En una ocurrencia más de Donald Trump propuso una catafixia: que Italia sustituyera a Irán en la Copa del Mundo de futbol.
Con razón los italianos fueron los primeros que protestaron. Para ellos, el futbol es un asunto de diversión, pasión, fiesta, drama, pero por encima de todo es algo de honor. No pueden entrar por la puerta de atrás a un torneo en el cual han sido de nuevo eliminados.
Italia está tocando fondo futbolero. Van tres mundiales a los que no califica y no se pueden permitir que por invitación entren al torneo de futbol más importante del mundo por la puerta de atrás.
Algo ha pasado en los últimos años que, si bien en algunos casos han tenido participaciones importantes a nivel de clubes, la afamada azzurri ha ido de tumbo en tumbo. Han tenido una que otra Copa Europea de Naciones rescatable, pero su selección ha ido perdiendo fuerza y sobre todo algo profundamente doloroso para el futbol italiano, ha dejado de ser respetada como un rival de peso y respeto.
Ha sido derrotada en partidos que en otro tiempo difícilmente perdían. Están viviendo de un maravilloso pasado, pero han perdido lo que a lo largo de la historia era fundamental en el futbol italiano, saber qué hacer en la cancha; ganar los partidos importantes; jugar con estilo propio, el famoso “cerrojo”, y sobre todo nunca darse por vencidos; están en una crisis de la cual no se ve cómo puedan salir.
En el proceso de desesperación le andan echando el ojo a Pep Guardiola. Para el catalán sin duda ha de ser una tentación, pero tendrá que buscar entre las piedras a jugadores que puedan instrumentar su sistema, porque en Italia sólo el 30% de los jugadores que juegan en la liga son italianos.
Les ganó el negocio y olvidaron sus esencias. Los jugadores italianos más destacados juegan en el extranjero, y cuando sus equipos se vuelven competitivos dependen enormemente de los jugadores contratados de otras partes del mundo.
Se van a reponer porque para Italia el futbol es un asunto serio, de cultura y de vida. Seguramente asistirán a la siguiente Copa del Mundo y seguramente se volverán competitivos, pero la transición que están viviendo está evidenciando el desaseo que ha habido en el futbol italiano a lo largo de décadas.
Es evidente que los italianos no se pueden permitir entrar por la puerta de atrás a un Mundial. Nadie en Italia está a favor de que esto suceda. Son los aficionados quienes reclaman a su selección, pero son también los viejos y nuevos jugadores los que no permitirán por ningún motivo que la ocurrencia de Trump se pueda llevar a cabo.
La muy mediática primera ministra italiana, que cada vez está más lejos de Trump, también hizo saber que no puede Italia ir al Mundial bajo estas condiciones.
En el fondo lo que hay de por medio es el enésimo plan con maña de Donald Trump. Está buscando a toda costa que Irán esté fuera del Mundial en medio de una guerra que se ha inventado con Israel en contra del país árabe.
Irán quiere ir al Mundial. Por ello, su gobierno, en medio de la guerra, ha pedido jugar en México, en donde seguramente serían muy bien acogidos. Pero se sabe que a la FIFA no se le puede cambiar el guion en ningún sentido de lo que originalmente está planteado.
No le quedó de otra a su presidente que decirle que no a Trump, quien debería agradecer y conformarse con el singular e inventado premio de paz que le otorgó la FIFA.
El asunto no va a cambiar con toda razón. Irán tendrá que ser protegido en territorio estadounidense para poder jugar para sus aficionados, que bajo la situación en la que están, el futbol se convertirá en una esperanza, alegría y en un momento de pausa.
Italia tiene que hacer sus deberes. Para un futbol de tanta trascendencia como el que tiene, no se puede permitir más fracasos. Pep Guardiola puede ser una solución, pero el problema está en la organización que han llevado a cabo con tal de poner al negocio por delante.
En esto no caben catafixias.