GENTE COMO UNO

Deysi, ese grito de auxilio…

Deysi duele y horroriza porque no es “un caso aislado”, es un ejemplo más de la realidad letal de miles de niñas en México, que combina violencia sexual, matrimonios y uniones forzadas, pobreza, racismo y abandono, de las instituciones, del entorno familiar y de la sociedad

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

No pudo haber peor escenario en plena semana de Reyes Magos, que el de una niña de 10 años luchando por su vida en un hospital de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, por complicaciones de parto. Es indignante y demasiado doloroso imaginar a esa criatura de poco más de un metro veinte de estatura y 40 kilos de peso, obligada a atravesar el trauma de un embarazo a destiempo y un parto de altísimo riesgo.

Los médicos documentaron aplastamiento de vejiga y uretra y daños severos en otros tejidos internos del cuerpo de la niña; el recién nacido, prematuro y frágil, también se encuentra delicado y resistiendo.

Deysi “N” llegó al Hospital de la Mujer acompañada por un joven de 18 años que se presentó como su “esposo” y que desapareció en cuanto el trabajador social que se atrevió a denunciar, activó a la fiscalía.

Deysi duele y horroriza porque no es “un caso aislado”, es un ejemplo más de la realidad letal de miles de niñas en México, que combina violencia sexual, matrimonios y uniones forzadas, pobreza, racismo y abandono, de las instituciones, del entorno familiar y de la sociedad.

Niñas salen de la escuela primaria en Zinacantán, Chiapas, en foto de archivo. ı Foto: Cuartoscuro

En 2024 se registraron en México 89 mil 527 nacimientos de madres entre 10 y 17 años, lo que equivale a una tasa de 10.1 nacimientos por cada mil niñas y adolescentes de ese grupo de edad (Inegi). 82 partos fueron de niñas de 10 años; 102 de niñas de 11; 231, de 12; 970, de 13 y 4 mil 598 de 14 años. Chiapas encabeza la tasa de maternidad adolescente, con 19.4 nacimientos por cada mil niñas de 10 a 17 años. Deysi es una de ellas…

Pero hay datos aún más aterradores de la Secretaría de Salud, que reporta que en embarazos registrados en menores de 16 años (56 mil 610) hay casos de diferencia de edad entre el padre y la madre de hasta 69 años.

En 500 de los casos los padres rebasan los 40 años de edad y en más de mil casos, pasan de los 30. Eso no es “romanticismo temprano”, es violencia sexual sistemática. Es imperdonable.

En 2021, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) arrojó que 7 de cada 10 agresores de niñas y adolescentes son familiares y el hogar es el primer escenario del abuso.

Las historias se vuelven desoladoras cuando tantas familias prefieren callar y “arreglar” el daño casando a la niña con su agresor, disfrazando la violencia de “usos y costumbres” o justificándola por necesidad económica.

El matrimonio infantil en México está prohibido. Las reformas al Código Civil Federal y las legislaciones estatales fijan los 18 años como edad mínima para casarse.

La cohabitación forzada con menores está tipificada como delito, con penas que alcanzan los 15 años de prisión, que pueden aumentar si la víctima pertenece a una comunidad indígena o afromexicana.

Pero en México la ley y la realidad claramente no siempre se juntan.

Por eso nos pesan tanto los números de violencia sexual infantil, abandono escolar y rezago educativo, cuando el 53 por ciento de las niñas que se convierten en madres antes de los 17 años, abandona la escuela antes de terminar la secundaria, porque muchas terminan viviendo en unión libre con su agresor.

Así, entre el analfabetismo y una cadena de violencia difícil de romper, vemos la condena de miles de niñas que se repite como si la evolución del mundo no existiera para ellas.

Hoy yo no tendría que estar escribiendo sobre una niña de 10 años que agoniza en un hospital a consecuencia de un parto que no le correspondía y que aunque sobreviva, ya se llevó su vida.

En México ya es hora de que ninguna niña tenga que atravesar por un embarazo forzado; ya es hora de que los agresores lleguen a juicio y paguen.

Ya es hora de que las escuelas sean espacios seguros, que los hospitales activen protocolos a tiempo, que las familias acompañen y que las procuradurías actúen.

Ya es hora, pero parece que nadie se mueve de manera tan eficaz como la violencia, que sigue ganando terreno y rompiendo vidas, confirmando que en México la infancia —sobre todo la infancia pobre, indígena y rural— sigue siendo la más lastimada y la última en la lista de prioridades del Estado y la sociedad. Todos hemos fracasado…

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