Ubaldo Díaz
Hace 46 años en la Vocacional 5 del Instituto Politécnico Nacional inició la revuelta de 1968. Todo empezó con un pleito contra estudiantes de la Preparatoria Ochoterena en las inmediaciones de la Plaza de la Ciudadela. En el pleito de las dos escuelas apareció la brutalidad de los granaderos en contra de los rijosos. Así escaló el movimiento hasta los hechos conocidos de la matanza del 2 de octubre. Entonces no hubo tacto para detener la protesta estudiantil. Ni el presidente Gustavo Díaz Ordaz ni el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, tuvieron el tino que vimos el martes de parte de Miguel Ángel Osorio Chong de salir a dar la cara a los manifestantes politécnicos. Osorio Chong se subió al templete de los estudiantes y dio un paso adelante para desactivar el conflicto al ofrecer respuestas a las demandas. El hecho fue inusual y los alumnos no lo esperaban. Salieron ganando ellos y salió ganando el gobierno con la insólita forma de enfrentar un conflicto que parecía que escalaría. La acción del hidalguense arrebató las banderas a los activistas que querían llevar agua a su molino este 2 de octubre. Los estudiantes politécnicos dieron muestra de civilidad. No se vieron infiltrados como lo denunció la directora Yoloxóchitl Bustamante, que por cierto parece que está con un pie fuera de esa institución.
A Ángel Aguirre no le quedó otra que salir a dar la cara frente al conflicto de Iguala, después de haber estado escondido por tres días. Las presiones fueron tales, que tuvo que reconocer que los policías fueron los que dispararon y mataron a los normalistas y futbolistas. El estado de Guerrero cada día se pinta de rojo por tanta sangre derramada un día sí y otro también. Los guerrerenses no olvidan que Aguirre se convirtió en gobernador interino tras aquella masacre de Aguas Blancas. Y hoy está a punto de caer por otra ola de asesinatos y revueltas sociales que vive la entidad. Ángel Aguirre no ha sabido gobernar, ni con la ayuda de su poderoso sobrino y cuestionado hermano Mateo, que abandonó el gobierno guerrerense y luego fue despedido de Morelos, donde desempeñaba un cargo federal, pero que por sus malos manejos pidieron su renuncia.
En un amplio sector del panismo no cayó bien que Gustavo Madero dejara la dirigencia del partido para satisfacer sus ambiciones legislativas de convertirse en diputado plurinominal para ir a la segura de entrar a San Lázaro. Tanto ruido hizo para llegar a la dirigencia panista, para que hoy la abandone sólo por sus ambiciones políticas. El hecho muestra que no quiere dejar un solo espacio a los calderonistas-corderistas que pretendían la coordinación de la bancada, pero con Madero como diputado, lo más obvio es que sea el propio Madero.
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Perú: la república sin presidente
