MARCAJE PERSONAL

Argentina, 50 años del infierno y el exilio

Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Todavía recuerdo el 24 de marzo de 1976, porque no había asistido a la escuela. En la televisión estaba algún programa de variedades que fue interrumpido para anunciar que en Argentina había ocurrido un golpe de Estado.

Para nada era frecuente que se hicieran cortes informativos.

Supe que se trataba de algo grave, por la voz pastosa del general Rafael Videla que decía que “el país transita por una de las etapas más difíciles de la historia” y daba por cancelado “un ciclo histórico” y anunciaba que las fuerzas armadas reorganizarían a la nación.

Había caído el gobierno de María Estela Martínez, la viuda del general Juan Domingo Perón, muerto en 1974.

Iniciaba uno de los periodos más oscuros, la implantación del terrorismo de Estado, bajo un plan sistemático y deliberado que dejó un saldo de 30 mil personas desaparecidas, otros miles torturados en los 340 centros de detención clandestina.

El escritor Ernesto Sábato encabezó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y elaboró el informe “Nunca más”, un recorrido puntual por “los estratos más profundos del infierno”.

En aquellos años, el Gobierno de México le abrió la puerta a quienes buscaban refugio. A mi escuela, el Colegio Madrid, llegaron niños argentinos, como antes ocurrió con los chilenos, que venían de momentos difíciles, pero que contribuyeron a generar convicciones, aun desde el nivel de primaria, sobre la importancia de las libertades.

En Argentina y en Chile las habían perdido, pero en nuestro país íbamos ganándolas, aunque no lo supiéramos, no sin dificultades y en un largo proceso que arrancaría un año después, con la reforma política impulsada por José López Portillo y por Jesús Reyes Heroles.

Ésa es una enseñanza de los exilios, que tiene dos vías, las de los que llegan y las que provienen de los que ya estaban.

Desde esa perspectiva, no dejábamos de ser una peculiaridad, ya que nuestro sistema político se mantuvo, ahora lo sabemos, en un esquema de avance que impidió que ocurrieran situaciones similares a las del continente.

A medio siglo del golpe de Estado, conviene tener presente el alto costo que tuvo para Argentina la suspensión de la democracia y la implantación de un gobierno tan intolerante como represivo.

Hice amigos en esos días, cada uno de ellos y de ellas con inteligencias notables, cercanos y que sabían muchas cosas, buenos lectores y con una cultura enorme, porque eso se percibe desde la infancia.

Siempre pensé que fue un lujo conocerlos, pero también me quedó la inquietud del alto costo que tuvo, para ellos y sus familias, tener que trasladarse, obligados y con apremio, a otras tierras.

Ahora sé que ese sentimiento tenía que ver con mi propia historia, con la de los transterrados que estaban en casa, con esos soñadores en la vuelta algún día a España, porque también había perdido su patria, aunque ganaron otra.

Temas: