Ébola ¿arma bioquímica?

Juan Pablo de Leo Spínola

Para los gobiernos de países en desarrollo hay pocas cosas que pueden desestabilizar a la sociedad, la economía y la política tanto, como un virus infeccioso fuera de control.

Mientras la percepción pública y la prensa internacional se avocan a las afectaciones de salud causados por el virus del ébola en Africa, el fantasma de algún ataque terrorista con armas biológicas incomoda a muchos, que ven en la actualidad mundial, una volatilidad que ha empoderado a nuevos grupos terroristas y gobiernos radicales.

Para Estados Unidos, el potencial riesgo terrorista que representa el ébola añade una nueva dimensión al brote; no es un tema de salud pública, es un tema de seguridad nacional. Los norteamericanos se han involucrado más allá de la ayuda internacional, con miras a atender y entender la presencia de un brote tan agresivo en territorio propio. En 2010, el Departamento de Defensa firmó un contrato de 140 millones dólares para desarrollar un tratamiento contra las infecciones de ébola.

Aunque sobran los ejemplos —empezando por la Unión Soviética que lanzó el programa secreto de armas biológicas VECTOR—, los esfuerzos para transformar el ébola en un arma biológica parecen haber fracasado. La inversión millonaria en investigación de vacunas contra este virus, habla de la seriedad y consideración que le tiene el gobierno estadounidense. A pesar de no tener una cura, existen medicamentos, en pruebas clínicas, desarrollados por una empresa de biotecnología llamada Mapp Biofarmacéutica, que trabaja con los Institutos Nacionales de Salud, así como con agencias militares especializadas en bio-defensa.

Dos doctores estadounidenses contrajeron la enfermedad y tras ser trasladados a Atlanta —en un jet especial— acompañados por una enfermera y seis médicos, equipado y construido por el Departamento de Defensa, con una carpa de aislamiento plástico conocido como sistema de contención biológica aeromédica, y han sido atendidos con este “suero secreto”, conocido como ZMapp. Los médicos fueron diagnosticados con ébola después de visitar África, tras el brote que ha matado a casi 900 personas. Ambos se recuperan después de haber recibido la droga que aunque no ha sido aprobada por la Agencia de Alimentos y Drogas, lo urgente de la situación justificó su uso. Ambos tuvieron que dar su consentimiento, a sabiendas de que nunca había sido probado en seres humanos.

Existen protocolos de emergencia para casos como éstos. La sala en el Hospital Emory, donde la pareja recibe atención, es una de las pocas instalaciones de este tipo y fue construido con la ayuda del gobierno. Está diseñado sólo para las enfermedades transmisibles, raras y críticas, y se ha utilizado un par de veces.

Independiente del origen del brote —ya sea por ataque terrorista o transmisión común—, hoy es imposible pensar en gobiernos sin protocolos actualizados para atender emergencias. Ante escenarios comparativos, preocupa la respuesta de médicos especialistas en México con respecto al ébola y otros agentes virales: “si nos llega, estamos fregados”.

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