La psicología se ha encargado históricamente, de estudiar el sufrimiento emocional y sus posibles curas. El foco ha sido el trauma original, del que se desprenden los síntomas de la vida adulta: angustia, depresión, miedos, obsesiones y compulsiones, entre otros.
Este objeto de estudio debería ser enriquecido con una visión integral de las personas, llenas de contrastes: las características de la personalidad pueden ser positivas o negativas, dependiendo de la intensidad y del contexto.
Alguien que siempre se está quejando, tiene una relación crónicamente mala con su ambiente, pero alguien que nunca se queja puede sentirse atrapado en el silencio y el sometimiento. La queja sirve, en la medida y en el momento adecuado, como un recurso para denunciar agravios y para defender la dignidad.
No existe todavía un cuerpo teórico y práctico suficiente sobre las fortalezas; sobre cómo apuntalar la gratitud, la flexibilidad de pensamiento y todas las emociones que podrían amortiguar el impacto negativo de los momentos difíciles y prevenir la aparición de trastornos.
Muchos estudios realizados después de la aparición del movimiento de la Psicología Positiva, (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000) afirman que existe una relación causal entre la ausencia de características positivas y el sufrimiento. Existen cientos de investigaciones sobre la soledad y muchas menos sobre las relaciones positivas y amorosas. Se ha estudiado mucho sobre la preocupación y la rumiación y poco sobre la flexibilidad psicológica.
Muchos estudios para comprender el enojo y poca investigación sobre el perdón. Incontables artículos publicados sobre los procesos cognitivos de la depresión (sentimientos de fracaso y atrapamiento) y poca curiosidad científica sobre la capacidad para valorar y agradecer.
Wood y Joseph (2010) estudiaron a 5500 personas y encontraron que aquellos que calificaron bajo en autoaceptación, autonomía, sentido de propósito, relaciones positivas con otros, adaptación al ambiente y capacidad de crecimiento personal, mostraron a la vuelta de 10 años, una probabilidad 7 veces mayor de desarrollar una depresión clínica.
Las personas con mayor capacidad para ser optimistas y expresar gratitud, experimentaron menos ansiedad y depresión con el paso de los años.
Por tanto, hacer más investigación sobre el funcionamiento positivo de la personalidad, puede disminuir el riesgo de enfermedad mental.
La ansiedad, la hostilidad, la depresión, la autodescalificación, la impulsividad y la vulnerabilidad al estrés son rasgos que influirán de modo decisivo en la satisfacción vital de las personas. Investigar sobre los rasgos contrarios y desarrollar estrategias para fortalecerlos, es un campo que la psicología positiva ha abierto a los profesionales de la salud. La psicoterapia aborda los síntomas que producen sufrimiento pero también podría promover el desarrollo y la práctica de cualidades como la gratitud, la autenticidad, el amor, la justicia, la valentía y la vitalidad.
Si nos interesa acercarnos a descripciones más realistas del ser humano, habrá que incluir luces y sombras.
*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.
valevillag@gmail.com
Twitter: @valevillag

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