Podrá atemperar la relación con EU la Presidenta, pero difícilmente va a tomar un derrotero distinto, en los términos que está asumiendo.
En la mañanera de ayer trató de establecer que la relación con EU se funda en la cooperación. Sin embargo, está claro que más que definirla buscó encontrar una narrativa que causara menos estragos en la relación bilateral.
En la tarde, de plano, les mandó a los legisladores de su partido un mensaje con alta dosis de sarcasmo: les dijo que no cambien sus posiciones por temor a que les quiten la visa.
Retirar este documento tiene un alto riesgo, porque en el fondo se identifica que la persona a la que se le revoque la visa puede estar relacionada con la delincuencia organizada. A pesar de que el Gobierno ha minimizado la revocación de visa a gobernadores, presidentes municipales, legisladores y funcionarios, es evidente que son asuntos de alto riesgo.
Lo que sorprende ante la revocación de visas es que no se ha desarrollado una investigación a profundidad del porqué se toma tal decisión. Pareciera que con lo que los afectados digan como que no saben por qué les quitaron la visa, digan que no tienen nada que ocultar y tienen la frente en alto, es suficiente.
No es así. Detrás de la revocación de las visas existe un proceso de investigación en que se ha revisado por parte de EU la pertinencia de no dejar entrar a personas de las cuales tienen información delicada o de riesgo.
No se trata de darle la razón a EU o bajar la guardia por principio. Lo que hay en el fondo es que seguimos sin mirarnos desde dentro, porque pareciera que todo lo que tiene que ver con el narcotráfico y su relación con la política es como si fuera de otro país y no del nuestro.
Sigue siendo una tarea fundamental investigar la relación que guardan los políticos señalados con el narcotráfico. Si efectivamente no tiene nada que ver defenderlos en el terreno de la ley investigando, y no a través de arengas con un público entregado que le dirá sí a la Presidenta a todo lo que plantee, y más en un acto masivo y de euforia como el del domingo pasado.
Las cosas no han variado. Seguimos en espera de las pruebas en contra de los 10 de Sinaloa, a la vez que ayer se presentó por primera vez ante la justicia estadounidense Gerardo Mérida, quien fuera secretario de Seguridad de Rocha Moya.
En una breve presentación de 15 minutos, a decir de la jueza hay evidencias abrumadoras en contra de Mérida, lo cual vuelve a colocar el tema de la solicitud de detención con fines de extradición, para quienes fueron sólo entrevistados por la FGR.
La situación sigue siendo profundamente complicada, porque con el discurso de la Presidenta quedó en claro que lo que por ahora más le importa es la defensa de los suyos. Como le decíamos ayer, su referencia de primero vienen por unos, luego por otros, deja las cosas en un terreno de confrontación, a partir del supuesto de que la defensa de los suyos se funda en su inocencia.
Todo está resultando inédito y no sabemos cuándo podría surgir una nueva lista de nombres que, eventualmente, fueran señalados de lo mismo que lo han hecho con los funcionarios y el gobernador con licencia. En función de los escenarios y de los dichos por parte de altos funcionarios de las autoridades de EU muy probablemente se darán a conocer nuevos nombres de funcionarios mexicanos, los cuales podrían ser acusados, lo que llevaría de nuevo a confrontaciones que ahora nos puedan llevar a los límites en la relación con nuestro socio natural.
La Presidenta desde el domingo estableció nuevas formas respecto a la relación de nuestro país, en la actual coyuntura, con EU. Se intentará atemperar, pero Claudia Sheinbaum ya dejó en claro por dónde lleva las cosas.
RESQUICIOS.
La CNTE se está moviendo al extremo. Buscan meterse al Zócalo, porque saben que adentro ya no va a haber manera de sacarlos. Es el resultado de promesas de campaña para ganar votos que luego no hay manera de cumplir.
Pintar no es conservar
