FRENTE AL VÉRTIGO

Tres lecturas sobre el abatimiento de Oseguera Cervantes

Pedro Sánchez Rodríguez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Imagen: La Razón de México

El abatimiento de Nemesio Oseguera por fuerzas especiales del Ejército mexicano provocó todo tipo de lecturas. Presento tres.

Primera lectura: la de la fortaleza del Estado. El operativo realizado por el Ejército mexicano es el primer gran golpe por parte de los gobiernos de la 4T en contra del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el mayor golpe del gobierno mexicano en contra del crimen organizado, quizás desde la tercera detención de Joaquín Guzmán Loera, hace diez años.

Un éxito militar que resultó en la muerte del principal criminal y narcotraficante de México y, posiblemente del mundo, responsable de innumerables homicidios, extorsiones, desapariciones y demás delitos, incluido el atentado fallido en contra del actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y el asesinato del exgobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval en 2020.

Un hecho que mostró la superioridad militar del Estado sobre cualquier otro tipo de organización dentro del territorio nacional. Un evento que muestra el avance en la estrategia de seguridad de la Presidenta Sheinbaum que, ya no sólo echa mano de la Secretaría de Marina, la institución que tradicionalmente ha estado involucrada en este tipo de operativos, sino también de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y los acuerdos de cooperación de inteligencia con Estados Unidos, para hacer frente al crimen organizado.

Segunda lectura: la de la fortaleza del crimen organizado.

Al despliegue de fuerza que demostró el Estado mexicano con el abatimiento, le correspondió una reacción terriblemente violenta y preocupante. El país fue sorprendido por balaceras, bloqueos en carreteras y caminos y hechos vandálicos adjudicados a células del Cártel Jalisco Nueva Generación en, por lo menos, 21 estados del Norte, Centro y Sur del país.

Los hechos hicieron que se suspendieran operaciones en los aeropuertos de Guadalajara y de Puerto Vallarta en Jalisco, que se detuviera la actividad comercial en varios estados del país y que se suspendieran clases el lunes 23 de febrero. Decenas de sucursales del Banco del Bienestar fueron vandalizadas, junto con tiendas de abarrotes y otros comercios. Al país le tomó tres días recuperar su convulsa normalidad.

Este operativo criminal demostró la disciplina castrense de sus integrantes, no sólo por el amplio despliegue territorial que demostraron, sino en el hecho de que, a pesar de infligir terror, no atacaron de forma directa, hasta donde sabemos, a la población civil.

Tercera lectura: la de la fragilidad del equilibrio.

Estamos frente a una nueva paradoja. El mismo día que el Estado mostró su superioridad frente al líder de la principal organización criminal del país, la propia organización mostró su capacidad de terminar con la tranquilidad de un domingo familiar de más de la mitad de los estados del país. En el momento en el que el Estado se mostró más eficaz y letal, la sensación de seguridad se sintió más frágil.

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