de septiembre. Se trata del día en el que cambió el curso de la historia. Una frase trillada pero no por eso menos cierta. El 11 de Septiembre marca un antes y un después en nuestras vidas, nos dejó entre otras secuelas, un mundo en el que ahora se habla de privacidad con nostalgia.
Parece que todos tenemos una historia del 9/11 porque de alguna u otra forma, todos sentimos con cierta proximidad lo ocurrido. El atentado fue contra una comunidad global representada en la ciudad más diversa del planeta y en las múltiples nacionalidades de quienes perdieron la vida en los ataques. Nueva York y su World Trade Center fueron el blanco perfecto para los perversos objetivos mediáticos e ideológicos de los terroristas. La ciudad todavía viste las cicatrices de esa mañana en la zona cero, pero también en la memoria colectiva de sus habitantes.
En los 10 años que han transcurrido de los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono en Washington DC, se iniciaron dos guerras y se registraron más ataques en ciudades como Madrid, Londres, Mumbai y Bali, entre otras. Conocimos de tortura, mientras las libertades individuales y los derechos fundamentales perdían terreno contra los argumentos en pro de la seguridad. Ganó la violencia, se sobrepusieron los halcones. Tal vez así se pueda entender mejor la celebración que cientos de jóvenes armaron, de forma espontánea, a las afueras de la Casa Blanca y en la zona cero, la noche en la que el presidente Obama anunció la muerte de Osama Bin Laden.
Quizá la mejor forma de recordar lo sucedido es a partir de las historias individuales. Las que hablan del dolor que deja la pérdida de un ser querido. Los pasajeros y sobrecargos a bordo de los aviones secuestrados, las víctimas dentro de las estructuras siniestradas, pero también las historias de heroísmo. Los bomberos que quedaron enterrados bajo toneladas de concreto mientras subían docenas de pisos hasta el fuego. Policías y rescatistas que llegaron a auxiliar a las víctimas y que ahora sufren de enfermedades respiratorias por los gases que respiraron en el lugar del atentado. Por muchas razones, no se trata de un aniversario más.
Este año, cientos de escuelas alrededor de los Estados Unidos incorporan los acontecimientos del 11 de Septiembre al currículum educativo. Desde la trayectoria de los aviones hasta el número de víctimas fatales. Son lecciones sobre tiempos violentos, pero esperemos que también sirvan como lecciones de paz.
La Caminera. A poco más de un año de que termine su sexenio, el presidente Calderón sigue abriendo frentes de batalla. El rival en turno es ahora el Poder Judicial, a quien le carga buena parte de la culpa de la situación por la que atraviesa México. No recuerdo un enfrentamiento así entre Ejecutivo y Judicial, pero dudo que algo bueno pueda surgir de esto.
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