Guillermo Hurtado
El Dr. José Alfredo Torres ha publicado México y su moral (Editorial Torres y Asociados, México, 2014). El opúsculo incluye cuatro ensayos que versan sobre la dimensión moral en los jesuitas novohispanos del siglo XVIII, el caudillismo revolucionario del siglo XX, la campaña presidencial de Vasconcelos y la crisis actual de la educación en las universidades públicas.
El capítulo sobre Clavijero discute un importante artículo de Jaime Labastida sobre la pertinencia de calificar como ilustración mexicana al movimiento de recepción de obras francesas, inglesas y alemanas en el siglo XVIII novohispano (“La ilustración novohispana”, Revista de la Universidad de México, marzo de 2012). Labastida considera que no es correcto sostener que en la Nueva España hubo un genuino movimiento ilustrado y que tampoco se puede afirmar que haya sido un precursor de la Independencia.
Torres concede a Labastida que los jesuitas del siglo XVIII no fueron ilustrados, fueron más bien eclécticos, y que tampoco pensaron en rebelarse en contra de la Corona. Sin embargo, sostiene que en el pensamiento y en la obra de los jesuitas hubo una veta revolucionaria que luego tendría algún impacto en nuestra revolución de independencia.
Los capítulos sobre el caudillismo y la elección de 1929 abordan el tema de la perversa moralidad que crece a la sombra del caudillismo. Torres afirma que los problemas de moralidad pública mexicana proceden de ese periodo infeliz de nuestra historia en la que los caudillos revolucionarios mandaban sobre vidas y destinos. Torres considera que hay una continuidad entre el caudillismo de Obregón y Calles y el presidencialismo del PRI y que esa fórmula sigue teniendo sus efectos en el presente. Me parece que la tesis de Torres es demasiado fuerte. Por una parte, el caudillismo es un fenómeno que se origina en el siglo XIX, antes de la Revolución y, por la otra, entre el caudillismo y el presidencialismo hay diferencias considerables. Además, habría que considerar el fenómeno del caciquismo, que es aún más antiguo y extendido.
Por último, en el capítulo sobre la moral dentro de la universidad, denuncia el abandono de la ética en la universidad pública. Torres considera que el proyecto de Justo Sierra de fundar una universidad en la que se mexicanice el conocimiento, en la que no sólo se preste atención al microscopio o al telescopio, ignorando lo que sucede en el entorno nacional, sigue siendo vigente. La universidad pública, opina Torres, ha caído en una degradación ética por los planes de estudio que supeditan la formación individual a los requerimientos del mercado y por los denigrantes programas de estímulos académicos. La universidad pública , afirma Torres, no cumple con su misión, que es la de estar al servicio de México y no de los intereses individuales o, peor aún, del capital extranjero. Las universidades públicas ya no pueden seguir dándole la vuelta al tema de la formación ética.
México y su moral puede verse como un primer paso hacia la formulación de una genealogía de la moral mexicana. Como se recuerda, Nietzsche llamó a uno de sus libros La genealogía de la moral. Desde entonces, el método genealógico busca en el origen de los conceptos la clave para entender su sentido. Se trata de un complejo método filosófico, histórico y filológico que nos permite esclarecer el núcleo de los conceptos que usamos hoy en día.
Más allá de un mero ejercicio etimológico, lo que se busca es la comprensión de las prácticas en las que dichos conceptos se empezaron a usar con cierto fin. El único que había intentado con anterioridad hacer algo equivalente fue Leopoldo Zea en su obra de 1952 Conciencia y posibilidad del mexicano (Porrúa y Obregón, México, 1952) Pero a diferencia de Torres, Zea proponía lo que he llamado una inversión de los valores mexicanos. Según él, lo que para otros resulta inmoral, para nosotros, puede verse como moral, ya que ha surgido de una experiencia propia con la dimensión normativa.
El libro del Dr. José Alfredo Torres es una invitación a pensar nuestro pasado y nuestro presente desde una crítica a la moral pública. Me parece que es un libro valioso que reabre un campo de discusión que debería ser más cultivado por la filosofía mexicana.
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