ANTINOMIAS

Maxwell, la pieza clave en el caso Epstein

Antonio Fernández. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón

Mucho se ha hablado del caso Jeffrey Epstein, pero muy poco de quien fue su pareja y socia, Ghislaine Maxwell, quien reclutaba a las jóvenes para el abuso sexual, utilizándolas también para hacer relaciones públicas y negocios con las élites del poder.

El caso de la pareja Epstein-Maxwell no representa únicamente la depravación de dos individuos, sino la existencia de una infraestructura de impunidad, sostenida por el prestigio de terceras personas. Mientras la justicia ha procesado a los perpetradores principales, ha sido omisa en investigar a todos los participantes de las violaciones y actos de pederastia, lo que ha generado un debate sobre la impartición de justicia y la responsabilidad ética de los jueces que evaden tocar el tema.

Para Epstein, la red de contactos no era sólo un grupo social, era su activo más valioso, pues además de negocios le generaba una capa de protección e invisibilidad contra cualquier denuncia. La responsabilidad de los amigos participantes de Epstein radica no sólo en que su presencia física validaba al depredador, aun después de las denuncias en su contra en 2008, sino que enviaban el mensaje de que el estatus lo protegía de la inmoralidad.

Los amigos de Epstein tienen diversos grados de responsabilidad: los que actuaron directamente abusando de las menores son responsables penalmente y deben ser llevados a juicio; aquéllos que conocieron de sus actos ilícitos y le facilitaban infraestructura y negocios tienen una gran responsabilidad ética y moral; y todos aquéllos que, de forma indirecta, buscaban y entablaban relación con Epstein responderán por ser tolerantes ante el abuso, pues para la ética moderna la omisión y el silencio representan un pacto de impunidad, y no se puede ser neutro ante los hechos. Parece que existía lo que llaman un “pacto de caballeros”.

El papel de Maxwell fue el más importante: sin ella Epstein no habría logrado lo que alcanzó, pues al ser una mujer sofisticada de la alta sociedad británica, las víctimas jóvenes la veían como una figura materna o una mentora, lo que generaba una sensación de seguridad. Ella utilizaba su género para normalizar el abuso, desarmar las resistencias de las menores y asegurarles que era un juego y una forma de entrar a la alta sociedad.

Lo absurdo del caso es que, después de la condena de 20 años de prisión para la pareja y socia de Epstein, Maxwell se negó a declarar, acogiéndose a la Quinta Enmienda, y ahora quiere ser indultada para poder declarar “con honestidad”, y que puede explicar que Trump es inocente. Esta situación genera un dilema, pues si es indultada y declara exculpando a Trump de haber participado en el abuso de menores, su declaración puede ser tomada como un nuevo pacto de impunidad para liberar a Trump, pero podría señalar a todos los demás personajes que participaron en tales abusos y con ello puedan ser llevados a juicio. Por otro lado, si se le niega el indulto y se niega a declarar, la justicia se queda sin los nombres de los demás culpables de abuso. Es decir, es un dilema, pero seguramente la decisión se tomará con base en lo que le digan las encuestas a Trump.

Sin embargo, se ha visto poca participación por parte de las organizaciones de mujeres para que presionen a Maxwell para que declare todo lo que sabe, y proporcione los nombres de todos los participantes, y sea un ejemplo de cómo una mujer puede romper el “pacto de caballeros”.

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