ENFOQUE MANUAL

Entrar para no salir 

Laura Garza*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

El 15 de abril nos enteramos de la desaparición de Edith Guadalupe, gracias al bloqueo de familiares y amigos de Av Revolución que fue cubierto por algunos medios y que no esperaban, supongo, todo lo que estaba frente a ese enojo y desesperación de quienes veían con desdén el tráfico ocasionado.

Era lo de menos.

Edith estaba a unos metros de allí mismo, pero ya sin vida.

Nueve días y no hay día que no le dé vueltas al caso, a las imágenes de ella subiéndose a una moto, y después ingresar al edificio con número 820 desde una cámara lateral.

Estamos rodeados de cámaras y solo hay dos que dieron la información exacta para confirmar lo que decía la mamá de Edith: “Mi hija está allí adentro”.

Una avenida sumamente transitada, y edificios de departamentos que uno observa con tiempo cuando toca el tráfico y semáforo tras semáforo avanzas poco.

¿Quién pensaría que alguien pudiera entrar a uno de ellos y no salir?

Mire la foto del fotoperiodista Rogelio Morales de la agencia Cuartoscuro, edificios con 20 departamentos o más. ¿Qué pasa allí dentro? Los gritos son insuficientes si alguien pide ayuda, el olor a muerte tampoco porque se mezcla con los olores capitalinos que nadie distingue nada.

Entrar para no salir │ Laura Garza │ ENFOQUE MANUAL ı Foto: Cuartoscuro

Las fachadas cumplen su función de ser solo una portada pero no decir qué hay en realidad detrás de ella.

Edith timbró ¿en el blanco o negro? Quedó su mano al abrir la puerta de la entrada, su mirada hacia el interior para buscar el elevador y seguramente, revisar su celular para reafirmar el número de departamento, el nombre de la persona con quién se vería.

En un momento, su instinto le hizo enviar la ubicación a su familiar, y entró para nunca más salir.

Un edificio que no nos dice nada, uno que también podríamos ni mirar. Una hija al interior y su madre gritándole desde afuera.

El piso 1 y 4 son los que menos parecen habitados, no hay nada en los balcones, nada a la vista de cotidianidades.

El estacionamiento que no vemos, y donde fue arrastrada para ser olvidada en una bolsa de basura y encima arena.

¿Quién carajos hace eso?

Ella entró, linda, bien vestida, con un temor que le advirtió compartir su ubicación, pero que creyó que lo correcto era continuar y tener un mejor trabajo.

La historia de Edith como la de tantas, acongoja el cuerpo entero, el andar en las calles, el ir a cualquiera cita de trabajo o incluso personal.

¿El edificio importa? Si entro ¿saldré?

Carajo. Nadie debería ir sumando más temores para salir a la calle e ir a la vida.

Edith estaba allí y siempre estará para todos los que pasemos y miremos este edificio en Av Revolución 829.

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