La relación con EU camina bajo presiones en las fronteras y vía los elementos comerciales que la componen. Sin embargo, en cuanto a los gobiernos, la situación está trabada.
Por si fueran pocas las complicaciones, López Obrador se encargó de intensificarlas. Envió una carta a Donald Trump cargada de adjetivos y de una mirada singular sobre la relación que tuvo con su homólogo.
Si algo hizo López Obrador en lo general fue ceder ante las presiones de Trump. Cerramos las fronteras y le ayudamos a que el muro fuera todavía más fuerte. México envió soldados para evitar que pasaran los migrantes, además, en la frontera sur se cerró el paso con los migrantes en territorio nacional.

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En el sur del país las zonas fronterizas siguen siendo un problema humanitario. Decimos sigue porque lleva mucho tiempo bajo esta dinámica y poco o nada se ha hecho para su transformación. No hay día en que no aparezcan nuevos contingentes que estén buscando salir de Tapachula para llegar al menos al centro del país.
Lo que provocó la política de Trump, que se ha agudizado, pero no es nueva, fue que México se convirtiera en un país no sólo de expulsión de migrantes, sino también de destino.
López Obrador tiene que recordar que tuvo que ver en ello. Cuando visitó a Trump, le hizo un sinfín de reconocimientos olvidando el belicismo con el que lo trató como candidato.
Lo que hizo el expresidente fue tratar de evitar todo tipo de problemas. Se fue dando cuenta lo que estaba de por medio, sobre todo, las cuestiones comerciales, que, si bien en un primer momento no les dio importancia, se fue dando cuenta de su relevancia.
La carta de López Obrador agudiza los problemas y por más que la Presidenta lo agradezca termina por quitarle espacios, en momentos en que estamos bajo una situación que puede colocarnos entre el espada y la pared, sin dejar de reconocer nuestras propias fuerzas y virtudes.
Lo que publicó LA Times sobre la presunción de que estarían investigando a Alfonso Durazo gobernador de Sonora, y a Américo Villarreal gobernador de Tamaulipas, ambos de Morena, perfila otra confrontación. Es cierto que la versión es periodística y no adquiere ningún valor de carácter legal, aunque ya se vio que sea legal o no la posición de la Presidenta mexicana es la de defender a los suyos.
Se puede especular lo que se quiera, pero por ahora no hay elementos para considerar que los gobernadores estuvieran relacionados con la delincuencia organizada. Lo que sí es claro, es que en versiones periodísticas, las cuales se han convertido en un referente, muestran cómo ambos de alguna manera tenían que ver con la delincuencia organizada.
Por más que Durazo sude agua bendita, es un hecho que su paso por todos los partidos y todos los gobiernos, lo colocó en una coyuntura de conocimiento de las entrañas del ejercicio del poder. Sigue siendo un enigma la manera tan desaseada y peligrosa como trataron de detener a Ovidio Guzmán para que al final tuvieran que liberarlo.
Con Américo Villarreal se cruza un asunto muy delicado, el huachicol fiscal. El gobernador tiene también enfrente el tema Sinaloa, fue jefe de campaña de Rubén Rocha Moya.
Es cierto que estamos ante versiones periodísticas que no pasan de ser filtraciones. La cuestión es que se suman a todo un conjunto de informaciones que desde EU se han dado a conocer respecto a políticos mexicanos presuntamente relacionados con el narco.
La Presidenta ha optado por defenderlos en un acto en donde muy probablemente pueda tener más información de la que conocemos, la cual le puede ser adversa no sólo los afectados sino a la 4T.
RESQUICIOS.
La CNTE ya les tomó la medida. En un acto casi desesperado el titular de la SEP les dijo que se pueden sentar con ellos cuando quieran y como quieran. Esto no da la solución del conflicto, porque en el fondo están las promesas que se hicieron para ganar votos y que no pueden cumplir; habrá arreglo e indica que será a billetazos.

¿Electos para informar o para gobernar?

