¡JUEGUE!

Quieren la foto

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Las y los políticos son capaces de cualquier cosa con tal de salir en la foto cuando se trata del futbol. Más cuando está a la vuelta de la esquina el Mundial, que por regla acapara la atención del mundo, independientemente de quienes califiquen.

Presumen que la foto los acerca a la gente, porque, particularmente, en países como el nuestro, al futbol se le guarda una singular devoción, con todo y que nos encontramos a media tabla cuando se trata de partidos en donde se juega el orgullo.

Pocas herencias ha tenido este gobierno que le satisfagan tanto como ser sede del Mundial. Lo que son las cosas, todo se lo deben al impresentable Peña Nieto y por supuesto a doña tele, a la que tanto se pasaron repudiando durante décadas.

De lo que se trata hoy es de salir en la foto, construir canchas de futbol en todo el país; hacer concursos de dominadas para ver quién se sienta en el palco el día de la inauguración; arreglar las calles y buscar la manera de que lo “feo” de nuestras ciudades pase a segundo plano para que nuestros visitantes de preferencia no lo vean.

Las cosas han llegado a tal grado, que le piden a la sociedad, léase escuelas, empresas y gobiernos, que recurran al trabajo en casa para que no haya el más mínimo tránsito y la gente pueda llegar a los estadios sin que exista algo que perturbe su viaje.

Lo que es muy claro es que asistir a los estadios es económicamente prohibitivo. No hay manera de pagar los costos de los boletos, y es evidente que solamente podrán ir los que tienen para ello, los invitados de las empresas patrocinadoras, y los de los palcos.

Hay que cuidar a los que vienen, y para eso los gobiernos no escatiman esfuerzos. Se trata de quedar bien y de presentar una imagen del país que pueda romper con los muchos atavismos que tenemos y que generan preocupación a los visitantes. La inseguridad es uno de los elementos que más inquieta. Se le quiere dar un giro no sólo en lo que corresponde a imagen, sino con las muchas cifras que se sueltan sobre la reducción de delitos en el país.

El gobierno capitalino propone que nos metamos a nuestras casas y que olvidemos todos nuestros problemas, a pesar de la inquietud de lo que pasa en la cotidianidad de muchos hogares. Se trata de que nos encerremos en nuestras casas para ver el futbol que dura máximo dos horas, pero que va aderezado por horas y horas de publicidad, y la gran cantidad de programas diseñados exprofeso a través de doña tele, se tenga o no la señal del evento.

Para el aparato de los medios, y desde hace tiempo, las redes es la oportunidad del gran negocio. Es el momento de lanzar todo tipo de promociones comerciales para que a lo largo de horas y horas sean transmitidas, incluso durante los partidos, aunque en este renglón, al ser una señal internacional, presumimos que tendrán que atemperar sus ansias y ambiciones.

Los gobiernos colocarán pantallas gigantes por todos lados. Las y los políticos estarán atentos a buscar el mejor momento de la foto. Acompañados de los suyos y de sus equipos, será difícil que su sistemática referencia al “pueblo” termine estando cerca de ellas y ellos.

Le están pidiendo a la gente que trabaje en casa y que los estudiantes no vayan a la escuela, no tanto para que vean el futbol sino para perturbar lo menos posible el tránsito.

La fiesta del futbol intentará ser tomada por las y los políticos. Se sacarán la foto y los veremos festejando los goles del Tri, que ojalá lleguen sin pasar por alto los dolores y pasiones que a millones de personas nos provoca la selección.

Las y los políticos están en el Mundial para su imagen. Los aficionados desde siempre saben qué hacer gobierne quien gobierne. Las y los políticos se pondrán la playera, harán saber su fe por la selección y dirán que lo que hicieron fue buscar la manera de que el pueblo goce el Mundial, de preferencia en su casa para que no se vea el lado feo de nuestras ciudades; hagan lo que hagan, ojalá podamos, todas y todos, vernos en el Ángel, en la Macroplaza y en La Minerva.

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